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Aunque, y con razón, el vértigo de la política dominó los acontecimientos en los días recientes, quisiera comentar un hecho que aparentemente, insisto, aparentemente, está desligado de la política, pero que se toca de forma directa con la vida diaria de millones de nicaragüenses, y en sus implicancias a mediano y largo plazo, con la vida de todos los nicaragüenses.

Personeros del gobierno vinculados con el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), advirtieron de la quiebra del mismo, en cuestión de muy pocos años.

La discusión, sobre el desastre financiero que tal hecho representará para el país, y el desastre económico-humano que significará para millones de nicaragüenses --entre jubilados y trabajadores activos que están cotizando en el mismo, y sus familiares-- hasta ahora se ha centrado en hechos verdaderos, de mayor o menor importancia, pero que evitan el meollo de problema.

Las malas y dudosas inversiones que se han hecho durante muchos años con los fondos del INSS, es una de las razones, y de fondo. Es increíble cómo una institución de tanto interés público, se ha manejado con tanto secretismo e irresponsabilidad, por razones de politiquería.

Como el problema, desde el punto de vista financiero y actuarial, es que la institución no podrá, en algún momento, dada la relación entre cotizantes, pocos, y muchos beneficiarios --por enfermedad, invalidez, vejez y muerte-- enfrentar sus compromisos, lo que se discute es cómo aumentar el monto de las cotizaciones (disminuyendo la capacidad de las empresas de invertir y generar nuevos empleos), o bien reducir los beneficios y/o prolongar el período de cotizaciones, es decir, retrasar la edad de jubilación. Son, de una u otra forma, lo que de forma “engolillada” el vocero gubernamental llamó “reformas paramétricas”, tratando de “marear al chompipe”, como se dice popularmente.

De diferente naturaleza es la medida según la cual el Estado, léase todos los contribuyentes con sus impuestos, haría transferencias al INSS para financiarle su brecha, con lo cual la capacidad del Estado para invertir y hacer crecer al país se disminuye.

Todas las medidas anteriores probablemente sean, con una visión de corto plazo, inevitables, pero no resuelven el problema de fondo, sino que por el contrario lo postergan y agrandan.

La solución de fondo es que aumente el número de cotizantes --que actualmente son una fracción relativamente pequeña de la Población Económicamente Activa, es decir, en edad y capacidad de trabajar, pero que se encuentra desempleada o trabajando en la informalidad, es decir “rumbeando”-- y para eso la única forma es que el país invierta más, y crezca más, y genere más empleos formales.

Si alguien cree que con el gobierno de Ortega se invertirá y crecerá al ritmo que el país necesita para evitar el desastre del INSS que sus propios voceros anticipan, sería interesante escuchar sus argumentos. Y la misma pregunta se plantea a la próxima misión del Fondo Monetario Internacional (FMI), cuya inminente presencia es la que disparó los comentarios del vocero gubernamental en cuestión, anticipando el amargo purgante que nos están preparando.