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A K.G. la gatita más bella

Es superlativo el logro en brindar atención en salud primaria y preventiva realizado por el gobierno de unidad y reconciliación nacional. Sin que sea recurrente sabemos que el modelo político seguido durante 16 años de gobiernos neoliberales se caracterizó por aplicar medidas restrictivas y privativas en el sistema público de salud, condenando a limitaciones severas a la población más pobre del país. Fue la tesis del consenso de Washington aplicada por los gobiernos de la “democracia neoliberal” cuya propuesta replegaba al Estado de la responsabilidad plena en garantizar una prestación esencial como la salud haciendo lugar al libre mercado de cuya mano irradiaría la solución. Y no fue así, y nunca lo sería, mucho menos con los servicios de salud. Porque la lógica del mercado es el lucro, la ganancia, su naturaleza no entraña como principio la prestación y aseguramiento de servicios sociales esenciales.

Con el gobierno de unidad y reconciliación nacional el Estado asegura la atención gratuita en los servicios de salud como premisa estratégica de referencia social. El esquema de la salud mercancía de los gobiernos neoliberal quedó en el pasado, se gerencia una nueva política social de salud conducida en torno a principios básicos de humanismo, solidaridad y participación ciudadana que se concretan para su ejecución a través del esfuerzo social organizado teniendo al Estado como principal actor y a las Brigadas Médicas Sandinista como uno de sus agentes sustantivos.

Sin duda es un reto la construcción de un sistema de políticas sociales eficientes, equitativas y sostenibles y es allí donde el perfil del médico sandinista solidario, fraterno, humanista, por antonomasia sale a relucir. Se brinda con la atención de las brigadas médicas cobertura en zonas rurales que asegura acceso de los pobres a servicios de salud con estándares de calidad sin exclusión de ningún tipo garantizándose que los recursos del Estado lleguen a quienes más lo necesitan en las comunidades distantes de los centros de atención hospitalarias.

Algunos dirán que es una acción focalizada y asistencialista de política social, pero más allá sus objetivos sustantivos integran el nuevo modelo de salud proyectado estratégicamente a brindar cobertura en aquellas regiones donde aún no se cuenta con la planta física e instrumental instalada, en este sentido más que ser una respuesta focalizada es una forma sostenida y sistémica de ir resolviendo las necesidades y urgencias de salud en los sectores más pobres. En este esquema las brigadas médicas constituyen una forma en que el servicio hospitalario se desplaza hacia los propios lugares donde están los necesitados llevando servicios de calidad óptima; procedimientos quirúrgicos, consultas médicas especializadas y medicamentos.

El trabajo voluntario de las brigadas médicas sandinistas es un esfuerzo redoblado que ocupa tiempo fuera de las horas normales de trabajo sin percibir remuneración económica adicional y dice mucho de la calidad humana y la voluntad de quienes participan dando una solución directa a problemas de salud. Con convicción y voluntad se ha logrado un nivel de participación colectiva de los médicos que integran estas brigadas que ya no hay lugar para el descanso de fines de semanas, el empeño de su compromiso social mantiene en movimiento el esfuerzo colectivo de cada visita a aquellas zonas rurales con problemas más sensibles y cuya solución es prioritaria, llevando con su trabajo alientos de esperanza a los marginados.

Quienes han recibido su atención saben valorar mejor que nadie lo significativo de esta labor desinteresada y la sonrisa de alivio de alguien restablecido de un padecimiento luego del abandono de los gobiernos pasados ha de constituir para estos médicos una recompensa invaluable que no se mide por los cánones capitalistas de ingreso obtenido, es una acción social sin parangón del humanismo en su máxima expresión, esencia misma de la solidaridad y el cristianismo revolucionario. Es una resignificación del valor social del trabajo frente a la apatía y el egoísmo de quienes practican el ejercicio profesional con el factor de rentabilidad personal como parámetro, se rescata el compromiso con la sociedad sin contratos, ni intercambio de monedas de por medio.

En este sentido el trabajo voluntario se antepone al esquema del asalariado individual inmerso en el mundo del consumo mediatizado y alienado, de espaldas a las reales necesidades sociales del pueblo. La mejor recompensa para quienes integran estas brigadas se deposita en el significado profundo de sentir el orgullo del deber cumplido para con sus familias y para con aquellos a quienes atienden sin distingos de color político, credo religioso o pertenencia étnica. Ése es el nuevo profesional de la medicina que requiere nuestro pueblo, profesionales con esa combinación especial de cualificación y compromiso social.

Es una nueva actitud ante el trabajo, una nueva disciplina laboral consciente. Como señalaba el doctor Ernesto Guevara, podemos resumir que el trabajo voluntario constituye una escuela creadora de conciencia, es un esfuerzo realizado en la sociedad y para la sociedad, su importancia ética y moral radica en que una parte de la vida del individuo se entrega a la sociedad sin esperar nada, sin retribución de ningún tipo, solamente en cumplimiento del deber social.