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La calidad es algo intrínseco a la educación en tanto derecho humano fundamental y por tanto bien social y público. Su misma esencia, existencia y vida se enraízan y se desarrollan en la persona humana.

Esta relación se evidencia cuando penetramos y se nos manifiesta el ser y quehacer de la educación, como actividad esencialmente humana. Desde cualquier ángulo que se le mire y analice la educación es la misma persona que va haciéndose al activar sus potencialidades innatas. Su inteligencia, su imaginación, su memoria, su emotividad, su autoafirmación, su identidad, su creatividad, su relación social, su inserción en el mundo, sus valores, su propia existencia. La educación impulsa, despliega, desarrolla todo este potencial de la persona, en su convivencia con la historia, la cultura, el conocimiento colectivo, la producción, la participación social. Todo ello genera paulatinamente el desarrollo de la personalidad de cada quien a través de procesos muy variados que aprovechando su potencial se organizan de manera sistemática y progresiva en lo que denominamos el sistema escolar. En él se reúnen las teorías y enfoques pedagógicos y actividades que se desarrollan y activan en armonía con el crecimiento paulatino de persona plena, es decir, de su cerebro, de su sistema neuropsicológico, de su sistema emocional, de sus conocimientos, habilidades, competencias y valores humanos, sociales y éticos. Para ello cuenta con la interacción del maestro y demás activos educativos.

Sobre la base de esta riqueza, potencial y realidad de cada persona, es necesario ubicar el concepto, realización y concreción de la calidad de la educación en sus diferentes connotaciones, expresiones, formas y niveles a lo largo de la vida de cada persona, puesto que el referente de la calidad está determinado por las distintas formas en la que se despliega su proceso educativo, es decir su autoconstrucción como persona.

Tradicionalmente la calidad está referida a los aprendizajes desde una perspectiva escolar pese a que existen múltiples formas de generar aprendizajes que sobrepasan el ámbito escolar y por otra parte rebasan con creces la generación del crecimiento personal, puesto que quien aprende es toda la persona con su estructura mental, emocional, social, ambiental, contextual y axiológica.

Por tanto, reconociendo que la calidad de la educación se encarna en aprendizajes que tienen significados importantes para la persona, siendo la base y condición de los mismos la lectoescritura y el cálculo que nos posibilitan el dominio de los códigos de la modernidad para desarrollarnos en la sociedad, es necesario comprender esta conexión intrínseca entre dichos aprendizajes y el perfeccionamiento de la persona como tal, de su calidad como persona, pero como persona social, en comunicación con los demás, en comunidad.

Nadie duda que en el aula de la clase formal, la de las disciplinas con su programa, horario, profesor y métodos, la calidad tiene una connotación determinada. La calidad se referirá a cómo ha aprendido y domina el estudiante, como algo propio, el lenguaje, la matemática, la biología, la historia, el inglés, la computación, etc. Pero la educación va más allá de eso porque sus actividades de aprendizaje deben generar a la par el desarrollo de la personalidad del estudiante, su concepto de la vida, sus valores, su conducta, su comportamiento social, sus relaciones humanas, su aporte al bienestar de la familia, de los compañeros, de la comunidad en la que vive y se desarrolla. Todo ello apunta a la calidad.

En el proceso de la alfabetización y de la educación de adultos, siempre la calidad estará referida a los aprendizajes iniciales de la lectoescritura y el cálculo, pero en una dimensión diferente a la escolar tradicional, intra-aula. La calidad será más cercana a la vida, al trabajo, a la producción, a la sobrevivencia, a la participación ciudadana del educando.

El aprestamiento propio de la educación preescolar será diferente entre la actividad socio-pedagógica del preescolar sistemático formal y el preescolar comunal, más relacionado con la vida familiar, la de la propia comunidad preparándose el niño o la niña también para una forma de vida más cercana al entorno social en el que puede quizás aprender más directamente la solidaridad. En la educación técnica los aprendizajes tienen en la práctica su acción transformadora de bienes y servicios a través de los cuales se perfecciona el trabajador como persona. Es una forma específica de crear calidad educativa.

Es decir, si bien la calidad de la educación está siempre relacionada con los aprendizajes en los distintos momentos de la vida y su desarrollo, la forma de construir los aprendizajes, su naturaleza y finalidad difieren precisamente en cuanto a la construcción y calidad de esos aprendizajes para formar la persona perfecta. La calidad por tanto no es un concepto absoluto sino relativo en sus múltiples formas de generarla.

En resumen, los aprendizajes son de calidad al conjugarlos con el perfeccionamiento de las personas allí donde están y en las circunstancias en las que viven.