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Nunca pensé que tendría una “graduación” de anciano, como la de esta noche. Tampoco pensé llegar a esta edad, aunque siempre me interesó aprender a vivir, por el íntimo deseo de no ir pronto al más allá, sino más allá de las estadísticas.

Todo comenzó para mí el miércoles 11 de febrero de 1930, sin contar –como lo hace todo el mundo—, los importantes primeros nueve meses. Y este aprendizaje, pese a ser materia tan común, tiene “maestros”; sus lecciones son sencillas, pura cotidianidad, aunque, a veces, es mejor aprender a no aprenderlas.

En general, son buenas lecciones. Por ejemplo, no hacer esfuerzos por parecer más joven, sino esforzarse por no apresurar la vejez. No gruñir por todo y ante todos, porque no es la mejor forma de ser respetable ni de hacerse respetar. No parecer huésped de hotel en su propia casa, ni reproducir hábitos de los ancestros, quienes, para dormir, hasta pedían que les “hicieran el petate”.

Una buena lección fue de mi madre, santa Ana Paula, quien, en verdad, no necesitó ser santa para hacer el milagro de multiplicar las tortillas. Ella decía que “hambre con esperanza no es hambre”. Y eso lo asocié a la lucha social, porque quien tiene hambre de justicia y lucha por saciarla, deja de ser un hambriento y se vuelve un ser con esperanzas de liberación.

En este largo curso, se llega a saber cuánto ayuda hacer día a día pequeñas cosas, sin tener que olvidarse de las cosas grandes. Igual se aprende, que si una persona no es capaz de cambiar sus mezquindades, no alcanzará la generosidad de luchar por los cambios sociales.

Síntoma de mala vejez, es pensar que ser viejo da privilegios sobre los jóvenes, o una licencia para imponer su voluntad. Y, pensar lo contrario, es jubilarse junto a sus derechos.

Se aprende a respetar a quienes, al entrar al club de los años sin cuenta –no a los cincuenta años, sino a los años que ya no se quieren contar—, se vuelven hombres de fe en los dogmas. Igual se aprende a respetar a quienes practican otras acepciones de la fe, pero sin dogmas: convicción, afirmación, seguridad, rectitud, honradez, fidelidad y lealtad.

Ya estarán pensando que sólo hablo de cómo “graduarse” de viejo, y no del motivo por el cual estamos aquí, la presentación del libro “Volver con el Frente marchito. Perfil del orteguismo”. O sea, el retorno al poder del Frente Sandinista sin su brillo original. Es que creí necesario cumplir el deber de exponer algunos antecedentes vitales, porque ningún libro viene del vacío y no puede quedarse donde nunca estuvo.

Este libro es una selección de artículos con unidad temática y de coherencia en su crítica al gobierno autopresentado como la segunda fase de la revolución, publicados en EL NUEVO DIARIO, entre mayo de 2005 y enero de 2010.

Lo del nombre del libro, ya lo habrán imaginado: es una paráfrasis de la letra del tango “Volver”, de Carlos Gardel. “Volver con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien”, dice el tango. El “tango” mío es presentar el retorno al poder de un partido con su imagen revolucionaria marchita. Gardel alegoriza la vejez en sus canas plateadas por las nieves del tiempo, yo me figuro a Daniel con las manos plateadas por su largo tiempo en el poder.

Los 126 artículos que contiene el libro, reflejan, desde luego, un criterio personal influido por principios, criterios y valores de una práctica social que me ha tocado presenciar y, algunas veces, vivirla, durante 66 años.

La práctica social no es lineal, se le ven muchos hechos torcidos. Uno de ellos me tocó comentarlo el del 9 de enero de 2007, día antes de la toma de posesión de Daniel Ortega. Él había hecho una declaración con uno de los recursos que menos inteligencia exigen: la demagogia. Prometió hacer algo que nunca ha pensado hacer y, por lo tanto, no sólo no ha cumplido, sino que terminó haciendo lo contrario.

Su opinión fue de respeto por la división de los poderes del Estado. Cito: “…la ofreció después de la misa del lunes 25 de diciembre en la capilla privada de la Universidad del Cardenal Obando. Refiriéndose al rechazo del veto presidencial de Bolaños (…) Daniel dijo: Éstos son mecanismos que tienen que ver con el procedimiento de las instituciones del Estado, como el Poder Ejecutivo; vamos a entrar a una nueva fase el próximo año y esperamos que logremos trabajar con una gran armonía”.

