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Sigue la batalla de los Estados Unidos contra China por los tipos de cambio. Cuando comenzó la Gran Recesión, muchas personas se preocuparon de que pudiera aparecer el proteccionismo. Es cierto que los líderes del G-20 prometieron que habían aprendido las lecciones de la Gran Depresión. No obstante, 17 de los 20 miembros del grupo introdujeron medidas proteccionistas apenas unos meses después de la primera cumbre de noviembre de 2008. La disposición para promover la compra de productos estadounidenses (“Buy American”) que se incluyó en la ley de estímulo de los Estados Unidos fue la que más atención despertó. Sin embargo, el proteccionismo se contuvo debido en parte a la Organización Mundial del Comercio.

La debilidad económica sostenida de las economías avanzadas hace que exista el riesgo de una nueva ronda de proteccionismo. En Estados Unidos, por ejemplo, más de uno de cada seis trabajadores que desean un empleo de tiempo completo no logran encontrarlo.

Estos fueron algunos de los riesgos relacionados con el estímulo insuficiente de los Estados Unidos, que se diseñó tanto para calmar a los miembros del Congreso como para reanimar la economía. En vista de los déficits crecientes, es poco probable que haya un segundo estímulo y, debido a que la política monetaria ha llegado a su límite y a que apenas se puede controlar a los halcones de la inflación, tampoco hay mucha esperanza de obtener ayuda por esa vía. Así pues, el proteccionismo está cobrando un lugar preponderante.

El Congreso ha encargado al Tesoro de Estados Unidos que evalúe si China es “manipuladora de divisas”. Si bien el presidente Obama ha retrasado durante algunos meses la fecha en la que Timothy Geithner, el Secretario del Tesoro, debe publicar su informe, el concepto mismo de “manipulación de divisas” está viciado: todos los gobiernos toman medidas que afectan directa o indirectamente al tipo de cambio. Los déficit presupuestales imprudentes pueden conducir a que haya una moneda débil, del mismo modo que las tasas de interés bajas. Hasta que estalló la reciente crisis en Grecia, los Estados Unidos se beneficiaban de un débil tipo de cambio dólar/euro. ¿Debían los europeos haber acusado a los Estados Unidos de “manipular” el tipo de cambio para aumentar las exportaciones a sus expensas?

Aunque los políticos estadounidenses se centran en el déficit comercial bilateral con China –que es persistentemente grande—lo que importa es la balanza multilateral. Cuando comenzaron las exigencias de que China ajustara su tipo de cambio durante la administración de George W. Bush, su superávit comercial multilateral era pequeño. Sin embargo, más recientemente China también ha tenido un superávit multilateral importante.

Arabia Saudita también tiene superávit bilateral y multilateral: los estadounidenses quieren su petróleo y los sauditas quieren menos productos estadounidenses. Incluso en términos de valor absoluto, el superávit multilateral de mercancías de Arabia Saudita de 212 mil millones de dólares en 2008 fue muy superior al de China de 175 mil millones de dólares; en términos de porcentaje del PIB, el superávit de cuenta corriente de Arabia Saudita, de 11.5%, es más del doble del chino. El superávit de Arabia Saudita sería mucho mayor si no fuera por las exportaciones de armamento estadounidenses.

En una economía global con una demanda agregada deficiente, los superávit en cuenta corriente son un problema. Pero el superávit en cuenta corriente de China de hecho es inferior que la cifra combinada de Japón y Alemania. Como porcentaje del PIB es del 5%, frente al 5.2% de Alemania.

Muchos otros factores, además de los tipos de cambio, afectan la balanza comercial de un país. Uno de los elementos determinantes clave es el ahorro nacional. El déficit comercial multilateral de Estados Unidos no se reducirá significativamente hasta que el país ahorre mucho más; si bien la Gran Recesión indujo un mayor ahorro doméstico (que era prácticamente de cero), eso se ha visto más que anulado por el creciente déficit gubernamental.

Es probable que un ajuste del tipo de cambio únicamente haga que cambie el lugar donde los estadounidenses compran sus textiles y prendas de vestir –en Bangladesh o Sri Lanka, en lugar de China. Mientras tanto, un aumento del tipo de cambio probablemente contribuirá a la desigualdad en China, puesto que los agricultores pobres se enfrentan a una creciente competencia de las granjas altamente subsidiadas de los Estados Unidos. Esta es la verdadera distorsión comercial de la economía global, por la que millones de pobres en los países en desarrollo resultan perjudicados mientras Estados Unidos ayuda a los agricultores más ricos del mundo.

Durante la crisis financiera asiática de 1997-1998, la estabilidad del renminbi desempeñó un papel importante para estabilizar la región. De la misma forma, la estabilidad del renminbi ha ayudado a que la región mantenga un crecimiento sólido, del que se beneficia el mundo en su conjunto.

Algunas personas aducen que China debe ajustar su tipo de cambio para evitar la inflación o la formación de burbujas. La inflación sigue estando contenida pero, lo que es más pertinente, el gobierno chino tiene a su disposición un arsenal de armas de otro tipo (desde impuestos a las entradas y los beneficios de capital hasta una variedad de instrumentos monetarios).

Pero los tipos de cambio sí afectan los patrones de crecimiento, y es del interés de China reestructurar y alejarse de una alta dependencia del crecimiento impulsado por las exportaciones. China reconoce que su moneda debe apreciarse en el largo plazo y convertir la velocidad a la que lo debe hacer en un tema político ha resultado contraproducente. (Desde que comenzó a revaluarse el tipo de cambio en julio de 2005, el ajuste ha sido de la mitad o más de lo que la mayoría de los expertos creen que es necesario.) Además, iniciar una confrontación bilateral sería imprudente.

Puesto que el superávit multilateral de China es la cuestión económica que preocupa a muchos países, los Estados Unidos deben buscar una solución multilateral basada en reglas. Imponer derechos unilaterales después de haber calificado unilateralmente a China de “manipuladora de divisas” socavaría el sistema multilateral sin muchos beneficios. China podría responder imponiendo derechos a los productos estadounidenses que se benefician directa o indirectamente de los subsidios otorgados como parte del enorme rescate de los bancos y fabricantes de automóviles.

En una guerra comercial no hay ganadores. Por ello, Estados Unidos debe tener mucho cuidado de no iniciar una en medio de una recuperación global incierta – por popular que pueda ser entre los políticos cuyos electores están preocupados, con razón, por el elevado desempleo y por fácil que sea culpar a los demás. Desafortunadamente, la crisis global se gestó en los Estados Unidos, y el país debe voltear hacia adentro, no sólo para reanimar su economía sino para evitar una repetición.

Joseph E. Stiglitz es profesor de economía de la Universidad de Columbia y ganador del Premio Nobel de Economía en 2001. Su libro más reciente: Freefall: Free Markets and the Sinking of the Global Economy ya está disponible en francés, alemán y japonés y pronto lo estará también en español, italiano y chino.
Copyright: Project Syndicate, 2010.
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