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Con gigantescos subsidios y rigurosa protección de sus mercados, la tríada del Norte (USA, Unión Europea y Japón) ha logrado un autoabastecimiento excedentario de su producción de alimentos. Mediante la exportación de sus excedentes y la imposición de las políticas neoliberales ha devastado la producción alimentaria de la periferia. Según la FAO, de los países del capitalismo periférico y “emergente” sólo se autoabastecen Argentina, Brasil y Tailandia; el resto, incluyendo China, India y Corea del Sur, tiene grandes déficit alimentarios, cuyo valor es calculado por la misma FAO en 29 millones de millones de dólares.

Un valor de 29 millones de millones de dólares significa un inmenso mercado donde Nicaragua podría exportar una producción de alimentos para la cual tiene tradición, cultura laboral y vocación de tierras, sin necesidad de procesos de reconversión que requieren de grandes inversiones: maíz, frijoles y arroz. Un mercado que generalmente no tiene las protecciones que establecen los países de la tríada del Norte (subsidios, cuotas, tarifas, medidas sanitarias y fitosanitarias, etc.), y que además lo tenemos al lado. Un ejemplo al respecto: Costa Rica, nuestro vecino con mayor nivel de desarrollo en la región, importa el 80 % de los granos básicos que constituyen la base alimentaria de su población.

Sin embargo, Nicaragua no sólo no se ha especializado en exportar granos básicos sino que es incapaz de producir para autoabastecerse. Importamos maíz, frijoles y arroz en montos que ascienden hasta 2 millones 967mil dólares (2008, Magfor). Una verdadera vergüenza.

La causa básica de este fenómeno está en el hecho de que hemos sido incapaces de instrumentar una estrategia seria de seguridad alimentaria y seguimos aplicando las políticas del llamado “libre comercio” que nos impuso el neoliberalismo desde el Norte. El campeón del “libre comercio” dentro del gobierno actual es el Mific. Con una jerarquía neoliberal de mente y corazón, y una tecnocracia tan corta de alcances como fatua, le importa un bledo el desarrollo de un mercado interior y se ha concentrado en una especialidad: el impulso a cualquier costo de los TLC. Reivindica con orgullo la firma del Cafta y de los TLC con México y Chile, las negociaciones que lleva a cabo de TLC con Panamá y Canadá, y futuros proyectos de TLC con Colombia y Perú. La propuesta del ALCA que a los gringos se les vino abajo en América del Sur, el Mific la vive con frenesí. Una especialidad que se ha convertido en rentable modus vivendi: viajes y viáticos en constante ebullición y relaciones con la casta internacional que promueve los TLC al servicio del Norte.

El resultado de esta práctica especializada es el de que nuestro déficit comercial con el mundo crece vertiginosamente, y en 2008 alcanzaba la magnitud de -2mil 529 millones de dólares. Solamente con USA, después de la firma del Cafta, tenemos un déficit comercial acumulado, entre 2005 y 2009, de – 1.803.073.602,00.

Nuestro creciente déficit comercial es el eje que dinamiza un círculo perverso que nos está llevando a la inviabilidad económica como país. El déficit comercial incrementa nuestro déficit fiscal. Para cubrir este último, requerimos de un endeudamiento ascendente y de la cooperación del Norte, condicionada política y económicamente. Para obtener créditos necesitamos de la tutela del FMI. Esta tutela nos obliga a no poder realizar una reforma fiscal progresiva, a no poder elevar el gasto en educación y salud, a no poder elevar los salarios reales, a que el Banco Central se la pase colocando bonos de deuda estatal, a cercenar el desempeño del Estado hasta su mínima expresión, paralizando sus funciones de diseño estratégico y responsabilidad social (el Estado ideal que propone el neoliberalismo).

Este círculo perverso nos empuja a vivir del endeudamiento externo, de la caridad satánica de la cooperación del Norte, y de las remesas de la exportación de mano de obra. Y sobre todo, este círculo erosiona y limita todo el potencial virtuoso que tienen las políticas derivadas de la cooperación venezolana. El ALBA y el libre comercio se evidencian radicalmente incompatibles.

En las negociaciones del llamado Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, el Mific ha jugado el papel de quinta columna interna al servicio de la Unión Europea y de las miopes y mezquinas oligarquías centroamericanas. Ignoró las directrices de negociación emanadas del documento de posicionamiento nacional elaborado por la Comisión de Consulta nombrada por el Presidente; claudicó ante la Unión Europea en todo lo esencial que atañe a una auténtica defensa de los intereses nacionales y regionales; sistemáticamente ha saboteado las iniciativas que se han hecho desde la Cancillería para evitar la firma de un tratado de entrega incondicional y protección de los intereses nacionales y regionales.

A la postre, Nicaragua puede terminar firmando un tratado que aumentará aún más su déficit comercial, entregará aún más sus recursos y servicios estratégicos, y amarrará aún más a su Estado para impedirle cualquier iniciativa que apunte a una política económica autónoma y al ejercicio pleno de su soberanía. Si esto llegase a suceder, el Mific se sentirá muy orgulloso.