“Bien entendido lo dicho por Daniel, significa que está exponiendo la idea de atenerse a los principios clásicos de la división de poderes. ¿Podrá Daniel aplicar en su presidencia los tan proclamados como bien burlados principios? Para no darle más rodeos al asunto, me respondo que no. Tendría que convencerme primero de que los milagros existen y de que los diputados pactistas (…) les dieron las espaldas a las consignas de sus jefes y se rebelaron en contra de sus lineamientos políticos, de la noche al día.

“La obsecuencia de los diputados ante sus caudillos es de larga data (…) como para venir a creer ahora, así nomás, que los diputados amanecieron el sábado 23 de diciembre (…) pensando todo lo contrario de lo que pensaban al acostarse el día viernes 22. Esa metamorfosis tampoco se verá en la Asamblea Nacional después del 10 de enero, porque no hay diferencias de ninguna clase entre los diputados que saldrán y los que entrarán…”

“¿A quién pretende engañar Daniel Ortega con su repentino amor “montesqueiusano” por la división de poderes? Aun concediéndole el beneficio de la duda, no sucederá nada respetuoso por tal división, porque éste no es sólo problema personal de Daniel ni nadie más, ni sólo un problema ideológico (…) sino un problema histórico estructural. Para corregirlo, habría que hacer cambios profundos en la mente, la conciencia y la práctica de cada uno y de todos los políticos actuantes y dominantes de nuestro país, y para eso, no se necesita de un golpe milagroso (…), sino de un proceso de cambios estructurales de los partidos y de Nicaragua como nación, en lo cual ninguno de estos políticos quiere pensar.

“¿En qué piensa Daniel, entonces, cuando habla de que habrá “armonía” entre los poderes cuando él comience a gobernar? Si hemos de seguir pensando con los pies sobre la tierra, las palabras de Daniel sólo pueden ser interpretadas como la armonía sumisa que siempre hubo en los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, el Consejo Supremo Electoral y los diputados de la Asamblea Nacional ante su liderazgo y el de Alemán, la seguirá habiendo cuando tome posesión de la presidencia y mientras sigan en alianza. La armonía será total entre los cuatro poderes bajo el mando del Ejecutivo…”

Mis opiniones están siendo confirmadas. No fue una adivinanza; fue la simple observación acerca de la tendencia absolutista que Daniel comenzó a demostrar desde hace varios años con falta de lealtad hacia sus compañeros de partido, hasta convertirse en el amo y señor del Frente. Si para ello, nunca respetó las leyes partidarias que estorbaban a sus planes, ¿por qué iba a respetar desde el poder las leyes del país?
Daniel, nunca ha hecho gala de sutiliza para no parecer autoritario y predecible. Por eso, ayudar a describirlo, tal vez no sea un gran mérito. Como sea visto, doy gracias a mis amigos por sus palabras de aprecio a mi trabajo. No tengo más remedio que sentir la extraña sensación de gustarlas y padecerlas al mismo tiempo.

Sin la iniciativa de Irving Larios, Adolfo Acevedo, la complicidad de Erick Aguirre, Julio Francisco Báez, Henry Ruiz, Gilda Martínez, Danilo Aguirre, a través suyo, la de EL NUEVO DIARIO, y Luis Rocha, la edición de este libro no hubiera sido posible.

Agradezco las palabras de estima hacia mí, expresadas por el doctor Sergio Ramírez Mercado, las cuales tienen el valor que emana de su apreciable personalidad, y el valor agregado que les imprime su condición de gran escritor.

Para hacer la presentación visual de este libro, hubo un “cooperador necesario”, Pedro X. Molina. Los protagonistas de sus caricaturas, no le aplicarían esta frase legalista de “cooperador necesario” en el sentido figurado que lo hago yo, sino con la intención represiva por el delito de retratarles bien el alma, y desfigurarles el cuerpo.

Gracias a la Universidad Centroamericana, por su hospitalidad; al Centro de Estudios para el Desarrollo Sostenible en Centroamérica; al Instituto de Cultura Hispánica; al Centro Nicaragüense de Escritores y a EL NUEVO DIARIO por haberles convocado a la presentación de este libro.

Sepan que no quiero ni imaginar que este homenaje pudiera convertirse en una pronta “despedida”, pero sospecho que el próximo lunes 11 de febrero de 2030… no será tan fácil que nos volvamos a ver.

Gracias por haberme dado la oportunidad de mirarlos la noche de hoy.


*Palabras de agradecimiento en el auditorio “Xavier Gorostiaga” de la UCA, el 11/2/2010.