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Es sabido que en la actualidad el Colegio de Periodistas de Nicaragua se encuentra en manos del orteguismo, a través de una directiva elegida de modo fraudulento. Su presidente es José Leonel Laguna Caballero.

Por extraño que parezca, ese hecho ha sido hasta ahora ignorado o subestimado por todos los sectores democráticos involucrados en el periodismo y en la comunicación masiva, a nivel nacional. El CPN se autodefine pomposamente como “la máxima instancia organizada del gremio periodístico” en Nicaragua.

Aun cuando el pluralismo político es un elemento que está consignado expresamente en los estatutos del citado Colegio, la actual administración se ha caracterizado por su sectarismo. De hecho, resulta imposible hoy en día diferenciar al CPN del Foro de Periodistas Sandinistas, creado bajo los auspicios de la señora Rosario Murillo.

Previsiblemente, ellos defienden a capa y espada el resultado de las elecciones municipales fraudulentas celebradas en noviembre de 2008.

De hecho, la actual directiva del colegio representa una afrenta y una vergüenza para todos los miembros del gremio periodístico nicaragüense. Muchos periodistas no sandinistas se resisten, sin embargo, a salirse del colegio. Su renuencia a dar ese paso es comprensible, ya que ellos temen perder los beneficios sociales a que tienen derecho, como lo son: medicamentos, anteojos, exámenes clínicos, funerales, cirugías y jubilación.

Debe señalarse que el Colegio de Periodistas recibe jugosas transferencias del gobierno, en carácter de subsidio a la labor de los hombres y mujeres de prensa. Las dos entidades que aportan a las arcas del Colegio de Periodistas son la Asamblea y la Lotería Nacional. Al 9 de marzo del presente año 2010 el CPN contaba con un patrimonio que ascendía a la bicoca de 3 millones y medio de córdobas. Hay, por lo tanto, en el seno de esa organización, fuertes intereses creados, que se encuentran inextricablemente mezclados hoy en día con la política partidaria.

Hasta el momento parece que nadie ha sido capaz de comprender el enorme peligro que encierra el dominio orteguista del Colegio de Periodistas. Éste se ha convertido en un instrumento de control, para someter a los periodistas a base de amenazas, chantajes, intimidaciones, represalias y sobornos.

Sabemos que Daniel Ortega está empeñado en reelegirse, para lo cual no vacilará en recurrir otra vez a métodos sucios y fraudulentos. Se avecinan por tanto cruentas batallas mediáticas, en las cuales la democracia lleva todas las trazas de perder. En esa confrontación política los hombres y mujeres de prensa serán sometidos a todo tipo de presiones para obligarlos a plegarse a los designios del Frente Sandinista, el cual cuenta para ello con fondos ilimitados, a través de la cooperación que le brinda el presidente Hugo Chávez, de Venezuela.

Por esta razón urge reforzar por todos los medios la organización de los periodistas democráticos e independientes. Lamentablemente, la Asociación de Periodistas de Nicaragua (APN) es casi inoperante, o, en el mejor de los casos, poco beligerante. Por regla general sus oficinas, ubicadas frente al Zumen, se encuentran cerradas, y nadie puede informar sobre el paradero de sus dirigentes.

Ante esta situación se produce un gravísimo estado acéfalo, al interior del gremio, y se hace indispensable, por lo tanto, la creación de un Colegio de Periodistas Independiente. Una entidad de esa naturaleza infundiría en los periodistas democráticos la esperanza que necesitan para resistir y para luchar por la reivindicación de sus principios. Ella podría brindar también el respaldo logístico, material y espiritual que exige la labor periodística dentro de las condiciones de autoritarismo y de totalitarismo que prevalecen en nuestro atribulado país. Los periodistas independientes, enfrentados a un gobierno represivo, y a una prensa oficialista vociferante, manipuladora y calumniadora, necesitan un liderazgo firme, decidido, proactivo y esclarecido. De no existir este, se caería en una marcada desventaja, con resultados previsibles de un rotundo fracaso, lo que luego habremos de lamentar amargamente por otros cinco largos e insoportables años.

Muchos periodistas independientes y democráticos se encuentran en la actualidad enfrentados a terribles dilemas, en los cuales se contraponen los dictados de su conciencia a la necesidad de garantizar ingresos para su manutención. Muchos están confundidos, y andan un poco a la deriva, sin tener un rumbo fijo ni un Norte muy definido. Algunos de ellos, indecisos, y temerosos, son presa fácil de tentadoras ofertas para convertirse en asalariados plumíferos del régimen.

El Colegio de Periodistas Independiente brindaría la orientación y el apoyo moral que se necesitan para poder enfrentar adecuadamente las terribles embestidas que se nos avecinan. No olvidemos que uno de los recursos que anteriormente ha empleado el orteguismo es la violencia, no sólo verbal, sino también física. Y si pudo emplear la violencia, a través de pandilleros y delincuentes, en contra de ciudadanos pacíficos, en el caso de las elecciones municipales, hay sobrada razón para creer que también la empleará, incluso en mayor escala, tratándose de las elecciones del 2011, en las cuales estará en juego la silla presidencial.

La institución que aquí proponemos no resulta del todo inédita dentro del convulso panorama nacional. Recordemos que en la década de los ochenta existieron en Nicaragua dos versiones de Conapro (Corporación Nacional de Profesionales); la Conapro Héroes y Mártires (oficialista) y la Conapro Independiente, la cual realizó denodados y exitosos esfuerzos para contrarrestar los desmanes y atropellos de la primera.

Ante la proliferación de politicastros podridos, venales y pactistas, que militan en las filas de la pseudo-oposición, la prensa se convierte en el último reducto y trinchera de la democracia.

Sabemos que la creación de una entidad como la aquí propuesta entraña un proceso largo y complejo. Es decir, que las gestiones para concretar su existencia deben iniciarse con mucha anticipación. Por esa razón, algunos periodistas independientes, preocupados por el futuro de nuestro país, nos hemos estado reuniendo desde hace algunos meses, evaluando la viabilidad de este proyecto. Hasta el momento, hemos logrado elaborar el primer borrador de un documento que serviría de base para nuestra organización, el cual está a disposición de todas aquellas instituciones democráticas que lo soliciten. Esperamos que, gradualmente, otras personas se sumen a este esfuerzo, el cual está orientado a defender, empleando la palabra como nuestra única arma, el Estado de Derecho dentro de nuestro sufrido país.


*Escritor, traductor y periodista
douglassal@hotmail.com