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El ser humano a lo largo de su historia ha vivido en un mundo lleno de sonidos, unos provenientes de la naturaleza y otros producidos y desarrollados por él mismo. Debemos reconocer que en un inicio dicha coexistencia con el ruido contribuyó a la adaptación del hombre al ambiente, sin embargo, el mismo desarrollo de las sociedades ha propiciado que el ruido se esté convirtiendo en una señal de peligro para nuestro entorno y nuestra salud, y es que configurándose los elementos como la intensidad, continuidad, vibraciones, forma de propagación y horas en que se produce, puede causar grave contaminación, entendida como el conjunto de estímulos sonoros que de forma directa o indirecta afectan la salud física y mental de las personas, así como el deterioro al medioambiente, teniendo como efectos adversos a la salud.

Estos son los efectos del ruido sobre la audición: estímulo excesivo del sistema nervioso, perturbaciones e interferencias del sueño, interferencia con el lenguaje, efectos sobre el desempeño y la conducta (estrés, falta de concentración y rendimiento), tal y como lo contempla la Organización Mundial de la Salud en su documento “Guías para el Ruido Urbano” del año 1999. Por lo anterior, es necesario partir de un compromiso ético y responsable de todos los ciudadanos, así como también debería contemplarse como una política de Estado la prevención y regulación de la contaminación acústica, para garantizar el bien común y el equilibro con el medioambiente.


*Estudiante Derecho UCA