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El 23 de marzo de 1988, los jefes en guerra integran en un solo puño sus puños para firmar con firmeza el fin de la guerra y el nacimiento de la paz. La pasión y el odio que toda guerra desata, no impidió se impusiera el histórico Acuerdo de Sapoá, con la guía de que el arte de negociar es el arte de saber ceder. Y así, cumplirle a toda la nación desgarrada y empobrecida a lo largo del siglo veinte por las guerras, la confrontación y la polarización ideológica y política.

Aquí hago un resumido recuento del proceso extremadamente complejo, como difícil, que hizo posible sentarse frente a frente a los hombres de las armas para culminar el costoso y tesonero proceso negociador iniciado en Contadora, enero de 1983, seguido en Manzanilla, junio de 1984, impulsado por el diálogo de La Palma ,en El Salvador, octubre de 1984, entre el presidente José Napoleón Duarte y la guerrilla de su país. Este fue fortalecido por el nacimiento del Grupo de Apoyo a Contadora, julio de 1985, y animado por la posición del neutralismo activo del presidente Vinicio Cerezo, de Guatemala, en diciembre de 1985. Luego, se fortaleció al momento de asumir la presidencia de Costa Rica, Oscar Arias, enero de 1986, quien, al continuar los pasos de Cerezo y Duarte, y más adelante, en friccionado diálogo con el presidente Daniel Ortega (por ser el territorio costarricense base de la agresión), articula con su plan de paz el contenido fundamental de Contadora y su Grupo de Apoyo --revitalizado en Caraballeda, Venezuela, este mismo mes y año-- con las propuestas de paz de los cinco países centroamericanos. Estas propuestas, maduraron tras intensas y recelosas negociaciones el Acuerdo en Guatemala de Esquipulas I, mayo de 1986, y Esquipulas II, el 7 de agosto de 1987.

Negociación en caliente
La Guerra se resuelve con los fundamentales componentes de lo militar, lo diplomático y lo político. El eje central de la política de guerra que impulsa el presidente Reagan es lo militar con el objetivo de crear un ejército con la Contrarrevolución para vencer al, en ese entonces, Ejército Popular Sandinista. Para este fin, mueve su poderío económico, militar, de seguridad nacional, a la CIA, a sus aliados, su capacidad política y medios de comunicación, en el marco de las contradicciones internas de los Estados Unidos y de la acción política-diplomática hacia el exterior al calor de renovada guerra fría entre EU y la URSS.

En 1988, cuando el 23 de marzo se firma el Acuerdo de Sapoá, la correlación militar es favorable irreversiblemente al EPS, que a inicios de este mes lanza la ofensiva más imponente y decisiva al penetrar a territorio hondureño hasta el corazón de las bases CR, asestando un golpe contunde en lo militar, moral y político a la CR, la que se ve requerida del despliegue del ejército norteamericano en el borde fronterizo, dispuesto a intervenir directamente si nuestra ofensiva no cesaba. Esa operación Danto 88, aceleró el cumplimiento del Acuerdo de Esquipulas a través del acuerdo de Sapoá, en el caso de Nicaragua.

Escudo diplomático
Paralelo al conflicto en lo militar, la estrategia de la defensa nacional requirió de un imprescindible escudo en la arena internacional, el que se articula a través de dos factores: el diplomático y el de la solidaridad anti-Reagan de los pueblos del mundo, incluyendo el estadounidense. En el terreno diplomático, fue decisivo para evitar la intervención de las tropas yanquis el apoyo a la paz negociada de los gobiernos latinoamericanos que gravitan alrededor de las iniciativas políticas y diplomáticas de México, Panamá, Colombia, Venezuela, Argentina, Brasil, Perú y Uruguay. En el terreno diplomático fue importante la disposición del gobierno revolucionario de sostener una negociación directa y bilateral con los EU en Manzanillo, México, en el marco de Contadora, esfuerzo que luego de ocho Rondas se interrumpe unilateralmente por parte de EEUU en enero de 1985, al imponerse la línea dura de Reagan en pro de la solución militar. Así mismo, en el terreno diplomático fue posible obtener de la URRS, Cuba y otros países socialistas los suministros bélicos vitales, imposibilitando la intervención norteamericana al haber aceptado Reagan la no intervención, salvo en el caso de que Nicaragua adquiriera los aviones Migs y los sistemas de radio exploración de alcance profundo como los existentes en Cuba, cuestión con lo que siempre amenazamos obtener para equiparnos con centenares de miles de armamentos para poder configurar, en 1986, un ejército terrestre moderno y profesional.

Colapso económico material
En el terreno económico, la guerra de Reagan logra su objetivo de impedir la consolidación de los cambios revolucionarios en lo económico, financiero y social, obligando al país a una economía de guerra para soportar el desgaste de la acción CR y el bloqueo –embargo oficial- que se inicia en septiembre de 1983 con la suspensión de la importación de azúcar nicaragüense, se amplía a todo lo comercial y navegación en mayo de 1985 y se sostiene hasta 1990. Además, en marzo 1984 se refuerza el ahogamiento económico con las operaciones de la CIA, como el minado de nuestros puertos Corinto y Sandino, adonde llegan a dañar buques mercantes soviéticos, holandeses, panameños y otros. En lo económico, el país colapsa pero subsiste; los avances sociales se debilitan o cesan. Las libertades democráticas se limitan drásticamente, como en cualquier en guerra con otro país.

