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Jamás en la historia de Nicaragua hemos llegado, como hoy, a tal pobreza de valores éticos y morales. La politiquería ha invadido el país, todos los estamentos sociales, religiosos y políticos están contaminados. No existe la “calidad humana”, ha sido destruida por el actual gobierno.

Gravísimo para los cambios generacionales, urge buscar profundas y radicales medidas que, a mi entender, radican en lo que debe ser la “calidad humana”. La corrupción ha hecho mucho daño, se compran y venden conciencias con facilidad y descaro, y da la impresión de que el pueblo lo acepta con absoluta normalidad.

Urge un cambio total y profundo en la conciencia íntima del ser nicaragüense, que sólo puede generarse con valores humanos, esa calidad ética y moral, hoy por hoy, ausente en el país.

Caemos fácilmente en una doble moral, jugamos y pisoteamos a Dios, la religiosidad se ha convertido en el medio más barato de buscar adeptos políticos y nos confesamos creyentes, al extremo que a Dios y al cristianismo los usamos con una facilidad temeraria, hipócrita y cínica.

Pareciera que en Nicaragua ya no existe la “calidad humana”. Políticos de diferentes partidos, dolorosamente se venden, con un rictus de falsa sonrisa esconden la traición a su dignidad, si es que la han tenido algún día.

La oposición está más interesada en sus personales prebendas. Todos desean ser presidentes. La unidad no les interesa, mienten jugando a ser hijos de Dios, probos ciudadanos. Triste espectáculo del degeneramiento humano, queriendo hacernos creer que aman a Nicaragua. Desgraciados mercantiles politiqueros.

Hemos corrompido la palabra “amor” hacia Nicaragua, sepulcros blanqueados que se llenan la boca cínica e hipócritamente en alabanzas a la Patria. Recurren a obispos y pastores buscando bendiciones para sus posturas partidarias, con tal egoísmo que raya en la mediocridad de un falso cristianismo que profesan.

La grandeza del ser humano se debe reflejar en la calidad de vida, en la mística en nuestro quehacer diario. Nobleza que ha de llevarnos a vivir con dignidad, que se produce teniendo calidad en el saber ser hombres y mujeres llenos de grandeza humana; calidad que por su profundidad nos hace personas dispuestas, hasta el sacrificio, de la entrega de la vida por Nicaragua.

Estamos viviendo una doble moral que nos conlleva a unos antivalores. Asamblea Nacional donde se convive con la hipocresía, mercaderes de la Patria. Consejo Electoral favorecido por Ortega y bendecido por Obando, donde se preparan fraudes electorales, como quien se toma un vaso de agua y luego eructa la satisfacción del deber cumplido de la orden presidencial; con qué facilidad y descaro han podrido Nicaragua.

Mediocre calidad del ser humano, instituciones serviles que se someten por temor y cobardía hacia lo que ordena el máximo líder o lideresa, porque han echado al estercolero su autoestima, su dignidad, su calidad de ser hijos de Dios.

Parece que hemos perdido, no sólo la paz de la conciencia, la mirada valiente y serena que nacen de esos nobles sentimientos humanos. Porque la lucha tiene sentido de Patria, tiene sentido de Dios, tiene la eterna nobleza de que la grandiosidad del alma radica en vivir con “calidad humana”.

Se han prostituido todos los valores, brilla por su ausencia la voluntad de sentirnos honestos, porque nos compran, hemos llegado a la cobardía de la lucha, el silencio compromete, la indiferencia nos ciega y los cánticos seudo revolucionarios nos adormecen, hemos perdido calidad, capacidad dada por Dios y sustituida por la mediocridad de una falsa, hipócrita pseudo-revolución, alba cristiana y socialista.

Mientras los partidos políticos, mientras cada nicaragüense, no recuperen la “calidad humana”, seguiremos siendo hombres y mujeres que vivimos bajo el temor del actual gobierno, que hoy por hoy, está destruyendo los sagrados valores humanos.

Valores éticos y morales que son reflejos de una vivencia cotidiana, de todo hijo e hija bien nacidos, que nos han de guiar en la lucha por una posible Nicaragua mejor. Lucha que ha de nacer de la unidad, de ser hijos de Dios, por una Patria que nos reclama y exige el sacrificio total.