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El Héroe Nacional Augusto C. Sandino cumplió, este 21 de febrero, setenta y seis años de haber sido asesinado a traición, en Managua, como resultado del pacto, descrito por Jesús Miguel Blandón, entre Arthur Bliss Lane (embajador de Estados Unidos), Anastasio Somoza García (Jefe de la Guardia Nacional), José María Moncada, Carlos Pasos Montiel, Emiliano Chamorro, Gustavo Abaunza Torrealba, Bartolomé Víquez y Carlos Cuadra Pasos. Los herederos de la derecha que lo asesinó han querido apropiarse de la figura de Sandino llamándole, equivocadamente, liberal. Pero la derecha sabe que el pensamiento y la práctica de Sandino eran revolucionarios.

El carácter genuino del pensamiento revolucionario del General de los Hombres Libres ha sido defendido y sostenido, acertadamente, por Carlos Fonseca Terán. La tesis de Fonseca Terán se vislumbra en la introducción de su libro “El poder, la propiedad, nosotros...” (Hispamer. 2005) cuando apunta lo siguiente: “...Sandino decidió enarbolar un programa político que respondiera a los intereses de las clases populares, a diferencia de los proyectos políticos hasta entonces vigentes (...) hechos a la medida de los oligarcas, terratenientes y demás sectores pudientes...” Fonseca Terán agrega: “Se organizó (...) por primera vez una fuerza independiente de los partidos tradicionales...” que asombró al mundo derrotando y expulsando al ejército de Estados Unidos (EU), que sufría así, su primera derrota en Latinoamérica y acaso en el mundo, a pesar de haber estrenado la aviación como arma de guerra. El primer avión derribado al ejército yanqui se derribó aquí en Nicaragua y hoy es una pieza de museo en EU.

Para Fonseca Terán la victoria del “Pequeño ejército loco” fue “...antesala de lo que se perfilaba (...) como un proyecto de transformación revolucionaria de la sociedad nicaragüense y de unidad latinoamericana contra la dominación del imperialismo norteamericano...” Por eso para los yanquis y la derecha criolla era tan importante asesinar a Sandino y desarticular su movimiento masacrando a más de 3000 campesinos en Wiwilí, La Vuelta del Roble, etc., y derrotando a los que resistieron algunos años enmontañados, como Pedro Altamirano, asesinado por traidores infiltrados en sus filas por la G.N., el 29-11-1937, en Salto de la Toboba, Prinzapolka. Pedrón fue decapitado y su cabeza fue exhibida en los poblados de Chontales y Granada, en la ruta hacia Managua; detrás de su cabeza fueron obligados a marchar su mujer, sus nueras, su nieto y hasta su perro (Entre Sandino y Fonseca. J. M. Blandón).

Sin embargo, es en el ensayo magistral, todavía no publicado, titulado “El pensamiento de Sandino” donde Fonseca Terán analiza y sintetiza simultáneamente la identidad ideológica revolucionaria de Sandino. Los titulares de los periódicos de la época y las celebraciones de la oligarquía liberoconservadora por el asesinato de Sandino, en más de un club social, no fueron propiamente una casualidad. Así, la edición de “El Centroamericano” del 29-1-1934 se opone a las negociaciones de paz categóricamente: “...el gobierno está en la obligación de destruir por las armas al sandinismo tras el cual la anarquía y el comunismo se están agazapando...” La derecha mediática ya usaba el término sandinismo para llamar al movimiento encabezado por Sandino, es decir, que los mismos adversarios le daban la connotación de fuerza política -independiente y genuina-, y no de tropa liberal disidente, como lo han querido presentar muchas veces, nos dice Fonseca Terán. En dicho ensayo, expuesto en conferencias magistrales, Fonseca Terán señala que Sandino y otros jefes populares combatían en el bando liberal en la Guerra Constitucionalista, pero no a favor del liberalismo, sino de los intereses populares que desde el liberalismo presionaban para hacerse sentir como reivindicaciones sociales impropias del liberalismo.

Según Fonseca Terán, es difícil determinar en qué momento Sandino tomó conciencia de sus diferencias sustanciales con los liberales; pero, guardando las distancias “...se puede comparar el desprendimiento de Sandino del liberalismo con el desprendimiento de Marx del hegelianismo o (con el) de Fidel Castro del movimiento político democrático burgués del Partido Ortodoxo en la Cuba de los años cuarenta.” Y en palabras de Sandino: “Moncada nos traicionó en Tipitapa. Allí también quedó sepultado mi liberalismo.” Iniciaría entonces, la Guerra Anti-intervencionista. Fonseca Terán cita textualmente obras como El pensamiento vivo, La mística de Sandino, Maldito país, Con Sandino en la montaña y otras. Entre las citas resalta una frase muy particular de Sandino, la cual fue rescatada por Richard Grossman del documento número 11 de los Archivos del Centro Histórico de la Infantería de Marina de EU: “Jesús y todos los profetas siempre fueron comunistas. Nosotros (…) les seguiremos en el camino a la tierra prometida del comunismo mundial.” Ésta fue publicada por primera vez por Alejandro Bendaña en La mística de Sandino.

Sandino, dice Fonseca Terán, por su posición clasista, en la mina de San Albino pagó en oro a los mineros; luego, se enfrentó a las transnacionales mineras frecuentemente y defendió los derechos laborales de los mineros. En el combate de Ocotal, Sandino ordenó saquear las mansiones y negocios de los burgueses; después expropió, cobró impuestos forzados a los hacendados cómplices de los yanquis y a las compañías gringas. Sandino fusionó la lucha por la soberanía nacional con la lucha de clases (su espada defendería el decoro nacional y daría redención a los oprimidos; su guerra era guerra de libertadores para matar la guerra de los opresores). Sandino llamó a los políticos liberales y conservadores “bola de canallas, cobardes, traidores” y “politicastros, sinvergüenzas y corrompidos.” Sandino, con el partido Autonomista que pretendía formar, una vez alcanzada la paz, buscaría restarle fuerza a los partidos tradicionales existentes desde 1821. Sandino identificó a los partidos políticos enemigos (liberales y conservadores) y, además, a sus enemigos de clase: los capitalistas; porque éstos habían traído a los mercenarios yanquis a Nicaragua. Sandino decía: “…mi ideal campea en un amplio horizonte de internacionalismo…” Creía en la fusión de todas los países de América “…en una sola y única nacionalidad latinoamericana…” Y en una de sus cartas a los mandatarios del continente habló del supremo sueño de Bolívar. Nada de esto negaba su nacionalismo sincero.

Para Fonseca Terán, Sandino conceptualizó la revolución como “fenómeno ético.” Sandino debía ser oído y creído porque no pidió a Nicaragua ni siquiera un palmo de tierra para su sepultura. Para Sandino, revolución era sinónimo de purificación y su causa era la causa de la justicia y del amor. Esperaba que el triunfo de Nicaragua prendiera la mecha de la “explosión proletaria contra los imperialistas de la tierra.” Sandino afirmó: “…el capitalismo norteamericano ha llegado a la última etapa de su desarrollo, transformándose como consecuencia, en imperialismo.” Con esto, Sandino asumió la teoría leninista del imperialismo como fase superior del capitalismo, según Fonseca Terán. Sandino proponía llamar a la unidad de América Central “Comuneros Centroamericanos.” Sandino asumió las resoluciones del Congreso Mundial Antiimperialista de Francfort, organizado por la Internacional Comunista, en cuanto a que la lucha antimperialista de Nicaragua llegaría a ser una acción de masas, de escala continental y mundial.

En conclusión, Sandino pensó, vivió y murió como lo que fue: un revolucionario.