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Andrés Pérez Baltodano, en la sección de Opinión de El Nuevo Diario del 19 de marzo de 2010, escribe:

*“El cuerpo dentro del que funciona la mente es una entidad condicionada por su existencia en un espacio histórico determinado, que constituye la plataforma existencial desde el que la mente percibe, construye y reconstruye la realidad”.

Y, luego añade:
*“El pensamiento ético es creado por mentes encarnadas en cuerpos implantados en relaciones histórico-sociales determinadas. Se institucionaliza, como moralidad social, cuando se expresa en el funcionamiento de las estructuras dentro de las que operan los miembros de una sociedad”.

Vemos así, que para APB la mente se encarna. Tiene existencia fuera de la carne… y desciende en una entidad corpórea. Para APB, es el cuerpo –no la mente y la conciencia- quien está condicionado por el espacio histórico en que le ha tocado existir, y quien ha sido implantado en relaciones histórico-sociales determinados; de manera, que el cuerpo –según APB- sirve de plataforma a la existencia de la mente, para que ésta –a partir de su propia esencia, independiente de las relaciones sociales- cree pensamiento ético y norme las relaciones y el funcionamiento de las estructuras de la sociedad.

Habituados a considerar como algo natural la evolución de las especies, a partir de los conocimientos científicos de 1859. Máxime con el desarrollo moderno de la biología molecular y con los descubrimientos del código genético compartido. Nos resulta extraño que alguien, en el siglo XXI, pueda hablar de mentes encarnadas, mientras las ciencias humanas (entre ellas, la antropología) comprueban que la estructura prensil de las manos de los primates, y el desarrollo del dedo pulgar más largo ha permitido desarrollar la capacidad de trabajo y, con ello, la transformación gradual del mono en hombre. El homo habilis sería el primer fabricante y usuario de herramientas, y el miembro más antiguo del género homo. Seguramente, para APB, la evolución tampoco es real puesto que la mente parece estar desligada de la evolución de la materia corporal, así como las ideas aparecen, también, desvinculadas de la realidad social.

La objetividad de la evolución humana y, por ende, de la evolución social, se sostiene a partir del desarrollo de la capacidad de trabajo sobre la naturaleza para satisfacer necesidades cada vez más colectivas. La evolución de las fuerzas productivas, en momentos cumbres de la historia, por contradicción con las relaciones sociales concretas que impiden su ulterior desarrollo, crea la necesidad objetiva de saltos cualitativos, que se expresan en la transformación del orden social. Frente a esa dinámica objetiva de la realidad social, APB escribe:

•“La realidad social se forma y ordena dentro de las normas que definen su sentido. De ahí que cualquier forma de “objetivismo” constituye una ilusión”.

Desvinculado abiertamente de la objetividad científica, APB derrocha a manos llenas afirmaciones antojadizas, sin método alguno de análisis que se adecue a la aprehensión del conocimiento de la realidad cambiante. Así, sin mayor demostración, APB de un tajo niega la existencia de la realidad social:

•“El “objetivismo” es una perspectiva teórica que asume la existencia de una realidad social fuera de las representaciones normativas. La realidad social, así concebida, no existe”.

Todo el conocimiento científico se basa, por el contrario, en esa objetividad de la realidad, aunque nuestra capacidad cognitiva no logre aprehenderla en su totalidad.

A propósito del holocausto, APB afirma que la Alemania nazi demostró que se puede ser civilizado y salvaje. Con lo cual, parece no comprender que desde que existe la explotación del hombre por el hombre, en los albores de la formación social, la historia de la humanidad ha sido construida sobre la base de una contradicción cada vez más elevada en el seno de la sociedad, entre civilización y barbarie. Cuya expresión es la lucha de clases entre explotadores y explotados, cuya relación social cambia en función de modos de producción que utilizan medios productivos con conocimientos tecnológicos cada vez más avanzados. APB concluye:

•“El poder nazi y el holocausto no pueden explicarse como un simple poder coercitivo que aplastó a la sociedad alemana, como una consecuencia de la lógica capitalista. En realidad, se contrapone a esos intereses.

