Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

Regirse con los parámetros conceptuales comunes es despersonalizarse, aún más en este país erigido con valores de la dominante clase económica e ideológica cuya identidad es absurda en una sociedad transculturizada.

Vemos a personajes con atavíos diseñados para protegerse de las temperaturas frías, porque aquí no existen industrias de calidad. La elegante costura europea, trasladada al trópico por los colonizadores y copiada de las revistas por las nativas --obligadas o transculturizadas-- debe ser un infierno para quienes abordan el caluroso autobús; y los tacones altos un tormento para quienes caminan por las empedradas calles barriales.

La publicidad vende un prototipo de mujer, que como comercio del cuerpo es repulsivo, cuya fisonomía nada tiene que ver con las nacionales; y de no ser así, igual engendra esquemas que las ubican como estandarte corporal negando la validez de pensar.

Los publicistas relacionan muslos, glúteos o pechos abultados con cualquier artículo de consumo básico o suntuario, este último lejos del ingreso de la colectividad consumidora. Generalmente lo que se anuncia no es útil o afín a las partes exaltadas del cuerpo, cimentando el morbo de la conducta primate.

El consumismo se impone
Nicaragua, surge (?) como nación sin identidad, en donde quien habla como extranjero quiere imponer supremacía aun cuando su genio esté supeditado a realzar la marca que luce o anhela.

La etiqueta encumbra y fortalece a quien la adquiere, y en el caso de las míseras víctimas del mensaje les crea ilusiones en extremo inalcanzables; y se desesperan por obtenerla, para gozo del sistema que les condena a la cárcel cuando roban o beneficio de los mercaderes que ensanchan sus cuentas.

La distancia entre la clase dominante y la demás gente, minimiza la personalidad de ésta al no presentar sólidos conceptos ideológicos con autovalidación similar a la de los filósofos Ho Chi Minh y Ghandi, que superaron al sistema.

Despertar es volver a la conciencia del pantano séptico. Los políticos en campaña - algunos de ellos con chavalas pechugonas en su publicidad – con discursos falsos, cambiando de partido por intereses económicos denotan la insuficiencia filosófica.

Los políticos se venden
El que se proclamó comunista se convierte en liberal somocista; el socialcristiano contubernia con el que se dice marxista; el que se dijo leninista abjura para avalar el capitalismo salvaje; el hasta hace poco ateo se muestra beato; quien se benefició del sandinismo ahora lo ataca.

Lástima que los comadrazgos no son vía de consenso, apertura del pensamiento, sino mercantilismo rapaz de esos políticos para no quedarse sin la cuota de poder, pues a nadie representan. Es el déficit de vergüenza que emana de la ansiedad de dinero.

Y en las calles la nueva generación crece (?) inhalando pegamento, prostituida e ignorante, adiestrándose en el arte de sobrevivir en la indigencia, para transmitirlo a sus descendientes condenados - antes de nacer - a la degradación producto de la genética y/o la sociedad absurda.

*Centro de comunicaciones y estudios sociales (Cesos)
http://sergiosimpson.ysublog.com