Jorge Eduardo Arellano
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Los científicos del mundo están altamente preocupados. Los efectos del cambio climático son aterradores. Avanza la desertificación y degradación de los suelos. No sólo esta amenazada la seguridad alimentaria, sino también los medios de vida de millones de personas que luchan por sobrevivir advierte la FAO. El fenómeno afecta de manera dramática a los países subdesarrollados. Los recursos naturales sufren una continua degradación mientras los acuerdos internacionales se han convertido en papel higiénico.

A tal grado que la ONU se ha visto obligada a crear la Convención para la lucha contra la desertificación y la Sequía de la Tierra (Unccd) que fue adoptada en 1994 por 190 países para combatir la degradación de tierras que padecen más de 250 millones de personas en el mundo y amenaza a un tercio del planeta. La sexta Conferencia de la Convención sesionó a nivel de jefes de Estado y de gobierno en agosto del año pasado. Tras una semana de reuniones de expertos y de foros paralelos de organizaciones no gubernamentales y de intelectuales, La Habana fue sede de una cumbre afro-caribeña.

Fidel Castro fue el anfitrión y asistieron Hugo Chávez y los ex líderes guerrilleros antiapartheid y ahora jefes de Estado de Namibia, Sam Nujoma y de Zimbabwe, Robert Mugabe. Participaron además presidentes, vicepresidentes y primeros ministros de diferentes estados africanos y antillanos. Junto con ellos el secretario ejecutivo de la Unccd, Hama Arba Diallo y el subsecretario general de la ONU, Ibrahim Gambari.

Los jefes de Estado y de gobierno tuvieron una ronda de discursos y luego una mesa redonda sobre el impacto de la desertificación en la pobreza.

A grandes rasgos mencionaré solo tres ejemplos para que se hagan idea de los grandes daños: Las fuentes de agua del Everest y el Kilimanjaro se están extinguiendo. El Yang Tse, es el río más largo de China. De la única y verdadera. Llegó a su nivel histórico más bajo debido a las sequías. Es que el país más poblado del planeta atraviesa un periodo de sequía extraordinario. Las capas freáticas y la disminución de caudal de los afluentes ocasionan el fenómeno que afecta especialmente al sur del gran país.

En el norte de Camerún se está dando un éxodo. Hay una aldea, Ngouma que ha quedado con 538 habitantes. De ellos 406 mujeres. La mayoría de los hombres, especialmente los que aún pueden trabajar en los campos, se han marchado a causa de la degradación de la tierra y la desertificación. Desde comienzos de los años 70 los poblados de la provincia de Maroua recibieron sólo 200 milímetros de lluvia anual. El promedio nacional de lluvias es de 1 500 milímetros. En vista de las extensas temporadas secas, que duran ocho meses al año, quienes se ganaban la vida con la agricultura prueban suerte en otras partes. Los ganaderos emigran a áreas de pastoreo y los pescadores van hacia el norte, al lago Chad, que se ubica a nueve kilómetros. Aquellos que no tienen empleo fijo se dirigen a las ciudades.

La desertificación es la última etapa del proceso de degradación del suelo, debido a su mal manejo. Se inicia con la reducción de la productividad y termina con la pérdida total de ésta. Cuando se llega allí, la etapa es prácticamente irreversible.