Complejidad política
En el campo político, entre otros factores adversos a la revolución están el choque muy radical con las estructuras tradicionales de la economía en el agro, el choque con la iglesia católica y el vital SMP, que redujo la sangría del país y fue la base heroica de la modernización del ejército y sus victorias, pero que no fue asimilado por el pueblo, acarreando un elevado costo político al sandinismo.

El presidente Reagan sufre graves costos políticos para imponer sobre el Congreso norteamericano su política de guerra, por un lado, por el éxito de Nicaragua en el campo diplomático-jurídico-político- con la condena del máximo tribunal de justicia mundial de La Haya a la agresión de Reagan, junio de 1986. También por el escándalo Irán-Contras, destapado en el Senado de Estados Unidos en enero de1987, por el desvío de fondos, armas a Irán vía Israel y drogas para dotar de armas a los contras, lo cual viola la ley estadounidense y agrava el conflicto en el Congreso entre republicanos y demócratas. Además, la sistemática oposición de la ONU, OEA, NOAL; el Papa quien se ofrece mediar en Centroamérica, enero de 1985; Europa, el campo socialista y otros de la comunidad internacional, que junto al rechazo a la guerra de los pueblos, como en Vietnam, logran debilitar la política guerrerista de Reagan.

Legitimidad ejército
En 1987, se alcanza el histórico acuerdo de Esquipulas, firmado por los cinco presidentes centroamericanos, lo cual no satisface a Reagan, pero sí a los demócratas, en mayoría en el Congreso. Por el lado de la izquierda, hubo una radical condena de este acuerdo, incluyendo a la dirigencia de la guerrilla salvadoreña. Pero toda la comunidad internacional cerca a Reagan, al darle su apoyo a Esquipulas, lo que no impide que el presidente Reagan continúe en su intento por escalar la guerra y heredar a su sucesor, George Bush padre, en enero de 1989, su política fracasada.

La iniciativa política-diplomática más importante que impulsa el gobierno del presidente Ortega, es acelerar el cumplimiento simultáneo por los cinco países en el conflicto. Pero, sabiendo nosotros que solamente Nicaragua lo haría, aun cuando no hubiera simultaneidad, se entra de lleno en el difícil camino para sentar a las fuerzas en armas en SAPOA , para luego agarrar, irreversiblemente, el rumbo de la paz con la imposibilidad de que la CR se convierta en el ejército de Nicaragua, y al mismo tiempo, con la legitimidad nacional e internacional del EPS como la institución constitucional del Estado, la Nación, la República y el gobierno de Nicaragua.

Dinámica política electoral
Alcanzado Sapoá se precipita la dinámica política nacional que gradualmente, con la amnistía y apertura de las libertades políticas y de expresión, y de seguridad a la vida de las personas, permite el proceso electoral que, pese a graves hechos que saboteaban el esfuerzo de paz, el EPS logra rechazar las últimas ofensivas contras en 1989, y el hecho de dotar la revolución un sistema electoral transparente, permite transitar hacia nuestro sistema democrático. Esto permite afianzar, aún más, el proceso de paz y construir la democracia en paz y convivencia.

Desde Sapoá suceden otras rondas negociadoras hasta 1990, entre quienes firmamos tal Acuerdo. Este año también se suceden seis Cumbres de los presidentes centroamericanos para la culminación del proceso de paz, con el desarme total de la CR. El Acuerdo de Toncontín, Honduras, logra el cese del fuego efectivo, exactamente dos años después de Sapoá , en negociación entre el Ingeniero Antonio Lacayo y la RN. Seguidamente, se suscribe el vital Acuerdo de Transición entre el gobierno saliente y entrante, el 27 de ese mes. La Cumbre de presidentes centroamericanos en Montelimar, el 4 de abril, refuerza la paz. También en abril se llega al decisivo Acuerdo para el cese del fuego efectivo y definitivo que, en nombre del gobierno sandinista firmó con la RN y Yatama el día 18 en la OEA en Managua y, dos días después, se produce el cimero Acuerdo tripartito: el gobierno saliente que represento, el saliente y la RN que asegura que la CR continúe su desarme hasta hacerlo totalmente antes de finalizar el mes de junio. El traspaso de la banda presidencial de Daniel Ortega a doña Violeta Barrios, el 25 de dicho mes, y otras iniciativas, allanan el camino para que en junio se desarme el último líder CR: Israel Galeano.

Todo este dramático proceso de la guerra a la paz, de revolución y democracia, nos obliga moralmente, con quienes entregaron su vida y quienes sufren directamente las secuelas de los combates, a integrarnos en un Estado de derecho y libertad como nación, para lograr las victorias económicas y sociales o hundirnos en la miseria.