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“El amor es la fuerza más humilde,
pero la más poderosa de que dispone el mundo”

Mahatma Gandhi

A raíz de los recientes acontecimientos en Nicaragua --que denotan una crisis institucional severa y dejan de manifiesto prácticas vandálicas como método de presión en el proceso de toma de decisiones entre los poderes del Estado y la absoluta pérdida de independencia de poderes y sistemas de contrapesos - he observado en comentarios a los artículos periodísticos en línea, en foros virtuales y redes sociales, cientos de opiniones de internautas haciendo un llamado a la utilización de acciones violentas como respuesta a la situación política del país y, ante cualquier comentario en contrario, cabe preguntarse: ¿Qué es lo que podemos hacer?

En la historia de la humanidad, podemos citar grandes revolucionarios tales como Jesús de Nazaret, Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Nelson Mandela, entre otro(a)s, quienes desarrollaron y generaron cambios en sus naciones y en el mundo de forma verdaderamente revolucionaria y de carácter perdurable, apoyándose en métodos, prácticas y filosofías de resistencia no-violenta.

Satyagraha, ha sido la filosofía rectora de poderosos movimientos no–violentos de nuestra historia moderna. Satyagraha fue desarrollada por el indio Mahatma Gandhi (1869-1948), quien lideró un movimiento social por la independencia de India. En su texto, La Resistencia No-Violenta la describe de la siguiente forma: “Su significado es sostener la verdad, la fuerza de la verdad. También la he llamado fuerza del amor o fuerza del alma. En la aplicación de satyagraha descubrí en las primeras etapas que el perseguir la verdad no admite violentar a nuestro oponente sino que éste debe ser advertido de su error mediante la paciencia y la simpatía. Porque lo que parece ser verdad para uno puede parecer ser falso para otro. Y la paciencia significa auto-sufrimiento. Así, la doctrina se convirtió en el restablecimiento de la verdad sin violentar o hacer sufrir al oponente sino que a uno mismo.” (Gandhi, 1961)

En términos prácticos, la resistencia no-violenta, puede darse a través de la negociación y arbitraje, preparación de un grupo para la acción directa, agitación, emisión de un ultimátum (dirigido al oponente u opresor), boicoteo económico y medidas de huelga, no cooperación con las autoridades, desobediencia civil, usurpación de las funciones de gobierno y la conformación de un gobierno paralelo.

Para citar un caso más cercano, podemos referirnos a lo ocurrido en El Salvador en 1944, cuando el dictador Maximiliano Martínez fue obligado a dimitir (entre otros factores) por medio de una acción organizada mediante un movimiento de resistencia no-violenta, liderada por estudiantes a quienes después se le sumaron taxistas y los funcionarios civiles. Como parte de las formas de manifestarse se cerraron las tiendas y los bancos y los médicos se limitaron a atender únicamente los casos urgentes. Adicionalmente, el 18 de mayo, 40.000 personas se congregaron ante el Palacio Nacional. En consecuencia, tres días después el dictador Martínez dimitió y su sucesor concedió amnistía a todos los presos políticos, ordenó la libertad de la prensa y organizó unas elecciones generales. (MINED, ES; 1994)

Otro ejemplo de formas de acción colectiva no-violenta del Siglo XXI - mismas que han sido ampliamente estudiadas por la ciencia política - son las Revoluciones de Colores; “protestas encabezadas por movimientos sociales de base estudiantil y encaminadas a reclamar la instauración de un régimen democrático” (Gordon y Gollet 2005) El nombre deriva de la masiva utilización simbólica de colores o nombres de flores empleados como elementos de identificación por parte de la oposición y sobre todo por los movimientos sociales retadores, cuyas actuaciones estuvieron inscritas en la política de la no violencia. El uso de estos elementos “simbólicos” es lo que les da su nombre, adicionalmente incorpora aspectos artísticos y culturales más amplios, tales como la composición de canciones, la creación de insignias y lemas, así como la promoción de múltiples muestras artísticas y culturales que criticaban los regímenes políticos vigentes.

Lo que detonó el surgimiento de estos movimientos fue la perpetuación de fraudes electorales, eso marcó la selección de estrategias de acción colectiva que se llevaron a cabo, principalmente: 1) Estructuración de alianzas y capacitaciones con organismos internacionales comprometidos con la promoción de la democracia, de modo que se estableciera una red de transferencia de recursos, experiencias, información y capacitación denominada Red Transnacional de Defensa; 2) Campaña por la defensa del voto en contra de fraudes electores; 3) Educación electoral, orientado a enseñarle a los ciudadanos cómo votar correctamente, concienciarlos sobre la importancia de participar en los procesos electorales y la relevancia de unas elecciones libres, transparentes y competitivas, cómo dirigirse a los puestos de votación que les corresponde e identificar a los candidatos y 4) Monitoreo de las elecciones, manteniendo informada en tiempo real a la población a través de sitios virtuales sobre el desarrollo de las elecciones desde diferentes ciudades, dicho monitoreo se llevó a cabo de manera conjunta entre los activistas de los movimientos sociales, los observadores nacionales e internacionales y distintas ONG.

En la implementación de estas estrategias, las mismas deben matizarse según el contexto y las necesidades de cada país, en el caso de la conformación de alianzas con organismos internacionales es fundamental que provengan de diversos ejes geopolíticos, de modo que sea un proceso educativo y de denuncia de carácter universal, avocándose también en la solidaridad jurídica entre los estados y la imperiosa necesidad de promover internacionalmente regímenes democráticos como una forma de gobierno (la única que ha podido dar resultado en la historia contemporánea) que garantice la coexistencia pacífica de las naciones.

No hay que dejarse seducir por llamados a la violencia como respuesta a la crisis institucional que padecemos actualmente en Nicaragua, que en vista de la situación la tendencia es que continuará agudizándose. Cualquier respuesta que se dé a la violencia, al autoritarismo y a la ilegalidad, en los mismos términos, únicamente nos haría retroceder en nuestro proceso de consolidación democrático como nación y deslegitimaría cualquier posicionamiento ciudadano en pro de la democracia.

Las resistencias pacíficas y las movilizaciones sociales no tienen límites, el repertorio de acción colectiva no violenta es infinito. Tal como ha señalado el filosofó francés Jean-Marie Muller “…aunque la resistencia no violenta no permite evitar la represión, la priva de cualquier justificación. La respuesta no violenta sirve para desacreditar aún más los regímenes que hacen uso de herramientas violentas” (Muller, 2005)

En Nicaragua, las pérdidas humanas y económicas a causa de la violencia son innumerables e indefinibles, debemos ser un ejemplo en el uso y la defensa de la resistencia pacífica y de la promoción de la democracia. La respuesta violenta a actos violentos, deslegitima la demanda, el medio, el fin y a las personas.

*jasminmaria@hotmail.com