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El 19 de de octubre de 2009, la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia sentenció el fin del artículo147 para dar paso a la reelección del gavillero Daniel Ortega en el año 2011; igualmente decretó, por la vía del Ejecutivo, a principio de 2010 el preámbulo de la reelección, al imponer a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, el Consejo Supremo Electoral y algunas otras instituciones afines al poder judicial. Esto no es más que una nueva edición de los pactos de 1936 entre Somoza García y Carlos Cuadra Pasos. Si se estudia con atención el siguiente paso dado como caudillos Somoza y Cuadra Pasos en el año del 47 al 48 nos da la estructura jurídica del pasado colonial.

Al mismo tiempo, en 1950 tuvo lugar una reunión entre los generales Somoza García y Emiliano Chamorro y se firma el llamado “Pacto de los generales” para evitar un conflicto caudillesco. Éste es el paso más importante en relación con los anteriores, pues en él se crea el fundamento objetivo dándole vida a la institución reeleccionista. En el año de 1970, una vez pasadas las elecciones de enero de1967, se constituye otro pacto suscrito por Fernando Agüero y Somoza Debayle, bautizado “Kupia Kumi”, de esa manera la reelección adquiere concepto institucional de corte caudillesco, sin necesidad de asaltar la presidencia por la fuerza de las armas. La política de la reelección la continúa Daniel Ortega y Arnoldo Alemán en 1999 en la era de la globalización cortando el movimiento democrático.

Para entender la reelección y valorizarla a través de la independencia, si bien es cierto ésta dio libertad política y soberanía, sin embargo, no cambió la estructura política del país y no se logró consumar la República democrática. El resultado de esta gesta se convierte inconscientemente en dos tendencias: primero, no se logró revolucionar la estructura económica de la sociedad colonial, por tal motivo, la independencia no dio la república esperada y a la postre los criollos que lucharon por la independencia se erigieron en los abanderados de dicha causa y no solo eso, sino al mismo tiempo no variaron el desarrollo económico y político privilegiando al sector terrateniente, al clero y a los militaristas; segundo, el sector independentista de Nicaragua y de Centroamérica no tuvo la visión de luchar por la República. No es en Nicaragua sino hasta que la intervención de los filibusteros, bajo el mando de William Walker en 1857 y su derrota y una vez desalojados del país y de la región, se dan inicios a democratizar la vida nacional bajo la dirección del movimiento político conservador, llamado los 30 años; sin embargo falló.

Pasemos ahora después de este prólogo a lo de Nicaragua. Desde luego no voy a formarme una interpretación trágica del fallo dado por la Sala Constitucional por los Magistrados Francisco Rosales y Rafael Solís, pues estos funcionarios judiciales actuaron como portavoces de una ficticia independencia de poderes al servicio del Ejecutivo controlado por Daniel Ortega que sólo sirve para engañar a los ingenuos disfrazados de demócratas a los cuales prestan su servicio de poderes.

Hoy es el Pacto Ortega-Alemán que nos ocupa de este comentario en donde la historia además no se equivoca y la misma se burla de los llamados revolucionarios.

Como se ve, la reelección no es una victoria fácil, para Daniel, aunque haya castrado a la Constitución en su artículo 147 por medio de la Corte Suprema de Justicia y que por hoy ha sido sustituida por la vieja maquinaria somocista a favor de él soñando con la reelección, todavía le toca recorrer un largo camino como medida política electoral: el choque del movimiento de la sociedad civil organizada. Daniel ha tenido la habilidad de reproducir a su favor las viejas formas legislativas, aunque en este poder del Estado se mantienen rasgos del pasado; la Constitución y la asamblea no entienden de juicios históricos, por lo tanto, puede imponerse a última hora para justificar la reelección.

La actual crisis electoral donde tratan de continuar con el poder dependiente del Estado frente a la sociedad, tiende a generarse y puede abarcar a todo el Estado, incluyendo a las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. Sin embargo, hay que explicarse hasta dónde la democracia real puede ser defendida por las Fuerzas Armadas cuando la Constitución ha sido masacrada al anular el artículo 147. Según se entiende el Ejército es el garante de la Soberanía y de la Constitución.

Desde que se consumió el fraude de las elecciones municipales del mes de noviembre de 2008, el gobierno de Daniel y él mismo de hoy en adelante cosechará derrotas junto con sus amigos del pacto, al no respetar las instituciones creadas por la Constitución y al generar sus propias.

La reelección no es más que la usurpación del poder bajo los medios jurídicos y electorales, violando la Constitución, donde los elementos del poder somocista retornan, explotando la lucha de intereses económicos y políticos de los sectores productivos y la nueva dinastía cree que por tener un origen sandinista le da la moral suficiente para crear fuerzas de choque y enfrentar a la oposición que sustituya, a la vez, a la Policía y al Ejército.

Mientras tanto, los dirigentes políticos de oposición, una gran parte de estos, y en primer lugar los diputados parlamentarios no comprendan la debilidad que muestran al enfrentarse al aparato del Estado divididos pues no se trata de un cambio de hombres sino de hacer valer el Estado de Derecho y de esa manera superar la crisis electoral y del poder Judicial en donde no se han dado pasos importantes. Hay que romper el paradigma de los partidos políticos al creer que ellos son los únicos capaces de abordar y aprobar leyes sin el consentimiento de la sociedad civil organizada, esto genera el parasitismo político y la negación de la democracia y va en contra de la economía real.

No obstante, lo esencial en la fuerza opositora es levantar el Estado de Derecho, generar fuentes de trabajo, erradicar la miseria, atacar la corrupción, dedicar un presupuesto a la educación igualmente la salud y al aumentar la producción y otras tareas en el orden económico y productivo nos da la democracia y el fin del Estado somocista y sus seguidores para que desaparezcan, fortaleciendo la base de una real República democrática.

Sin embargo, la tarea no es fácil. En la Asamblea Nacional y en el poder Judicial se juegan los intereses de los grupos más importantes de la obra de”la revolución” un fiel reflejo de la realidad política. El día en que los grupos que son afines en este momento al danielismo en la Asamblea Nacional se convenzan de sus propias fuerzas y se sientan capaces de romper con el pasado que ellos mismos contribuyeron a crear a través del Estado, entonces tendremos una fuerza política y una oposición de cambio; antes no. La Constitución no la respetan, precisamente por los intereses económicos que brotaron del Pacto Ortega-Alemán.