Jorge Eduardo Arellano
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La semana pasada habían acordado que Caresol, quien había demostrado tener muchos conocimientos al respecto, les hablara hoy sobre Mahatma Gandhi. Por lo que esta mañana Caresol había llegado, como quien dice, con su cara más redonda y expandida que nunca, y su figura se empeñaba en recordar sus antiquísimos tiempos de catedrático de Agronomía. Pero esto último era en vano, pues el traje de la solemnidad no encajaba con un Caresol de infaltables mangas negras para protegerse del sol, pantalones exageradamente holgados, botas desabrochadas y arrastrando dos perritos mucho más pequeños que sus enormes pies aquejados de juanetes. Entre broma y broma, acabó por desmoronarse el catedrático, dando lugar a este espacie de gigante espontáneo, como de cuentos para niños. Hasta Watson lo reconoció, y Enrique Alvarado, Sanjinés, Roberto Currie, el de Managua y el de Masatepe, lo urgieron para que, en lugar de estar sonriendo tan enigmáticamente, comenzará su plática de una vez por todas. Y así lo hizo:
Resulta que ayer, hace sesenta años, mataron a Gandhi en su natal India y por ello en esa fecha, 30 de enero, se conmemora su martirio y se celebra el Día de la No-Violencia y la Paz. Lo asesinó un fanático, como a Pedro Joaquín Chamorro Cardenal hace treinta años un 10 de enero, pero la inspiración de su vida y sus enseñanzas espirituales viven en los corazones de seres en todo el mundo. En aquella funesta ocasión en que asesinaron a Gandhi, él estaba tratando de unir al primer ministro Nehru y al primer ministro delegado Sardat Patel, por lo que no puedo dejar de comentar --levantó la voz con vehemencia Caresol-- que buscar la unidad, no sólo en la India, como en este caso, sino en cualquier país del mundo, requiere de disposición al sacrificio, porque los fanáticos rondan y los ávidos de poder asechan como serpientes, y ya no se diga quienes pretenden eternizarse en mangonear al pueblo, y siguió: Aquel día les hizo saber a ambos su deseo de que se unieran, y cuenta Louis Fischer que a las cuatro y media de la tarde la fue llevada a Gandhi su última cena, consistente en leche de cabra, vegetales crudos y cocidos, naranjas y una mezcla de jengibre, limoies y manteca colada con jugo de aloe.

Conociendo Abha, su mujer, la devoción de su marido por la puntualidad, a las cinco le mostró a Gandhi su reloj niquelado y éste se dirigió rápidamente hacia el terreno de oración. La gente lo esperaba. Gandhi levantó los brazos, sonrió y unió sus palmas en el saludo y bendición tradicional. Godse, el asesino, estaba en primera fila con la mano en la pistola metida en el bolsillo. Se interpuso en el camino del Mahatma y disparó tres veces. “Oh, Dios”, murmuró antes de morir. “Esta tragedia --diría Jawaharlal Nehru poco después-- no es tan solo el acto aislado de un loco. Proviene de cierta atmósfera de violencia y de odio que prevalece. Esta atmósfera nos envuelve y circunda, y si hemos de estar al servicio de la causa que él nos legó, tenemos que enfrentarnos con esa atmósfera, combatirla, luchar contra ella y desarraigar el odio y la violencia destructores. Puede ser que el mensaje que él personifica sea entendido y puesto en práctica en años venideros más que ahora. Tal mensaje no se confinaba a un país particular o a una comunidad. Sea cual fuere la verdad que encierra es aplicable a todos los países y a la humanidad como un todo”.

Todos los caminantes iban embelezados con la bien documentada disertación de Caresol, quien para concluir dijo: Me preguntaba Currie que si Gandhi tuvo que ver con la “resistencia pasiva”. A mi leal saber y entender yo diría que la “no-violencia” y la “resistencia pasiva” son términos diferentes, y que es el mismo Gandhi quien se encarga de aclarárnoslo cuando escribió: “Rechazo los términos ‘resistencia pasiva’ porque son insuficientes y se interpretan como un arma de los débiles. La no-violencia es la ley de nuestra especie, así como la violencia es la ley de la bestia. Pero allí donde no queda más alternativa que elegir entre la cobardía y la violencia, yo aconsejaría la violencia.” Y en lo que se refiere a que lo calificaran de santo, y a los políticos de aquel tiempo y de éste, escribió como pensando en Nicaragua: “Al rechazar esto de la santidad yo decepciono la expectativa del crítico. Desearía que olvidara su pesar al aclarar yo que jamás el político ha dominado en una sola de mis decisiones y que si parezco tomar parte en la política es porque la política nos circunda hoy como la cola de una serpiente de la que no podemos escapar por más que lo intentemos.”

luisrochaurtecho@yahoo.com