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Toda sociedad está compuesta de dos factores dinámicos: por una parte una minoría selecta y reflexiva, y por otra, una mayoría espontánea, que se alimenta para bien o para mal, de la ejemplaridad de la primera. Cada miembro de la sociedad tiene su propio punto de vista de su entorno y de la sociedad en que vive. La diversidad de criterios es garantía de la salud de esa sociedad, sin embargo, para que una sociedad exista, tiene que haber concordia o sea que dentro del pensamiento de todo grupo debe haber una zona común, un núcleo que le permite al grupo poder renunciar a las diferencias apoyados en él, ese fondo, ese núcleo común que permite la concordia es lo que normalmente llamamos patriotismo.

La discordia es un fenómeno pernicioso de sociedades que carecen de ese núcleo común, la discordia, es no querer vivir juntos. O sea que no hay patria porque los partidos ocupan su lugar. Y entre un partido y otro solo existen diferencias antagónicas. Cuando esto ocurre, el otro se convierte ipso facto en enemigo. Y desde esta perspectiva hacer patria es hacer desaparecer al otro, al enemigo. Y para hacer desaparecer al otro, todo está permitido, el fin justifica los medios. Como los fines de cada uno son diferentes, las ideas de un grupo son incomprensibles para el otro, el diálogo se convierte en el arte de engañar al otro.

El comportamiento de los individuos no está gobernado directamente por la inteligencia, por el conocimiento, sino por algo mucho más profundo, está gobernado por los hábitos, por las creencias y convicciones heredadas de las generaciones anteriores junto con el lenguaje. De tal manera que no somos responsables de lo que somos, pero si no hacemos lo que debemos, nuestros nietos nos culparan de ser lo que serán. Necesitamos revisar el concepto de historia hoy día vigente, de que la historia es el estudio de lo que le pasó a nuestros mayores y que éstos hechos están colgados como semáforo en el tiempo para advertirnos de un peligro, para que no repitamos los mismos errores. Creo que tenemos que considerar la historia como una revelación del hombre que cada cual es, la historia no es algo que nos avisa desde afuera, sino algo que nos habita, algo que somos y que nos obligará a seguir siendo iguales. Romper un hábito, no es una tarea fácil, cuesta trabajo y mucho tiempo. Comprender que para construir una nación es indispensable tomar en cuenta y respetar al otro, es sumamente difícil, sólo se ha intentado en dos oportunidades, el 12 de septiembre de 1856 y en febrero de 1990 con Doña Violeta. El frente entregó el poder pero no completamente, intentó gobernar desde abajo faltando a la voluntad del pueblo. Las nuevas generaciones están en la obligación de tratar de dar un golpe de timón porque la dirección que hemos llevado los últimos 200 años es equivocada, considerar como enemigos a los nicaragüenses que no piensan como nosotros es la causa de ser lo que somos.

Todos estamos infectados del mismo germen, creemos tener la verdad y que nuestra misión es anular o descalificar al otro, porque está equivocado o es malintencionado. Durante 200 años hemos buscado la causa en el lugar equivocado, el 12 de septiembre no ha sido comprendido, el 25 de febrero tampoco.

La discordia no nos permite luchar eficientemente contra la miseria, la discordia nos llevó al fraude, la discordia nos ha obligado a dividir a Nicaragua en ciudadanos de primera, de segunda y de tercera dependiendo del sometimiento al líder, para lograr privilegios debemos renunciar a la posibilidad de construir al verdadero nicaragüense.

La única solución al problema es transformar nuestras creencias, revisar nuestros supuestos, nuestras definiciones, tratar de construir ese núcleo de patriotismo que permita apartar las diferencias para sentarnos a dialogar, sentarnos a construir a un nicaragüense que pueda ser liberal o conservador o sandinista sin correr el riesgo de ser excluido o discriminado. Recordemos que los derechos no tienen fuerza, ni valor por sí mismos, que la fuerza y el valor lo reciben del apoyo de la colectividad, de la mayoría. Las generaciones pasadas hemos fracasado, pidamos disculpas a la juventud y pongamos todas nuestras esperanzas en ellos.