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El pasado mes de diciembre, en viaje expreso, visité el pintoresco valle de Pantasma acompañado de Marvin Cuadra Sandino, Fidel Suárez y otros ex-combatientes del Servicio Militar Patriótico.

Nos dirigimos a esta hermosa región del norte nicaragüense con el objetivo de reconocer sitios donde en la década de los 80 se realizaron importantes acontecimientos políticos y militares, en los cuales estuvo involucrado el batallón 30-62 de la JS 19 de Julio, unidad insignia del entonces Ejército Popular Sandinista. El objetivo era indagar sobre el lugar de la caída del compañero Daniel Téller Paz, secretario político del FSLN en Jinotega en el año 1983, y cuatro ex miembros de nuestra unidad para, en un futuro inmediato, colocar una placa conmemorativa en homenaje a aquellos héroes. También, para recoger información y poder recopilar la historia de la juventud de los 80.

Después de llegar a Jinotega, bordeamos el lago de Apanás en una aceptable carretera, llegamos a la cuesta de Wale, y ante nosotros se descubrió un extraordinario paisaje de un enorme valle de formación cratérica con un radio de 8 kilómetros, aproximadamente, rodeado de imponentes montañas pertenecientes a la cordillera Isabelia, las cuales albergaban en sus picos grandes cúmulos de nubes. En ese momento, habíamos llegado al valle de Santamaría de Pantasma.

La cuesta de Wale tiene 10 kilómetros de largo, entre bajadas y subidas, y la vegetación, en algunos puntos, es aún exuberante; grandes árboles de pino, cipreses y abedules, así como sembradillos de plátano y café adornan las pendientes de la cuesta, que en esta época del año alcanzan su maduración.

Bajo una lluvia pertinaz, arribamos a la cabecera municipal y nos abocamos con un viejo soldado de la revolución, nuestro amigo, el compañero Gonzalo Herrera Real, ex teniente del otrora EPS y actual secretario político y concejal del FSLN en Pantasma, quien tras un efusivo saludo nos orientó sobre el sitio que indagábamos.

En ese preciso momento, el compañero Herrera Real dirigía la entrega del bono alimentario a familias de escasos recursos sin discriminación política, ya sean ex contras o sandinistas, los cuales aún viven ese proceso de reconciliación que supone el cierre de viejas heridas, aunque éstas dejen cicatrices que requieren de una alta tolerancia política. En las pasadas elecciones municipales, Pantasma no tuvo problemas con los resultados electorales, los cuales fueron satisfactorios para la población, y no se conocen bandas o grupos armados con motivaciones políticas.

Las relaciones entre el secretario del FSLN y el alcalde liberal son armónicas. Pudimos observar la realización de talleres de salud, y según nos dijo, se dirigía a una promoción de bachilleres en el sector de Zompopera, distante unos 20 kilómetros de Pantasma. Llegamos al sitio de la caída de Daniel Téller Paz y de nuestros compañeros. La promoción de los nuevos bachilleres se realizaba a unos cuatrocientos metros. El sitio de la caída está ubicado frente a la casa del señor Pedro Herrera, quien ya vivía en ese lugar cuando se desarrollaron los sangrientos acontecimientos.

Me llamó la atención que el tiempo, a diferencia de otros sitios de Nicaragua castigados por la guerra de los años 80, no se detuvo en Pantasma. Es un pueblo en expansión y crecimiento económico; existen muchas tiendas, el comercio es floreciente; hay, según me contaba Gonzalo, un gran flujo de la producción al exterior consistente en maíz, frijoles, malanga, quequisque, yuca, toda clase de hortalizas y café de exportación. Están presentes todos los servicios públicos: agua, luz, teléfono, salud, educación, primaria, secundaria, cyber, televisión satelital, bancos, la energía eléctrica introducida hace algún tiempo. Todo eso vino a darle vigor a este pueblo norteño que, en los años 80, era apenas un villorrio. Recordé, al regresar de Zompoperas, los horrores de la guerra que nos tocó vivir en este hermoso lugar; centenares de jóvenes entregaron sus vidas en esta región. Muy a menudo, en el sector de Zompoperas y cuesta de Wale, eran emboscados camiones y vehículos en tránsito, ya fuesen civiles o militares, por la contrarrevolución.

Muchos errores de algunos dirigentes territoriales al inició de la revolución ocasionaron que muchos campesinos descontentos engrosaran las filas de la contrarrevolución y otros secuestrados o engañados tuvieron el mismo fin. Gonzalo nos refería que por estos caminos más de un comando regional contrarrevolucionario estuvo de paso en aquella sangrienta guerra. Hoy, estos mismos parajes tienen un enorme potencial turístico, para lo cual sus habitantes necesitan capacitación y también hace falta infraestructura.

El fantasma del pasado, se borró de mi mente al observar con qué energía enfrenta este pueblo la difícil situación nacional. Es un pueblo dinámico y fuerte, representativo del norte nicaragüense; conversé con algunas personas, y comprendí que tienen el mismo entusiasmo al trabajo y a la vida que todos los nicaragüenses, pero son mas tesoneros. Al retirarme de aquel hermoso valle, eché una última mirada desde la cuesta de Wale, y muy al norte se divisaba el imponente macizo del Kilambé. Pantasma se perdía en aquel manto verde y brumoso del inmenso cráter milenario El río Pantasma, que da nombre al valle, serpenteaba atravesándolo de lado a lado hasta desembocar unos 20 km río abajo. En el Río Coco, a la orilla de la carretera, algunas personas ofrecían productos de manufactura local, y a mitad de la cuesta, mientras hacíamos fotografías, un curandero intentó vendernos cáscaras milagrosas. Un emulo del viejo Nando, pensé.

No me cabe duda de que el municipio de Pantasma debe enfrentar innumerables problemas y retos políticos y económicos en su lucha contra la pobreza; pero me llevé la reflexión de que aquel municipio, aparte de su belleza, debe ser considerado por su tolerancia política, amor al trabajo y su apuesta al futuro. La semilla de la verdadera reconciliación nacional.