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La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN); es una organización internacional política y militar que fue creada como resultado de las negociaciones entre los signatarios del Tratado de Bruselas (Bélgica, Francia, Luxemburgo, Países Bajos y Reino Unido), Canadá y Estados Unidos, como también cinco países de Europa Occidental invitados a participar (Dinamarca, Islandia, Italia, Noruega y Portugal), con el objetivo de organizar Europa ante la supuesta amenaza de la Unión Soviética después de la Segunda Guerra Mundial.

Como consecuencia de las negociaciones crearon una alianza militar que tuviese una base en el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, y tuvieron como resultado la firma del Tratado de Washington, el 4 de abril de 1949, por la que se establecían las bases de la creación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

El Tratado de Amistad, Colaboración y Asistencia Mutua, llamado asiduamente Pacto de Varsovia, fue un acuerdo de cooperación militar firmado en 1955 por los países del Bloque del Este. Diseñado bajo liderazgo soviético, su objetivo era contrarrestar la amenaza que suponía el establecimiento, en 1949, de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y el rearme de la República Federal Alemana, a la que los acuerdos de París permitían reorganizar sus fuerzas armadas. Aunque los países de la OTAN y los del Pacto de Varsovia no se enfrentaron en ningún conflicto armado, mantuvieron activa la Guerra Fría por más de 35 años.

La disolución oficial Pacto de Varsovia, aceptada por la Unión Soviética, se formalizó en la reunión en Praga el 1 de julio de 1991. Sin embargo, lejos de desvanecerse, la OTAN se está reforzando y se apunta a convertirse en una Alianza ofensiva con pretensiones de gendarme universal que aplica sus principios selectivamente y de acuerdo a sus intereses hegemónicos. Ya que no hay ningún estado en condiciones de amenazarla, la pregunta sería ¿contra quién se arma? La respuesta sería, para enfrentar los desafíos vitales al poder del mañana.

La OTAN está preparando un nuevo Concepto Estratégico que considera objetivos no militares propios de las funciones gubernamentales como: el cambio climático, la seguridad energética, el desplazamiento de poblaciones, la escasez de agua, la disminución de producción alimentaria, las tormentas e inundaciones catastróficas, el aumento de los niveles del mar, las sequías, las emisiones de dióxido de carbono (CO2), la eficiencia de combustibles, la administración de los riesgos para inversiones en el extranjero.

Esta nueva orientación a nivel mundial de la OTAN se entiende observando su relación íntima con las corporaciones transnacionales. La alta burguesía mundial sabe que en el horizonte están la crisis estructural y el fin inevitable del capitalismo, de esta forma ya no hay dudas de que la fuerza de la OTAN se integra a su programa para mantener el poder y control de los recursos.

En consecuencia, la OTAN sería el instrumento militar para ordenar el pos-capitalismo según les convenga a los dueños de las corporaciones globales. La humanidad siempre ha luchado por obtener recursos y tierras para sobrevivir. Pero ahora se ven esas presiones a mayor escala. Dicha decisión expresa de forma más explícita las políticas posteriores a la guerra fría: remodelar la OTAN para volverla una fuerza de intervención global encabezada por Estados Unidos, siendo el control de los recursos energéticos la preocupación principal.

Desde los primeros días posteriores a la guerra fría, se entendía que Europa occidental podría optar por un curso independiente, quizá con una visión gaullista de Europa, del Atlántico a los Urales. La expansión actual de la alianza, y los ambiciosos objetivos de la nueva organización, dan nuevo empuje a esos fines.

En concordancia, desarrollaron planes para que Estados Unidos ejerciera control sobre una porción sustancial del planeta. Esta “gran área”, habría de comprender el hemisferio occidental, el antiguo imperio británico, el Lejano Oriente y los recursos energéticos de Asia occidental. En esta gran área, Estados Unidos habría de mantener un “poder incuestionable”, una “supremacía militar y económica”, y actuaría para garantizar “los límites de cualquier ejercicio de soberanía” por parte de estados que pudieran interferir con sus designios globales.

En un inicio los planificadores pensaron que Alemania predominaría en Europa, pero conforme la URSS comenzó a demoler la Wehrmacht la visión se hizo más y más expansiva, y buscaron que la gran área incorporara la mayor extensión de Eurasia que fuera posible, por lo menos Europa occidental, el corazón económico de Eurasia.

Desarrollaron planes detallados y racionales para la organización global, y a cada región le asignaron lo que llamaron su “función”. Al Sur en general se le asignó un papel de servicio: proporcionar recursos, mano de obra barata, mercados, oportunidades de inversión y más tarde otros servicios, tales como recibir la exportación de desperdicios y contaminación.

Se reconoció que las reservas de petróleo de Medio Oriente eran una “estupenda fuente de poder estratégico” y uno de los “premios materiales más grandes en la historia del mundo”: la más “importante de las áreas estratégicas del mundo”, según palabras de Eisenhower. Los planificadores se daban cuenta de que el control del crudo de Medio Oriente proporcionaría a Estados Unidos el “control sustancial del mundo”.

La OTAN dio sus primeros pasos en los Balcanes, cuando estallaron las guerras de Yugoslavia en el decenio de 1990. Los conflictos actuales muestran con más claridad que nunca una solución militar es ni la única ni la mejor opción, particularmente durante la estabilización de una crisis (una verdad de la que el Presidente Barack Obama parece también estar convencido).

Las actividades de gestión de crisis y desarrollo de paz de la OTAN no se limitan a su vecindario inmediato. Desde Kabul (Capital de Afganistán) hasta Pristina (Capital de Kosovo), desde Ramala (Ciudad palestina situada en Cisjordania) hasta Kinshasa (Capital de la República Democrática del Congo), la OTAN se ha convertido (bajo la dirección de los Estados Unidos), en centinela del post-capitalismo.


*Diplomático, jurista y politólogo.