•  |
  •  |
  • END

En 1804, Ayiti (Haití en lengua kréyol) fue la primera república soberana latinoamericana. Ha sido difícil asentar la institucionalidad democrática en un territorio sobre explotado y deforestado por los invasores y sobre una economía que se fundó en la esclavitud.

En 1826, Francia reconoció la independencia haitiana a cambio de 150 millones de francos oro, equivalentes hoy a más de lo que costará la reconstrucción de Puerto Príncipe.

En 1938, Haití –ubicado en la tercera parte de la isla Quisqueya (su nombre taino original) o La Española, como la denominó el Gran Almirante genovés- pagó la “deuda francesa” con préstamos de la banca norteamericana. En 1915, los marines ya habían desembarcado para controlar el país. La saga Duvalier, entre 1957 y 1986, escribió páginas oscuras.

En más de 200 años de vida independiente, el pueblo haitiano ha llevado la peor parte. Según estadísticas recientes casi 80 por ciento de sus habitantes vivía con dos dólares diarios. Las mujeres eran mayoría (52 por ciento de la población): 59 por ciento analfabetas, 42 por ciento menores de 15 años, con una esperanza media de vida de 54 años. Su promedio de hijos el más alto del continente: casi 5.

La cultura haitiana considera a las mujeres como el poste central del templo vudú: sirve de conexión entre el mundo espiritual y el material. Ellas son la argamasa que mantiene juntas las piezas.

Antes del terremoto, 43% de las familias haitianas eran monoparentales, la mayoría con una mujer como jefa del hogar. A las mujeres haitianas se les reconoce valentía para enfrentar las situaciones difíciles y gran capacidad de sacrificio para sacar adelante a sus familias. Ellas realizan mil y un oficios, incluso el de picapedreras con jornadas entre 4 am y 6 pm. El producto de 3 días de este tipo de trabajo (2 metros cúbicos de pedazos de piedra) se vendía a 150 gourdes (casi 4 dólares americanos).

Hasta el año pasado las mujeres tenían un alto índice de ocupación. Trabajaban especialmente en la informalidad y eran mayoría en la producción textil de las zonas de exportación. Sólo 1 por ciento de las haitianas con trabajo remunerado podían dejar a sus hijos en guarderías.

Quienes han visitado Haití habrán percibido la vigorosa presencia femenina. Ellas visualmente destacan por su andar recto y digno. La creatividad cultural (pintura, literatura y gastronomía), rasgo característico haitiano, tiene una importante contribución femenina.

La expresividad cultural es un punto de apoyo para el resurgimiento de Puerto Príncipe. Fue significativo el concierto que -a pocas semanas del terremoto- dio –para un público de supervivientes- una orquesta juvenil, entre escombros y carpas provisionales. Fue una forma de exorcizar el dolor y señalar que -no obstante la tragedia- una nueva y mejor etapa debía iniciarse para todos los haitianos.

En ella el rol de la mujer habrá de ser central si se quiere un futuro diferente. En Haití no sólo es tiempo de restauración material sino también de reconstrucción social y ambas exigen promover la paridad.

Hoy que se conmemora el día que recuerda la lucha de la mujer por participar en pie de igualdad con el hombre en la construcción de la sociedad y en su desarrollo personal, no puede dejar de tenerse en cuenta a la mujer haitiana (famn ayisyen), cuyos temple y carácter son ejemplares.

Hoy, en Puerto Príncipe, en el Centenario del día Internacional de la Mujer, en la Plaza Catarina Fon –quiEn cosió la bandera de la revolución- los haitianos rendirán homenaje a sus lideresas fallecidas. Ello debe ser oportunidad para expresar confianza en el liderazgo femenino para la edificación de un mejor porvenir.


*Director de la OIT para Centroamérica, Haití, Panamá y República Dominicana