•  |
  •  |
  • END

Cuando en algunos foros académicos, en reuniones de análisis de la realidad o en simples tertulias de conocidos, uno/a interviene y caracteriza al régimen del Presidente Daniel Ortega como dictadura neopopulista con veleidades fascistoides, no faltan los fariseos serviles que se alzan desde sus blancos sepulcros para lanzarle al atrevido/a, unas furibundas miradas aniquiladoras: directamente proporcionales al salario que ganan, a la coima o tajada que están agarrando, al hueso que están royendo o a la cuota de poder que creen tener en el régimen.

Después, festinada y olímpicamente decretan sobre uno/a la exclusión de estos grupos proclives a una adoración cuasi religiosa (parece que a esta pandilla los hicieron hipersensibles, inmunes e intolerantes a las críticas) para luego continuar en el mejor de los stalinistas estilos, a postularlo o a uno/a como candidato/a a paciente del hospital psiquiátrico más cercano por causa de inveterados desvaríos políticos paranoicos, por manifiesta incapacidad para separar realidad de la fantasía y absoluta y peligrosa incomprensión del momento histórico. Sólo ellos se creen los iluminati y piensan que aquellos que pipeamos distintos somos unos envenenados o magnicidas en potencia sedientos de poder o de gloria.

Pero los más aventados, radicales y provocadores, le dicen a uno/a desde una estulticia (estupidez) supina, que si este gobierno es fascista lo que uno debe hacer es enmontañarse y combatirlo con las armas en la mano. Generalmente, quien emite una opinión así de belicosa, es un cobarde que jamás en su vida han tomado un arma para hacer revolución o contrarrevolución, ni ha sufrido nunca la pérdida de la vida de un ser querido y piensa que la guerra es algo que se puede traer a colación en este país bajo cualquier pretexto espurio: defender la candidatura de un caudillo, la permanencia de unos magistrados en su bajareque o defender el fraude electoral.

Esto lo único que revela es sed de sangre producto de nuestra cultura de violencia, un oportunismo político de llevarlo a uno/a al terreno donde la violencia y el poder siempre ganarán; y lo que desean en el fondo estos draculillas crapulosos es volver a darse sus bañitos de Navidad Roja, realizar sus utopías de campos de concentración (remember Tasba Pri) y demás supresiones físicas selectivas (los nombres de las víctimas pueden ser colocadas en este paréntesis por el lector).

En circunstancias que una buena parte de los nicaragüenses deseamos vivir en paz y democracia, y ante los actos arbitrarios, ilegales, ilegítimos, delincuenciales, pro bélicos y masivos del partido en el poder, guiadas por sus dirigentes, los ciudadanos tenemos la libertad y el derecho de caracterizar el gobierno actual de la forma que consideremos y creo firmemente que nos asiste un sagrado derecho humano de organizarnos para resistir. Hacer toda la resistencia pacífica, cívica, no violenta que podamos frente al intento de montar una dictadura dinástica y familiar.

Si acaso estamos equivocados el tiempo nos lo dirá, y si no, éste nos dará tristemente la razón. Ojalá los equivocados seamos tanta gente pacífica de buena voluntad y los que tengan la razón sean los encapuchados, violentos, atilitas -según Don Jaime Morales-, vándalos que para los plumíferos de turno, representan la voluntad popular y lo único que desean es construir el amor y la paz a pedradas, patadas, cadenazos, morterazos y disparos, pero probablemente nosotros –los estúpidos, alienados, culitos rosados y maricones- no los comprendemos. ¡Qué pena! ¿Pero no les parece una manera un tanto violenta, un poquito cavernaria y totalmente una vía imposible para construir la paz?

En circunstancias que son evidentes los deseos de perpetuarse en el poder de una dinastía, los afanes reeleccionistas de los miembros del pactíbulo, las prácticas fascistoides de herir la dignidad y divinidad humanas, no nos queda más remedio que resistir. Hacer resistencia como todos los pueblos la han hecho a lo largo de la historia cuando les ha tocado vivir circunstancias similares.

La resistencia debe ser total, es decir, a todos los niveles e intensidades vividas en los juegos de poder. Según Michel Foucault el sistema de poderes es una red compuesta de puntos con más o menos poder que se extienden en toda la sociedad humana. Por lo que debemos estar conscientes de que no sólo los poderosos tienen poder sino que todos tenemos un peso y una intensidad de poder en esa red. Es decir, el Comandante tiene poder pero al mismo tiempo, el agitador Porras tiene poder, las masas agitadas y las masas agredidas como organizaciones o individualidades tenemos poder. Y poder que no se usa se ensarra. Así que en las tareas de resistencia uno debe saber utilizar su poder.

Debemos saber diferenciar las tareas de resistencia articuladas entre tres bloques imprescindible (la sociedad política conformada por el estado y los partidos), la sociedad civil organizada y sin organizar, y la sociedad religiosa (compuesta del clero y feligreses, pastores y rebaños). En una articulación adecuada de acciones no violentas y pacíficas de resistencia de mayor y menor intensidad por parte de estos tres sectores, se puede deconstruir cualquier intento de dictadura, afanes de totalitarismo tropical y utopías mesiánicas desfasadas.

A nivel de los imaginarios operativos la resistencia no violenta debe asumir las banderas del amor, el perdón, la reconciliación la no violencia, la solución pacífica de conflictos en la praxis. Asumir que estos imaginarios no le pertenecen a los demagogos que los enuncian, los verbalizan y en la concreta se dedican a agredir, destruir y aniquilar. Poner constantemente en evidencia la distancia entre el discurso y los estilos reales de vida de los líderes, los dirigentes y demás turiferarios del poder violento. Todos ellos son a Dios rogando y con el mazo dando.

Entre las formas de articular las acciones orgánicas de resistencia, existen experiencias históricas de las luchas pacíficas, no violentas, que encabezaran Mahatma Gandhi contra el Imperio Colonial Inglés en Sudáfrica y la India; las luchas no violentas que liderara Martin Luther Kin Jr por los derechos del pueblo afro descendiente en el seno del imperio más poderoso de la tierra, los Estados Unidos de América.

Específicamente sobre la articulación de sociedad política, sociedad civil y sociedad religiosa están los casos del sindicato Solidaridad en Polonia frente a la dictadura stalinista en los años 70-80. O el caso paradigmático de la labor de resistencia que la Vicaría de la Solidaridad de la Iglesia Católica más un sector importante de las iglesias evangélicas en Chile, implementaron para resistir, permitir la organización, el flujo de ideas, los debates, las estrategias y tácticas que al final tuvieron una expresión política que dio al traste con la dictadura de Pinochet.

Sobre las formas de propaganda de la resistencia frente a las dictaduras les escribiré en el próximo artículo. Para mientras sin estridencias ni violencias: ®

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus