•  |
  •  |
  • END

Con este mismo título publiqué, hace ya varios años, un artículo en este diario refiriéndome a los bajos salarios del magisterio. Lo que entonces no podía imaginar es que, años después, ante la situación que vive el magisterio nacional por lo menguado e injusto de sus salarios actuales, el título seguiría siendo válido.

El término “pobresores” fue acuñado por la educadora ecuatoriana Rosa María Torres, en alusión a las bajas remuneraciones que para ese entonces recibían los maestros de su país. En el nuestro, con el salario que devengan, nuestros maestros y profesores no están en condiciones de hacer frente al costo de la canasta básica, ni a otros gastos mínimos propios de una familia. Menos aún a la compra de textos y otros materiales que les permitan mejorar su desempeño docente.

Todos los especialistas en educación coinciden en reconocer el papel clave que desempeña la labor de los maestros y profesores en los esfuerzos por elevar la calidad de los sistemas educativos. Además, se ha comprobado que a docentes mal pagados es difícil exigirles más compromiso con la calidad y con los cambios curriculares que aspiran a transformar el sistema educativo. Los bajos salarios generan una constante fuga de los maestros más calificados hacia otras ocupaciones, lo que acrecienta el empirismo y el descenso de la calidad en todos los niveles del sistema educativo. No es tampoco extraño que en estas condiciones los centros de formación docente tengan serias dificultades para reclutar alumnos, desde luego que la carrera magisterial no es atractiva para los jóvenes.

La meta, por cierto loable, de centrar este año los esfuerzos en el mejoramiento de la calidad y en la transformación curricular, propósitos que imponen cada vez más exigencias a los docentes, deberían, correlativamente, ir acompañados de un incremento substancial de las remuneraciones del magisterio, en sus niveles primario y medio, a fin de estimularlos a participar, con entusiasmo y compromiso, en tan importantes como necesarios esfuerzos.

¿Cuál es la realidad con que nos encontramos? El gobierno ofrece al magisterio, para este año, un incremento del 3%, lo que significa apenas C$105 córdobas de aumento para los maestros de Primaria y C$114 para los de Secundaria. Evidentemente, se trata de un incremento mínimo que muy poco contribuirá a resolver las necesidades del magisterio. El “Plan Nacional de Educación 2001-2015”, que no ha sido sustituido por otro, contempla: “El incremento del salario básico para maestros y maestras de educación no superior en dos momentos: del 2001 al 2005 alcanzar progresivamente el equivalente al costo de la canasta básica oficial; y del 2006 al 2010 alcanzar el salario promedio centroamericano” (página 37 del Plan) que equivale, aproximadamente, a US$400 dólares.

Han transcurrido varios años desde que se aprobó el ”Plan Nacional de Educación 2001-2015”, y los sucesivos gobiernos no han hecho los esfuerzos necesarios para que se cumplan las metas del mismo, ni siquiera de manera gradual. Al contrario, pareciera que nos alejamos de ellas cada vez más.

Para lograrlo, y atender así el justo reclamo del magisterio nacional, se requeriría que Nicaragua invierta en educación el porcentaje del Producto Interno Bruto recomendado por la Unesco y aceptado por todos los Ministros de Educación de América Latina y el Caribe en la “Declaración de México” de 1979. Por cierto que el compromiso adquirido era alcanzar ese porcentaje en el año 2000.

En nuestro caso, Nicaragua, en vez de aproximarnos a esa meta, nos alejamos de ella año con año, como lo demuestran las proyecciones del presupuesto del Mined hasta el año 2013, que ha elaborado la Coordinadora Civil. Según dichas proyecciones en el 2011 el porcentaje será del 3.71%; en el 2012, 3.64% y 3.58% en el 2013. Este año el porcentaje es de 3.86%.

Y no es que falten los recursos. Es asunto de prioridades. Si el Estado de Nicaragua es el dueño del 49% de las acciones de Albanisa, de las fuertes ganancias de esta empresa mixta se podrían tomar los recursos para mejorar substancialmente el salario de los docentes a fin que dejen de ser los “pobresores” que describe la educadora Rosa María Torres.