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De cara a los próximos procesos electorales que se llevarán a cabo en Nicaragua, resulta apremiante la unidad de las fuerzas opositoras, en especial de las facciones liberales para que enfrenten al oficialismo de manera cohesionada y tengan mejores posibilidades de alcanzar la victoria.

El proyecto de unidad liberal debería constituirse en el núcleo fuerte que agrupe a todas las demás fuerzas que orbitan en el espectro político nacional. La unidad opositora debe trabajar en función de estructurar un programa político con contenido de mediano y largo plazo y no solo limitarse a una coalición coyuntural con el único objetivo de derrotar al Frente Sandinista.

La necesidad de liderazgos consolidados y no polarizantes que no se presten al juego del partido en el gobierno es evidente. El caudillo desacreditado del PLC, Arnoldo Alemán debe dar un paso al costado y permitir que los nuevos líderes surjan de la cantera política del PLC. Del mismo modo, Eduardo Montealegre debe reconsiderar su posición como líder de un importante segmento de las facciones liberales para no caer en las imposiciones excluyentes a la hora de definir candidatos para las diferentes justas electorales que se avecinan. Es un trabajo muy difícil de realizar con los principales líderes liberales dada la intransigencia que en el pasado han mostrado y sus evidentes deseos de permanecer al frente de cada facción.

Una coordinación endógena que dinamice los esfuerzos de los partidos políticos más importantes de la oposición se constituye ahora en el reto principal de nuestra clase política. La división favorece al FSLN, cuyas estructuras internas están muy bien consolidadas y alineadas en función de las directrices que emanan desde los cuadros superiores del partido. La rigidez y la identidad fuertemente arraigada en la militancia dura del partido oficial es lo que tendrá en frente la oposición en los siguientes procesos electorales. El reto no es minúsculo y los peligros que encierra el seguir cediendo espacios amplios de poder al sandinismo son considerables.

La oposición nicaragüense precisa de una estrategia mejor articulada que la de los fallidos pactos políticos prebendarios que afectaron más la credibilidad y la fuerza del PLC que la del FSLN. Se debe esbozar, en principio, un programa político coherente del que nazca una estrategia sostenida y escalonada para lograr alcanzar el poder en los distintos niveles de gobierno: municipal, regional y nacional.

El trabajo político con miras a las próximas elecciones debería armonizarse con el quehacer legislativo por parte de los representantes que tienen los partidos opositores en la Asamblea Nacional. No se puede diseñar una estrategia política electoral desde los partidos opositores en la que se tome distancia del accionar del gobernante FSLN y tener, al mismo tiempo, a los diputados de esos partidos opositores negociando su participación y, por qué no decirlo, su complicidad con algunas medidas arbitrarias que desde el legislativo impulsa el oficialismo.

Hay que darle sentido a una unidad opositora para que se promueva un verdadero cambio. ¿Qué tipo de cambio puede venderse con la imagen de Arnoldo Alemán? ¿Qué tipo de cambio puede emprenderse con los mismos legisladores que, cual cartuchos quemados, llevan más de doce años en la Asamblea Nacional sin haber logrado hacer nada más que velar por sus intereses partidarios y/o personales.

Es preciso una renovación generacional en los partidos e ir dejando paulatinamente a un lado a los políticos de carrera que en más de dos décadas solo han desprestigiado a los partidos a los que han llegado a representar en las distintas estructuras de gobierno. El proceso de reforma profunda a la estructura y organización funcional de los principales partidos políticos de la oposición debe acercarlos al ciudadano. Darle plena participación desde la base comunal hasta el municipio para alcanzar finalmente la dimensión nacional.

El trabajo de consolidación de la base de votantes y de crecimiento en el apoyo popular se debe realizar a través de los promotores comunitarios que pueden llegar a formar una extensa red que sustente las diferentes candidaturas en los municipios y cree la estructura de apoyo logístico y propagandístico para la campaña presidencial.

Los partidos opositores, en especial los de tendencia liberal, mas no son los únicos, deben por lo tanto cambiar sus estructuras y convertirse en partidos más flexibles y con una lógica de intervención más horizontal hacia el electorado.

Si la oposición quiere ganar realmente las próximas elecciones precisa de poner todo su empeño y voluntad política en esta transformación. De otro modo no habrá posibilidad alguna de retomar el poder.


*El autor es especialista en Economía Gubernamental y Administración Financiera Pública.