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Los aires de guerra latinoamericana, siempre traerán a la memoria histórica la asignatura pendiente de realizar una serie de ajustes geodésicos o cambios a la plataforma continental, desde tierra del fuego hasta los confines del septentrión inclusive. La restitución de intereses perdidos y de territorio usurpado, puede ser un punto de partida para entender los diferendos entre las naciones, cuyos conflictos bélicos y rencores, desde antaño impidieron la unidad patria bolivariana, y que más bien remarcaron la lumbre de intervenciones y fronteras.

Por eso no es gratuita la chispa encendida entre Venezuela y Colombia, naciones que se explayan en baladronadas impertinentes, reclamos insulsos, admoniciones y discursos enfáticos que alientan el patriotismo y el ánimo de resolver de una vez sus roces o discrepancias en honor del prócer que nació en uno de sus regazos, para morir en el otro. Pues no son las bases intervencionistas de EU y su alianza geopolítica para combatir el narcotráfico, detener el ímpetu de la izquierda o las infiltraciones del Medio Oriente… ni la retórica antiimperialista conocida, o los hidrocarburos y el café… es simplemente la naturaleza explosiva del Ayacucho, reproducida en la emoción vengativa de la raza quechua, aimara o guaraní.

La reedición de la Guerra del Chaco, o del Pacífico no sería tan importante como otras operaciones militares. El guano o el salitre ya no sería razón para enfrentarnos, pero sí la toma de los puertos y muelles por la búsqueda de una salida al mar. Tampoco la contaminación industrial o celulosa… no sería un asunto tan grave como la ocupación de una isla por cualquier intervención extranjera.

El protectorado indigno que vive Puerto Rico desde el desastre de 1898 no es un acontecimiento que debe pasar desapercibido. El viejo San Juan todavía no se ha independizado, como lo hizo República Dominicana o Cuba; por lo que debe extraerse del mapa para otorgarle su libertad, por una reestructuración descolonizadora.

A veces los pueblos se acostumbran a la dependencia y comodidad de la colonización, bajo la égida y administración odiosa de cualquier mega potencia, como rémoras indolentes, crías lechonas o actinias vergonzantes. Entonces ellos mismos son responsables de su forma de vida onerosa, desarrollo, progreso y emporio económico quizá no visto en sus pares vecinos; cruel paradoja que toca resolver a toda conciencia patria nacionalista.

Aquí entra en juego lo que sería moralmente aceptable para cada pueblo si no sabe dirigir sus destinos de manera autónoma, y echa a perder su libertad con malos gobernantes, para luego arrepentirse de su emancipación. Entonces ¿sí estaría justificada cualquier intervención de las antiguas potencias para devolver el progreso y desarrollo perdido al pueblo que siempre padece las consecuencias? Así lo aludió Europa en el siglo pasado, cuando presentó un plan de recuperación de Haití, para limpiar el negro destino de la isla y establecer un futuro portentoso, bajo el costo de regresarle su puerto a Francia, que mantiene esa idea latente.

Si hay planos y cartografías que no se pueden cambiar físicamente, al menos el rescate de una verdadera colonia debe ser un proyecto impostergable, para que el lastre y pretérito estadio de la conquista, no agrande más la fétida llaga de cualquier injerencia, invasión o la misma guerra, pues donde no existe el concepto de autodeterminación de los pueblos, soberanía e independencia, debería forzosamente sonar el jazz punk-blue de Mavorte y su alborada triunfal.

La guerra entre Bogotá y Caracas, Santiago, Lima… y La Paz, puede ser necesaria, pero si dentro de ese nuevo escenario de efervescencia, se aprovecha la ocasión para reivindicar todas las colonias que actualmente mantienen ocupadas las antiguas potencias europeas, y devolver lo suyo a Guatemala, despojarle las Bahamas a los británicos con su Commonwealth y de paso arrebatar la tierra sin nombre de la Guyana a los franceses (pero tratando que los azares del destino no le deparen un futuro desdichado como Puerto Príncipe)… apear una estrella del flagelo yanqui para independizar totalmente a Puerto Rico, instaurándola como nación soberana y libre…y que no quede más evidencia de lo que fue la colonización. Pero además hay que permitirle una salida al mar a Bolivia, con su debida caladura y ensenada; mientras que Brasil, Argentina y Uruguay deben consumar su trabajo aplazado desde la guerra de la Triple Alianza, absorbiendo el Paraguay, en cuya desmembración equitativa y prorrateo, debe compensarse solidariamente también a Chile por haber devuelto a Bolivia el territorio de Arica y aprovechando de esta manera los reveses de una Asunción diezmada por el mal haber de sus mandatarios curo patólogos.

Hay que reiterar la defensa de los derechos e ideales patrios… y desembarcar también en Las Malvinas, isla que está más cerca del Río de la Plata que del Támesis… a como lo está San Andrés, Roncador y Quitasueños de Bluefields y Corn Island y que pertenece al mar territorial mesoamericano, y que deberá reivindicarse “con las armas en la mano”; para lo cual Nicaragua y Argentina tendrán sus aliados dentro y fuera del territorio enemigo.

Esa correlación de fuerzas es posible frente a Europa, pero devolviendo primero lo que pertenece a cada una de las naciones de América. Los conflictos que llegan a feliz término mediante tratados y convenios, pactos y acuerdos de carácter jurídico internacional, las más veces se perfilan como un problema inacabable o que causan perjuicios e insatisfacción a uno de los Estados suscriptores, por lo que deja vivo un hilo detonante que puede explotar con antelación.

Hong Kong fue devuelto a China, como el canal de Panamá a sus dueños… pero todavía ondean sus antiguas banderas. En esos términos Moscú podría también deshacer cualquier acuerdo para adjudicarse Alaska y además reclamar un remanente pecuniario por la explotación de sus yacimientos. Y ya que es difícil devolverle a México todos esos territorios expropiados por los que lucharon tantos revolucionarios, sería una gran cosa derribar “el muro sinfín” o valla prefabricada americana que levantaron los Rangers de Texas, Nuevo México, Arizona, San Diego y demás guardabosques del Norte; aunque sea para volver más humano el cruce de inmigrantes a través de los ríos y desiertos.


mowhe1ni@yahoo.es