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El concepto de equidad, en el campo de la educación, hace referencia al tratamiento igual, en cuanto al acceso, permanencia y éxito en el sistema educativo para todos y todas, sin distinción de género, etnia, religión o condición social, económica o política. En otras palabras, la equidad, en materia educativa, es hacer efectivo para todos y todas, el derecho humano fundamental de la educación, proclamado en la “Declaración Universal de Derechos Humanos” de 1948 (Artículo 26).

Pero la equidad va más allá de la igualdad ya que, por razones de equidad, el Estado debe tomar medidas compensatorias o correctivas que restablezcan la igualdad ante situaciones desiguales.

La “Declaración Mundial sobre Educación para todos”, aprobada por los Ministros de Educación de todos los Estados miembros de la UNESCO en Jomtien, Tailandia, en 1990 sobre la base de la anterior Declaración, estableció que la educación “es un derecho para todas las personas, hombres y mujeres, de todas las edades, a través de todo el mundo”. Sin embargo, en su Preámbulo, dicha Declaración advirtió que al momento de aprobarse subsistían muchas inequidades en la educación mundial.

¿Cuándo estamos en presencia de inequidades educativas? Una de las peores inequidades son los millones de niños que en América Latina no asisten a escuela y las altas tasas de analfabetismo que aun presentan varios países de la región. Pero también se manifiesta en las elevadas tasas de analfabetismo funcional, en las altas tasas de deserción escolar, motivada principalmente por razones socioeconómicas (un tercio de los niños que en la región comienza la primaria no la concluye); en lo poco que aprenden los niños que asisten a las escuelas rurales y de los barrios marginales porque reciben una educación muy pobre.

Asimismo, son víctimas de la inequidad educativa los adolescentes que no pueden acceder a una educación básica completa, o que se les hace imposible asistir al bachillerato o a la media superior, así como los que abandonan estos niveles sin completarlos, tanto por deficiencias en su formación previa como por razones económicas o de procedencia social o étnica.

La inequidad educativa se da principalmente en el nivel superior. La tasa de escolaridad promedio en este nivel, en América Latina, es de 36%, lo que significa que 64 jóvenes de cada 100 se quedan fuera de la educación superior, mientras en los países desarrollados estas tasas de escolaridad van ya por el 60 y el 85%.

Hay otras formas más sofisticadas de inequidad. Tal sucede cuando es marcada la diferencia entre las escuelas urbanas privilegiadas y las desatendidas de los barrios marginados y zonas rurales, en cuanto al número de alumnos por aula, la disponibilidad de textos, la preparación de los docentes, la inexistencia de bibliotecas escolares, laboratorios, centros de cómputo, materiales didácticos, etc… Otras manifestaciones de inequidad pueden estar asociadas a las diferencias en el número de horas lectivas, los espacios disponibles, el estado de las ediciones escolares, la disponibilidad o no de un local que estimule el aprendizaje, y hasta el llamado “paisaje pedagógico”, etc.

Cifras de la Unesco revelan que un tercio de las escuelas de la región latinoamericana son incompletas, porcentaje que crece en el medio rural. En las escuelas unidocentes suelen trabajar maestros empíricos o sin formación adecuada para la tarea encomendada. Existe inequidad educativa cuando el Estado no ofrece el nivel de educación preescolar a todos los niños ni dispone de suficientes escuelas especiales para atender adecuadamente a los niños con discapacidades, o no se construyen en las escuelas facilidades para el acceso de niños, adolescentes y jóvenes con alguna clase de discapacidad.

En países de diversidad cultural y lingüística, se incurre en inequidad educativa si no se ofrecen alternativas curriculares que tomen en cuenta esa diversidad. América Latina tiene importantes poblaciones indígenas. Tenemos una deuda histórica con ellas, ya que estas poblaciones generalmente presentan las tasas más altas de analfabetismo, deserción escolar, extraedad, repitencia, etc. Según el Instituto Indigenista Interamericano, los sistemas educativos han contribuido muy poco a mejorar la situación de las poblaciones indígenas. Se da también la inequidad educativa cuando en las áreas rurales se imparte un currículo diseñado para zonas urbanas de clase media. Finalmente, cabe la pregunta: ¿No es una inequidad educativa ofrecer a nuestros niños, adolescentes y jóvenes una educación carente de calidad y
pertinencia?