APB, definitivamente, no comprende que el modo de producción capitalista es contradictorio en sí mismo, que induce al derroche de recursos productivos, y al consumo irracional. La guerra inter-imperialista misma es un reflejo de la contradicción de los intereses capitalistas. No hay intereses capitalistas coherentes en abstracto, normados subjetivamente por alguien, encima de la sociedad y de las naciones, como piensa APB. A las contradicciones sociales propias de este sistema, le es consustancial, además, un conflicto inter-burgués, por la exacerbación del interés individual como motor del desarrollo económico.

La anarquía de la producción capitalista, determinada por las reglas del mercado, produce crisis periódicas de sobreproducción, contrarias a los intereses abstractos del capitalismo (cuya lógica APB norma en su mente encarnada). La especulación financiera, expresión del capitalismo en su máximo desarrollo, lleva, incluso, a una oferta de bienes al margen de la demanda real del mercado, que pone objetivamente al borde del colapso al sistema en su conjunto (lo cual no puede explicarse desde la lógica capitalista que APB desea normar mentalmente, sino que obedece, simplemente, al interés individual de los banqueros). La incapacidad de revertir el cambio climático, revela, por su lado, cómo el interés de transnacionales y petroleras se enfrenta no sólo contra los intereses del capitalismo en abstracto (cuyas normas éticas sólo APB conoce), sino, a la sobrevivencia de la vida misma en el planeta.

Las formas de gobierno tampoco obedecen a normas y a principios éticos. El uso de formas democráticas de gobierno o de formas más abiertamente represivas, ajusta objetivamente el sistema de dominación (la superestructura estatal), a la dinámica del enfrentamiento social. Con métodos prácticos de gobierno que consigan doblegar cualquier iniciativa independiente de las masas.

El nazismo y las distintas formas de fascismo que surgieron en Europa luego de la Primera Guerra Mundial, expresaban una respuesta a la crisis económica de la posguerra, agravada por la recesión de 1929, con un programa militar de expansión dirigido hacia una guerra de reparto colonial (que calaba en los sectores sociales económicamente deprimidos, que de pronto dieron su apoyo a Hitler). Por otro lado, una fórmula de fanatismo ideológico atraía y encuadraba a la pequeña burguesía como fuerza de choque en contra del proletariado, en defensa de privilegios individuales (incluso, raciales, exacerbados por la propaganda fascista), para enfrentar al internacionalismo obrero (contrario a la guerra de expoliación de otros pueblos), y al peligro que el movimiento obrero diera salida a la crisis con un orden de planificación económica en el que predominara el interés colectivo (que la pequeña burguesía percibía contrario a sus intereses de pequeños propietarios).

Al margen del fenómeno histórico concreto del fascismo, caracterizado por la desesperación de la pequeña burguesía, APB hace preguntas metafísicas:

•¿Cómo es posible que millones de alemanes abandonaran los “principios éticos” de una sociedad civilizada? El eclipse ético de la sociedad alemana desembocó en el más grande crimen contra la humanidad de la historia moderna. La “perfectibilidad humana” debe reconsiderarse frente a eventos como el holocausto.

¿Cómo mide y valora subjetivamente la magnitud de los crímenes la mente encarnada de APB? ¿Para él qué magnitud tiene el exterminio de la población aborigen de América, que en un siglo de dominio colonial fue reducida de 70 millones a 3 millones de seres? ¿Y las víctimas de la esclavitud negra, que se estima en 80 millones de seres humanos? Por alguna norma ética, la mente de APB no le da sentido a la realidad de la explotación humana, y estos crímenes en contra de los explotados no ponen en entredicho la “perfectibilidad humana”, mientras el holocausto sí.

Una sociedad civilizada, en el régimen de producción capitalista globalizado, se basa en los intereses de las transnacionales, que no guardan ninguna relación con la ética. Ni los ciudadanos se rigen, o abandonan, principios éticos, sino, que se ven compelidos a luchar por intereses contrarios a los suyos, con base a la ideología dominante. Incluso en guerras de exterminio irracional, bajo el concepto de guerra total, con el uso ilimitado de los recursos humanos.

La perfectibilidad humana, tampoco, se sustenta en normas éticas. Para el socialismo, el humanismo se basa en la posibilidad objetiva de transformar las condiciones materiales de producción, de modo que el interés colectivo de los desposeídos logre satisfacer las necesidades humanas con relaciones sociales de igualdad, que no se basen en la explotación (cuyo origen es la propiedad privada de los medios de producción).

*Ingeniero Eléctrico