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La historia reciente de la política nica se escribe, para decirlo pronto, con inexactitudes; o para expresarlo con la admiración de extranjeros de ONG y diplomáticos, se escribe con “facilidad de palabra”. Por caso, llamar “traidor” a Fernando Agüero en el pacto conocido como “Kupia Kumi”, exige tener en cuenta que fue autorizado por la Convención del Partido Conservador, respaldado por su directiva y movido por los grupos económicos de las familias conservadoras. Aunque se supone que fue traidor al movimiento popular que lo siguió en los años sesenta con la canción “con Fernando ando, con Agüero muero”. Pero el objetivo explícito del pacto era buscar una salida pacífica al Somocismo, después de la represión violenta de la manifestación del 22 de enero de 1967. Además, cuando Somoza hijo, a raíz del terremoto que destruyó el centro de Managua el 23 de diciembre de 1972, y en una especie de golpe de Estado se nombró Presidente del Comité de Emergencia y Ministro de la Reconstrucción, Agüero renunció al triunvirato de la Junta Kupia Kumi. Mientras que la directiva del Partido Conservador nombraba a Edmundo Paguaga Irías para reponerlo y continuar en el triunvirato. Entonces, ¿quién es el traidor?

No tiene sentido que, pasadas las confrontaciones ideológicas del momento con Pedro Joaquín Chamorro, se continúe reproduciendo exclusivamente la acusación contra Agüero de un sector del conservadurismo socialcristiano ligado a La Prensa; mientras los grupos económicos de las familias conservadoras que lo presionaron para que pactara, y después lo repusieron con Paguaga en la Junta del triunvirato, continuaron ocultos de la opinión pública con sus negocios bajo el somocismo y después en el sandinismo (o sandino-conservadurismo).

Precisamente, el pacto libero-conservador del Kupia Kumi tenía por objeto reformar la Constitución para incluir la posibilidad de reelegirse a Somoza hijo, después de su período presidencial 1967-72; y se garantizaba al segundo partido en los resultados electorales un 40% de la Cámara del Congreso. Esto significa que, en ese momento concreto, difícilmente se puede hablar sin matices de la dictadura represiva de Somoza hijo, si este asumió por primera vez la presidencia en 1967 con una Constitución que prohibía la reelección y se mostraba formalmente respetuoso de la legalidad. Por otra parte, aunque hubiera fraudes electorales, habrá que reconocer que el sistema Somocista, por su populismo, tenía un movimiento social importante. Y sin disminuir la abnormidad de la dictadura represiva de los Somoza, hay que establecer la responsabilidad que en ella tuvieron los grupos económicos y familias políticas, los que todavía se cubren con el manto del “traidor Agüero”.

Lo mismo se puede decir de los pactos de Carlos Cuadra Pasos y Emiliano Chamorro con el primer Somoza en 1948 y 1950. Porque el control de los aparatos del Estado y la represión de las libertades bajo el somocismo se hizo en combinación con los intereses del chamorrismo. El análisis político de la actividad de cada uno de los Somoza y del somocismo como sistema está todavía por escribir. Como también está por escribir la historia de la Guardia Nacional, que oficialmente nunca fue un ejército sino una guardia militar territorial, como la Guardia Nacional de EU, la de Panamá o la Guardia Civil española; y que, si se compara numéricamente con la Guardia Civil y Rural de Costa Rica, en el momento de mayor reclutamiento no pasó de tener la mitad de efectivos de los ticos (de paso, la estadística de esos años dice que el número de maestros en Nicaragua era considerablemente mayor que el de guardias, mientras que en Costa Rica estaban igualados sobre los 27-28 mil). Y aunque la GN era un aparato partidario, lo que se conoce como la dictadura de la dinastía somocista es una historia a dos voces con el chamorrismo.

Acerca de los grupos económicos que conformaron el somocismo y el chamorrismo (el antisomocismo que culmina en los gobiernos de 1979-1997), se debe completar el trabajo de Jaime Wheelock en “Imperialismo y Dictadura”, y el de Orlando Núñez en “La Oligarquía en Nicaragua”. Así se podrá conocer los intereses que marcaron la orientación de sus políticas y la dimensión real de la represión política del somocismo en concurso con el pactismo de los conservadores.

A estas alturas, no se puede continuar escribiendo la historia ni haciendo periodismo político si no se hace crítica de la ideología del sandino-conservadurismo, y su fracción en el Frente Sandinista de los 70 y 80. El movimiento aliado del G12 y los gobiernos de 1979-1997 con el antisomocismo de las familias conservadoras, vinculado con la parentela de estas familias y respaldado por sus grupos económicos y medios de prensa. No se puede continuar repitiendo sin sentido crítico las versiones antisomocistas del conservadurismo de Pedro Joaquín Chamorro (PJCh) y sus seguidores socialcristianos, o del Movimiento Social Católico contrario a las Constituciones laicas (ateas) de los liberales.

PJCh fue un luchador por las libertades reprimidas bajo el somocismo, contrario al fraude electoral y la función partidaria de la GN, y fue asesinado por su resistencia a la corrupción. Pero se distorsiona su posición ideológica cuando Mundo Jarquín, en su libro sobre PJCh, quiere dar a entender que era “socialdemócrata” en el mismo párrafo donde reconoce que las ideas políticas de PJCh procedían de la doctrina eclesiástica de Justicia Social. Esto es una contradicción en los términos o es retórico, dada la intención encomiástica de Mundo. Pues, la doctrina eclesiástica es conocida por su premodernidad y paternalismo autoritario, algo contradictorio con la socialdemocracia. Por lo tanto, este libro, al menos en este aspecto, no explica la orientación ideológica de PJCh en la Unión Democrática de Liberación (UDEL). En cambio, no se pondera lo suficiente la inteligencia política de PJCh en la composición de UDEL, en la que incluyó dos centrales sindicales y superaba el bipartidismo histórico. PJCh fue un político avanzado y preparó el terreno del Frente Amplio Opositor y el Frente Patriótico, los que dieron origen a la política de Unidad Nacional en los años 1979-1997.

En cuanto a la tercera pregunta del título, sobre la ideología del Frente Sandinista, ver los otros cuatro artículos que estoy publicando en estas páginas de opinión de END sobre las tendencias de izquierdas en la revolución de los nicaragüenses. En suma, que los métodos de la historia social, de la historia documental y las teorías de pensamiento estratégico están esperando a una nueva generación de historiadores y periodistas politólogos.