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Desconocer que existen sandinistas, de izquierda, opuestos al danielismo es negar la realidad y continuar fraccionando al FSLN debido a exclusiones, presiones y ofensas contra quienes presentan propuestas diferentes para fortalecer el partido y avanzar en las transformaciones culturales y económicas del país.

En el FSLN censuran hablar de principios, patrimonio, elecciones partidarias, corrupción, programas y acciones que cambien el sistema ideológico y económico.

Mientras, en las calles los militantes analizan los antecedentes sandinistas, y los comparan con los conceptos y actos de directivos, y se dan cuenta de que contradicen las ideas y conductas que lograron fortalecer la lucha revolucionaria para derrocar la dictadura somocista y defender la revolución.

Pero no sólo eso, aún existe inconformidad porque el partido es administrado en beneficio de unos pocos, cuya tendencia al consumo les alimenta voracidad y la arrogancia de clase pretendiendo que combatientes históricos sean pedigüeños.

Por los combatientes es que los pocos directivos del FSLN viven millonarios, y otros del séquito profesan las ansias de acumular dinero abundante, en una repartidera injusta que descarta y perjudica a miles de sandinistas.

La militancia histórica no olvida que la entrega de bienes que hizo el FSLN fue para sostener al partido, pero la cúpula y allegados han almacenado dinero y asumido conceptos que los distancian de la militancia empobrecida por la guerra y las causas socioeconómicas.

Represión al pensamiento

Aun cuando el análisis es fundamental, quienes se oponen al mandato de Daniel y exteriorizan descontento son víctimas de represión oficial; es asombrosa la furia con la cual pretenden denigrar a compañeros y compañeras que primero se mantuvieron en la lucha político-militar, y ahora en la batalla de las ideas.

La mayoría de directivos no se limitan a deshonrar, como presión sicológica, también mueven sus apéndices para acorralar a los no danielistas con la finalidad de sumergirlos en la degradación económica; he sabido de compañeros despedidos de sus trabajos, otros a los que les han negado crédito o contrato de negocio, por influencia u orientación de directivos del FSLN.

No sólo vilipendian a quienes no están de acuerdo con Daniel, también a aquellos que se oponen a quienes conducen al partido y el gobierno en los territorios donde los resultados no son óptimos.

Matagalpa es ejemplo de exclusión, vilipendio y presión contra quienes encaran el nepotismo y la corrupción que denunció hace meses el Secretario Nacional de Organización, Lenín Cerna, aun cuando no pasó a más de ser una noticia en el periódico.

Seguro no prosperó su acusación porque la correlación de fuerzas en el FSLN depende de favores y lealtades comerciales, a pesar de que los aliados no acarreen votos ni alimenten valores o posiciones revolucionarias sandinistas.

Matagalpa no es la excepción de nepotismo, corrupción, arrogancia, explotación de los trabajadores, y privilegios para unos pocos incapaces de exponer críticas y propuestas eficientes, y se dedican a vitorear a los directivos para mantener sus prerrogativas.

Por eso, ahora en el FSLN promueven a nuevos militantes sin formarlos con base en los principios históricos ni los instruyen para consolidar una concepción científica, y su análisis y propuestas sean instrumento de transformación.

Prevalece adulación

El danielismo se alía con adversarios de antaño negociando cargos públicos y facilidades financieras, no son acuerdos políticos para beneficio de la sociedad, y como remate nombran funcionarios para desplazar, despreciar e invisibilizar a combatientes que argumentan y conocen métodos más efectivos.

Cómo vamos a estar de acuerdo con prácticas feudales cuando reiteradamente adulan “al comandante Daniel y a la compañera Rosario”, asignándoles designio divino para gobernar, ¿podrá ser aceptado por los sandinistas que no aspiran ser ni son aduladores?
En mis andanzas por calles citadinas y caminos rurales escucho quejas y enojos de los sandinistas pobres, aquellos combatientes, ya viejos, renegando del oportunismo ambicioso de aliados que obtienen ganancias fabulosas por gestiones de compra de insumos para los programas sociales del gobierno.

Por principio es justo pedir honestidad, en este país dominado por la podredura, pero evidentemente los gobernantes no quieren corregir los abusos, más bien desean ocultarlos, y por medio de éstos mantener una clientela o servidores cautivos.

Comprobado está que la mayoría de los aliados de Ortega no suman votos, y evidencian oportunismo al firmar acuerdos con Daniel para asumir puestos gubernamentales o hacer negocios por tráfico de influencias.

Sin embargo, los danielistas se niegan a reflexionar sobre los principios que forjaron al Frente Sandinista pretendiendo cambios en las relaciones de poder, sociales y económicas, para capitalizar a la mayoría de nicaragüenses empobrecidos que desean surgir por sus capacidades.

Pero en el FSLN desprecian a quienes desean desarrollar capacidades para lograr calidad, ganar dinero honradamente y alcanzar la libertad de opinar, criticando y proponiendo mejoría.

Directivos puestos con el dedo

Ni siquiera existen elecciones para escoger a directivos, éstos son nombrados con el dedo, de un día a otro aparece un Secretario Político, una Secretaria Política Adjunta, y pocos saben por qué fue seleccionado.

Las votaciones en el partido son vitales, contribuyen a la deliberación, la planificación, y que la militancia escoja sus directivos de acuerdo con las calidades.

Pero como no hay sufragio, sino negociaciones particulares, los cargos se convierten en una mercancía, me apoyas y te beneficias, no me critiques y estarás bien, obedece y estarás seguro.

No hay relaciones respetuosas, los directivos nombrados creen ser los portadores de la verdad absoluta, los designados por dios (no lo escribo con mayúscula), y no escuchan, no aceptan críticas a su desempeño; cuando hablo de críticas refiero argumentos y propuestas.

Decenas de recomendaciones se les envían a los directivos, los militantes que viven en barrios y comunidades se han manifestado contra el nepotismo, el enriquecimiento, el autoritarismo, la corrupción, pero no quieren escuchar quienes han hecho de esos vicios su modelo de vida.

En esas condiciones surge y va creciendo desacuerdo con la conducción de Daniel Ortega, pues no es el panorama deseado por sandinistas que arriesgaron su vida para vivir en una sociedad desterrando los vicios políticos empobrecedores del país.


*Director Centro de Comunicación y Estudios Sociales (Cesos)
Managua y Matagalpa, Nicaragua.

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