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El desarrollo económico latinoamericano se ha convertido, a través del tiempo, en una meta particularmente difícil de alcanzar debido a una serie de factores de freno que han debido enfrentar nuestros países.

El principal factor de freno lo ha constituido el diseño de la estructura económica latinoamericana puesto que éste no ha estado adaptado a las necesidades particulares de desarrollo integral de nuestra región. Desde los años sesenta, la estructura económica había sido diseñada para favorecer en gran medida la producción de materias primas con el objetivo de exportarlas a los países desarrollados.

Como consecuencia de ese enfoque de producción, el rol económico que le había sido asignado a América Latina era el de producir y exportar una gran cantidad de comodities con poco valor agregado para implementar, de esta manera, una relación de dependencia económica de nuestra región hacia los países más desarrollados.

Esta dependencia en términos económicos cumplía varios objetivos estratégicos para los países del Norte, entre ellos uno de carácter geopolítico como era el de mantener en una situación de subordinación a nuestros países en virtud de factores comerciales y tecnológicos para poder controlar nuestra producción y, por medio del chantaje económico, financiero y tecnológico, poder explotar nuestros recursos naturales.

El factor tecnológico, así como la generación del conocimiento en nuestra región fue dejado a un lado por parte de las élites gobernantes, fueran éstas de derecha o de izquierda, a la hora de definir el diseño estructural de las sociedades y las economías de nuestros países. El desarrollo industrial se enfocaba esencialmente en la importación de tecnología para la producción manufacturera y de materias primas sin destinar recursos suficientes para la investigación para desarrollo de tecnologías propias en la región. De los sesenta a los noventa fueron tres décadas prácticamente perdidas para Latinoamérica, ya que se sumió en una situación de dependencia tecnológica para hacer mover su sistema productivo mientras las naciones desarrolladas competían en una frenética carrera hacia la capitalización del conocimiento.

La educación tampoco ocupó un lugar importante dentro de las prioridades económicas e institucionales de los países latinoamericanos a lo largo de estas décadas; y lo más preocupante es que en la actualidad tampoco ocupa el rango de prioridad que debería. El diseño de políticas públicas estaba por completo bajo el control de las castas políticas locales, a las que en nada favorecía que los ciudadanos latinoamericanos llegaran a alcanzar los niveles de desarrollo educativo que le permitieran aspirar a niveles superiores de prosperidad económica.

Por consiguiente, la arquitectura económica latinoamericana ha sido diseñada para favorecer la transferencia de valor de nuestras economías hacia las más desarrolladas; cerrándonos con ello toda posibilidad real de desarrollo. Las materias primas y productos elaborados en nuestros países fluctúan al vaivén de las condiciones monetarias que ha impuesto históricamente los países desarrollados a través del injusto sistema de comercio mundial establecido, el que no equipara el valor de lo producido con el medio de cambio nominal--las diferentes divisas-- con que se les retribuye a los países productores.

La producción de valor en las economías latinoamericanas ha sido manejada según la estricta conveniencia de los países desarrollados, sobre todo Estados Unidos. El precio que pagan por nuestros productos no retribuye el valor que en ellos les transferimos. El precio de nuestros productos no es más que un simple resultado del complejo juego de especulaciones en los mercados mundiales que manejan a su antojo los que poseen el capital financiero que ahoga todas nuestras posibilidades de desarrollo sobre la base del valor que nuestras economías producen.

El monetarismo y sus expresiones más radicales de tipo neoliberal no hicieron más que exacerbar la creciente desigualdad en el comercio internacional perjudicando sustancialmente a los países productores de materias primas como es el caso de muchos de nuestros países.

En los noventa, tras años de desajustes económicos en la región latinoamericana que nos condujeron a una situación regional catastrófica en términos económicos, se implementó una serie de reformas estructurales que afectaron, sobre todo, la composición del Estado y el rol que éste debía jugar dentro de la economía de cada uno de los países de nuestra región. El Estado era, para los apóstoles del neoliberalismo, parte del problema y no de la solución. El grave problema del desarrollo económico latinoamericano pasa por una reforma de fondo y con contenido estratégico para las economías de la región en el nivel productivo, tecnológico y educativo. Mientras no se emprenda este proceso, el desarrollo seguirá siendo una quimera.


*El autor es especialista en Economía Gubernamental y Administración Financiera Pública.