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Hace ya buen rato que el presidente Daniel Ortega llamó a los periodistas disidentes “Hijos de Goebbels”, por sus constantes críticas a la desacertada conducción del gobierno. Sin embargo, cada día que pasa se confirma que son los medios oficialistas los que emplean al pie de la letra todas las enseñanzas del tristemente célebre ministro de Propaganda nazi. Dicho de otra manera, los verdaderos hijos de Goebbels están en el Canal 4.

Joseph Goebbels era hijo de una familia católica acomodada, recibió una educación esmerada y pronto destacó por su brillante inteligencia. Un defecto físico en las piernas le eximió de incorporarse a filas en la Primera Guerra Mundial. En 1921 se graduó en filología germánica por la Universidad de Heidelberg y trató de vivir como escritor y periodista, pero tuvo escaso éxito.

Paralelamente, sus puntos de vista fueron derivando hacia planteamientos cada vez más cercanos al nacionalsocialismo, hasta que acabó por ingresar en el partido nazi en 1923. Tras una rápida ascensión hacia la cúpula del poder, en 1926 fue nombrado Gauleiter de Berlín, puesto en el cual empezó a dar muestras de su habilidad como orador provocativo y hábil propagandista en una serie de campañas locales.

En 1930 se convirtió en el jefe de la División de Propaganda, trasladó su estrategia regional a un nivel nacional y sentó los principios de la manipulación de las masas a través de la propaganda. Con la llegada al poder de Hitler, fue nombrado ministro de Ilustración Popular y Propaganda, cargo desde el que trató de ganar la voluntad de los alemanes en favor del partido nazi. Su función consistía en controlar todos los medios, la radio, televisión, cine, literatura, etc.

Paul Joseph Goebbels era un tipo chaparro, delgado, de pelo negro y con una pierna más corta que la otra, muy alejado del genotipo ario que tiempo después ensalzó tanto. Ridiculizado y humillado durante su infancia, rechazado por el servicio de reclutamiento para combatir en la Primera Guerra, tiempo después, compensó su “deficiencia física” con intelecto. Cínico, inteligente, solitario y radical, juró vengarse… y lo hizo.

Más que nadie, Goebbels fue el responsable de propagar y popularizar las ideas del partido nazi, inclusive antes de que llegara al poder. Con su refinada demagogia no sólo ridiculizó y atacó a sus adversarios, también conquistó a las masas con un plan de medios sumamente novedoso para su tiempo.

En sus diarios alguna vez escribió: “No hay necesidad de dialogar con las masas, los slogans son mucho más efectivos. Éstos actúan en las personas como lo hace el alcohol. La muchedumbre no reacciona como lo haría un hombre, sino como una mujer, sentimental en vez de inteligente. La propaganda es un arte, difícil pero noble, que requiere de genialidad para llevarla a cabo. Los propagandistas más exitosos de la historia han sido Cristo, Mahoma y Buda”.

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, su actividad propagandística se incrementó considerablemente, en un esfuerzo por mantener alta la moral del ejército y el pueblo alemán a lo largo del conflicto, al tiempo que justificaba las atrocidades cometidas por el régimen.

En este sentido, se convirtió en uno de los más acérrimos defensores de los puntos de vista de Hitler y en su más cercano colaborador. El hecho de que el curso de la guerra fuera definitivamente en contra del Reich no hizo más que acentuar su fanatismo. Por fin, ante la inminente caída de Berlín, envenenó a sus seis hijos antes de suicidarse junto a su esposa en el bunker de Hitler.

Los 11 principios de la propaganda de Goebbels.

Éste es el decálogo de la propaganda nazi en el cual el lector atento no dejará de encontrar mucha afinidad con las cosas que ocurren actualmente en Nicaragua.

1. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único Símbolo; Individualizar al adversario en un único enemigo (el imperio y la oligarquía)
2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo; Los adversarios han de constituirse en suma individualizada (los oligarcas y los “culitos rosados”).

3. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”. (los 16 años del gobierno neo-liberal)
4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.

5. Principio de la vulgarización. “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”.

6. Principio de orquestación. “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.

7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.

8. Principio de la silenciación. Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

9. Principio de la transfusión. Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

10. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo”, creando impresión de unanimidad.