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Nunca he compartido la expresión que la “política es el arte de lo posible” porque, normalmente, ha sido licencia o excusa para el cinismo. “Es que era lo único posible”, suele decirse para encubrir el embuste, el engaño, el provecho propio.

Admito que no siempre todo lo deseable es posible, pero siempre he entendido que la política debe ser, como una vez le escuché decir a Federico Mayor Zaragoza, entonces Director de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), “el arte de lo deseable”. O mejor aún, la política es el arte de hacer posible lo deseable.

Valgan las reflexiones anteriores por el momento central, por el cual transcurre la política nicaragüense: la elección, entre otros altos cargos, de todos los magistrados del Consejo Supremo Electoral (CSE).

Como lo hemos dicho en tantas ocasiones, no hay nada más importante que recuperar para Nicaragua el futuro electoral que hoy por hoy no tiene. Recuperar la confianza en las elecciones, abrir el horizonte de esperanza de 2011 que ahora está cerrado.

La elección de los magistrados del Consejo Electoral es la oportunidad para devolver a los nicaragüenses ese futuro deseable, que también es posible. El FSLN por sí solo no puede elegir a todos los magistrados, ni tampoco pueden hacerlo por sí solas las otras bancadas. La oportunidad de una negociación abierta, transparente, equilibrada, mirando a los ojos a los nicaragüenses, está ahí. La oportunidad de compatibilizar lo deseable con lo posible, está sobre la mesa. Ojalá, por el bien de Nicaragua, que en esta ocasión, como en otras, a título de lo posible no se sacrifique lo deseable.