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El FMI siempre ha sido la punta de lanza de la corriente neoliberal para imponer los postulados de ésta en el mundo que se resumen perfectamente en la frase “laissez faire laissez paser”.

En esa misión, el FMI ha mostrado de forma incuestionable y sin ningún tipo de pudor su falta total de ética a la hora de imponer políticas económicas que favoreciesen el objetivo principal del neoliberalismo… ¡la acumulación!
Ese objetivo bastardo, pues no tiene nada que ver con nuestra condición de seres humanos y, por ello, con la dignidad que debería ser inherente a esa condición, ha producido más muertes y más situaciones inhumanas en el mundo que las resultantes de la acción de los nazis. Sólo hay que investigar las estadísticas del hambre y la exclusión que existen en nuestro planeta en pleno Siglo XXI, a pesar de todos los adelantos que la ciencia nos ha proveído y que teóricamente deberían haber ayudado a conseguir un mundo más equilibrado.

En estos momentos, se está librando en Nicaragua (como antes se ha intentado en otras partes y en el futuro se intentará) una dura batalla en contra del usurario sistema financiero, que habiendo resultado ser el culpable en un 90% de la crisis económica que estamos sufriendo en el mundo y haber sido salvado de la quiebra con nuestro dinero (el de los contribuyentes) sigue aferrado como una garrapata a su prepotencia queriendo exprimir a sus usuarios.

Hay que decir alto y claro que a los nicaragüenses se les está saqueando de forma despiadada cobrándoles unos intereses que fluctúan entre 60-90% en unos tiempos en los que los Bancos Centrales han puesto el precio del dinero cercano al 0%. Y no contentos con imponerles esas tasas de interés criminales para cobrárselas se valen de métodos que no tienen nada que envidiar a los de la Gestapo por continuar con las comparaciones nazis.

Ahora que el Estado por una vez cumple con su obligación de ser árbitro para evitar abusos y emite una Ley reguladora de una situación que ciertamente había llegado a un límite insostenible, el sistema financiero con el respaldo, cómo no, del FMI ha comenzado una verdadera campaña de intimidación para proteger sus intereses y evitar que se les escapen las presas a las que por años les ha estado chupando la sangre.

Para ello, han lanzado la idea de que la Ley aprobada perdona las deudas (nada más lejos de la verdad, pues lo que hace es regular los intereses para evitar la usura y en cierta forma, aunque muy tímidamente, la relación entre prestamistas y prestatarios totalmente subvertida a favor de los primeros mediante la imposición que supone un contrato de adhesión que vulnera el principio legal de la igualdad entre las partes) y que por ello promociona la cultura del no pago.

Además, están lanzando mensajes apocalípticos de desestabilización del sistema financiero y los bancos ya han amenazado con no conceder créditos (hay que decir al respecto dos cosas: 1) en estos momentos y de acuerdo a lo manifestado por el Ministro de Hacienda, en una conferencia, hay una gran liquidez que hace que los bancos inviertan en deuda pública al 8% [¿cómo es posible que invirtiendo a ese interés digan que el 16% marcado en la Ley les reporta pérdidas?] y 2) el negocio de un banco es precisamente prestar y si no presta quiebra, ¿cómo piensan sobrevivir si cumplen su amenaza?).


Esta batalla se libra en Nicaragua, pero la guerra afecta a todo el mundo.