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Cuando el Presidente de la República Dr. Juan Bautista Sacasa, el 1 de enero de 1933 dirigió un mensaje al Congreso Nacional (Poder Legislativo) anunciando que desde el día siguiente “no quedaría en el país un solo oficial, un solo soldado americano”, todo el mundo en Nicaragua creyó que la paz y la soberanía nacional se consolidarían y el Presidente también afirmó, incomprensiblemente para las generaciones posteriores que:
*“La desocupación del territorio nacional por los marinos de los Estados Unidos, cristalización en Nicaragua de la política justiciera iniciada por el señor Henry L. Stimson, en 1927 y apoyada ampliamente por el Presidente Hoower”.

Fue el doctor Leonardo Argüello, Ministro de Relaciones Exteriores, que el 3 de febrero de 1933 se dirigió a los Ministros de Relaciones de algunos países de América Latina comunicándoles el arribo a Managua a conferenciar con el Presidente Sacasa y representantes de partidos políticos del General Augusto C. Sandino ” y que se había logrado arreglo definitivo de la Paz como resultado de las deliberaciones”.

Inmediatamente se decretó una ley de amnistía amplia por delitos políticos y comunes conexos con ellos, cometidos en el período que se comprende del 4 de mayo de 1927 hasta la fecha en que fue publicado por bando en las cabeceras departamentales o en la Gaceta (17 febrero 1933).

La amnistía como reza el decreto, favorecía a los miembros del ejército del General Augusto C. Sandino, que ya hubiesen depuesto las armas o que las depusieren dentro de quince días de la promulgación de la ley. Igualmente gozaron del beneficio de la amnistía los que prometieron al General Sandino deponerlas de tres meses contados del 2 de febrero 1933, incluyendo también a cien personas del mencionado ejército que podrían conservar sus armas temporalmente con arreglo, al criterio del Poder Ejecutivo.

También se concedió amnistía para aquellos que, militando a las órdenes del Gobierno constituido, hubiesen cometido delitos militares, políticos y comunes conexos con ellos con ocasión de sus actividades militares, políticas, y comunes conexos con ellos con ocasión de sus actividades militares durante el período comprendido del 4 de mayo de 1927 al 31 de diciembre de 1932.

Abarcó también la amnistía a los nicaragüenses que guardaran cárcel o hubiesen sido expatriados, por cooperación o perjuicio de cooperación con las actividades del ejército del General Augusto C. Sandino.

Prescribe el decreto de amnistía, que todos las autoridades de la República procederán a poner en libertad en sus respectivos jurisdicciones a los reos que están comprendidos en la amnistía, poniendo constancia en las diligencias que se hubieren incoado y sobreseerán definitivamente las causas pendientes o concluidas por sentencias. Desde aquel entonces, como hoy, la ley supone la existencia de procesos pendientes y obliga a los judiciales a dictar el sobreseimiento definitivo para aplicar la ley de amnistía, que extingue la responsabilidad penal (Arto. 72 inciso 10 y 155 CPP, 130 Pn). La ley obliga a los tribunales a aplicar tanto la ley de amnistía como la de indulto, para ordenar el resultado del proceso.

Esta ley de amnistía tuvo bastante debate en la Cámara de Diputados como en la del Senado, hubo dudas en que iban a beneficiarse “incontables individuos que guardan prisión por delitos propiamente de bandidaje, palabras del diputado Cárdenas; se presentó la duda que si el proyecto de amnistía comprende o no al General Sandino, pues el decreto no lo dice directamente, así lo expresó el diputado Brenes Jarquín. Hubo protestas contra la ley que se pretendía promulgar del diputado jinotegano doctor López; a lo que contestó el diputado Simeón Rizo Gadea que le extrañaba tal actitud, pues en una exposición al Presidente Sacasa López, él le prometió coadyuvar en la emisión de amnistía y existen actas de ciudadanos de Jinotega, que aprueban el convenio de pacificación.

El diputado doctor López solicitó se le consignara su voto negativo y que ante el Presidente fue partidario de la amnistía, pero de amnistía que haga honor a la justicia.- El diputado doctor Gastón Manzanares expresó: que esas manifestaciones de descontento contra el proyecto son justas, pero ambos partidos pactaron para conseguir la paz por otros medios, que no sean los de la guerra, aunque se hicieran para ellos sacrificios. El diputado José Floripe dijo: Estar de acuerdo con las expresiones del diputado doctor López, pues también “en Estelí hay repugnancia porque se deje impune tanto crimen cometido por las tropas de Sandino”. La amnistía al fin fue aprobada por mayoría. En lo sucesivo Sandino y sus tropas y simpatizantes, no podrán ser capturados ni sometidos a proceso.

En forma egoísta el Diputado C. Urbina hijo, hizo noción “para que se suprimiera de la iniciativa el título de “General” con que se llamaba a Sandino, pues el Congreso aún no le había concedido ese rango militar” los diputados doctores Mayorga (José W.) y Gustavo Manzanares se opusieron a tan singular noción del diputado C. Urbina hijo, la cual fue rechazada.

El diputado Dr. Horacio Argüello Bolaños expresó que en la ley de amnistía “no debe hacerse mención al “Convenio” que se celebró con Sandino, puesto que la Cámara no ha tenido conocimiento oficial de él”. Al final en la ley no figura la palabra convenio.

Existe un voto razonado de los diputados de los departamentos afectados por la guerra, que fue firmado por los diputados Juan Simón Padilla, E. Midence Irias, Simeón Rizo Gadea y Ramón Lovo, el 21 de febrero de 1933, irónicamente un año antes del asesinato de Sandino, que originó otra amnistía para sus asesinos.

Esos diputados dijeron: “No ser indiferentes ante tanto dolor y tanta ruina, pero que hay un imperativo superior que lo reclama; el bien general de Nicaragua, que su sacrificio de hacer abstracción de sus propios sentimientos es el precio incalculable que patrióticamente pagan por el reencuentro de la paz nacional”. Ellos votaron por la amnistía.

Los mismos argumentos de ayer sobre la amnistía, son los de hoy, la paz de la República, la tranquilidad pública, el bienestar de la Nación. En el caso de Sandino, a quien llamaban bandolero aunque se le amnistió junto con sus huestes, casi un año después fue asesinado, fusilado, para él no hubo porvenir de paz ni tranquilidad, y de esta forma amnistiado para la eternidad de su gesto y de su heroicidad. Sus asesinos igualmente fueron amnistiados con el veto del Presidente Sacasa que fue derrocado luego por los mismos autores.