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¿Acaso la cúpula del Frente está consciente de que la mayoría no opina por darle un nuevo mandato, ya que se muestra tan ocupada en una descarnada e inmoral campaña publicitaria para denigrar a sus adversarios? El asunto de fondo es cambiar a los miembros del Consejo Supremo Electoral (CSE) porque sus miembros no garantizan un proceso electoral medianamente aceptable, no inspiran confianza en que los votos de todos van a valer, van a ser contados y registrados en la casilla correspondiente. A todos convendría un CSE fuerte, eficiente y transparente. ¿Por qué el Frente se opone entonces? Tampoco quieren observación electoral independiente. ¿Cuál es el problema? Y para remate, quieren descalificar a sus principales adversarios para que no participen en las próximas votaciones nacionales. Algo saben.

Es terrible el desborde de ofensas y atropellos a la dignidad de las personas en la violenta campaña de infamación de sus adversarios políticos que desarrolla el Frente en radioemisoras, televisoras, espacios en la Internet y en megarótulos de carretera, y llama la atención el desborde de ácidos, bilis e inquina. ¿Qué les molesta tanto? Se ponen en evidencia. Dan qué pensar. Algo les pasa, algo grave.

No tienen límites, están desbordados, no hay ética que los frene, no existen los principios, la idea es desbaratar por cualquier medio a quien se les ponga enfrente. ¿Ya vieron el montaje que hicieron con la figura mitológica del Cerbero, el perro de tres cabezas que cuida la entrada del infierno? Sustituyeron las testas perrunas por los rostros de Enrique Bolaños, Arnoldo Alemán y Violeta Barrios viuda de Chamorro.

Me voy a detener en la manipulación y en la ofensa a la dignidad humana de esta abuela que fue Presidenta y que convirtió sus evidentes limitaciones en fortalezas que le permitieron sortear situaciones harto complicadas, y tuvo éxito, pues culminó esa etapa de la historia reciente en que se consolidó la paz en Nicaragua, en circunstancias en que era peligroso hasta encender un palo de fósforos.

Pues a esa anciana ex Presidenta de Nicaragua a quien el pueblo nicaragüense tiene en muy alta estima, como se marca rotundamente en encuestas de Cid Gallup, M & R Consultores y Cinase, por ejemplo, ellos la maltratan como si fuera algo menos que un pedazo de papel higiénico usado. No tienen ni la menor idea del respeto, de la consideración, de las normas mínimas de convivencia humana. Son “Jinetes del Apocalipsis” arrasando con todo. Pero se degradan y empequeñecen a sí mismos.

Es una farsa el quehacer de la clase política de nuestro país. Montan su obra de teatro, no para educar o distraer sanamente al pueblo, sino para ocultar sus maldades y perversiones. Cada quien asume su rol, casi como actores profesionales, y representan de palabra el personaje que les han asignado. Hablan con propiedad, muy seriamente, como si lo que nos estuvieran diciendo fuera verdad. Y esto es así, de tan deshonrada que está la política en Nicaragua.

El Frente no había tenido mayores problemas ante una oposición de mentira, dividida, vulnerable, susceptible a los halagos y presiones, para obtener los votos requeridos y aprobar cuanto quisiera en la Asamblea Nacional, excepto para la reelección, entonces surgió como por arte de magia el artificial y amañado fallo judicial de los leales y honorabilísimos magistrados de la Corte Suprema de Justicia, quienes en un abrir y cerrar de ojos derribaron los obstáculos de la Constitución Política de la República y habilitaron al Presidente de la República, Comandante de la Revolución Daniel Ortega Saavedra, para que pudiera postularse de nuevo como candidato y con ello le abrieron de par en par la posibilidad de su tan ansiada reelección.

Luego los poco serios diputados dizque demócratas agarraron valor y se unieron para hacer un frente común en la elección de los funcionarios de diferentes instancias estatales a quienes se les vencieron sus períodos, pero a la velocidad de un rayo el Ejecutivo prorrogó a decretazo limpio la estadía en sus cargos de esos dignos servidores del pueblo. No obstante, persistió el bloque de diputados pretendiendo insolentemente cambiar a los magistrados del Consejo Supremo Electoral (CSE).

La reacción del partido de gobierno fue reactivar dos casos judiciales contra Arnoldo Alemán que estaban durmiendo el sueño de los justos y volver a poner la espada de los cenis contra Eduardo Montealegre. Los desempolvaron para poner nuevamente la pistola en la gorda cabeza del preciado rehén, como lo hicieron tantas veces con éxito en el pasado reciente. “No, nada que ver con el CSE, esto es un asunto meramente jurídico, nada político”, dijeron, seriecitos, los operadores políticos de la segunda etapa de la Revolución, creyendo que engañan a la gente. Borrachos de poder, no se dan cuenta que es demasiado obvio.

Los valientes diputados defensores de la democracia responden, por su parte, reviviendo un proyecto de amnistía también archivado, y la respuesta del partido de gobierno ha sido verdaderamente desbordada: una terrible campaña de desacreditación pública de sus principales adversarios políticos en la que las palabras más suaves son “ladrones” y “corruptos”, con sus respectivas fotografías, para que los mire todo el mundo.

Nuevamente, los muy cristianos, socialistas y solidarios dicen que esto no es político, que 18 mil millones de córdobas robaron sus adversarios, quienes no deben escudarse en una ley de perdón y olvido, sino pagar por ello. Y lo dicen tan serios que parece mentira, como si no se dieran cuenta que mientras hacen esas impúdicas afirmaciones, les estalla en pleno rostro la enigmática y clandestina compra del Canal 8. Hablan de transparencia y no han podido ni urdir algo medianamente creíble sobre este turbio negocio multimillonario. El pueblo sí tiene autoridad moral para decir no a la amnistía.

Además, salen del pasado como sombras acusadoras las dos amnistías que se recetaron en 1990 y en 1993, por robos y asaltos e incluso asesinatos. ¿Y la piñata? Tantos millones de dólares saqueados al erario y que seguimos pagando todo el pueblo con cada abono que hace el Ejecutivo a la gigantesca deuda pública, uno de cuyos principales componentes son los bonos de indemnización por propiedades confiscadas que actualmente disfrutan los de la cúpula que con cinismo inaudito se autollama honesta, transparente y vigilante de los bienes públicos.

El asunto de fondo es la concepción de vanguardia que prevalece en la cúpula del partido de gobierno, que los hace creerse por encima de todo y de todos, y que los demás deben subordinarse. No hay respeto por la diversidad, no les gusta la crítica. Quisieran que todos tuviéramos el mismos discurso y que nadie cuestione nada. Y la farsa continúa.


*Editor de la Revista Medios y Mensajes
gocd56@hotmail.com