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En este diario, hace poco, se publicaron varios artículos sobre la masacre de Katyn, en Rusia, donde se culpa a la Unión Soviética de haber matado a miles de oficiales polacos.

Antes de llegar a los hechos, quiero decir lo siguiente, a quien concierna:
La versión oficial sobre el genocidio en Katyn no sólo choca por la impostura infame de historiadores y periodistas irresponsables, a quienes ni se les ocurre resentir su estadía intelectual en la nefasta compañía de Josef Goebbels, el demonio nazi sanguinario y fundador de la propaganda científica de terror y mentira, y también inventor de esta farsa macabra de Katyn. También choca por el perruno oportunismo precipitado del anticomunismo devoto, que se cree impune ganándose la bendición de los magnates y otros amos de la opinión pública (y hasta se compra el perdón y “rehabilitación” para traidores anticomunistas como Putin, Yelzin y Gorbachev.) La dignificante capacidad analítica humana aquí no se aplica, porque estorba.

Con el olor pestilente a genocidio saliendo por todos los poros en 1943, el fascismo empezó a despistar a la opinión pública, apuntando su psicología militar sobre los comunistas, culpándoles de estos crímenes. Recién había pasado la derrota de Stalingrado. Era inminente la liberación de la región de Smolensk (a sólo 60 kms. del frente) por el Ejército Rojo, donde los nazis habían ejecutado matanzas de envergadura (precisamente en Katyn). El ladrón necesitaba gritar: “Agarren el ladrón”. Liquidar a la inteligencia polaca era una política expresa de los nazis y jamás de la URSS. También era más que oportuna esta farsa, para meter la cizaña entre polacos y rusos, que cuentan con reyertas y prejuicios nacionalistas centenarias en su historia, y así debilitar la unidad antifascista de estos dos pueblos. El único “éxito” fue que el gobierno en el exilio polaco en Londres rompió relaciones inmediatamente --dando todo el crédito a Goebbels y su circo. En aras de la guerra fría anticomunista, se volvió a sacar la historia de Katyn en los años 50 --para culpar a los de siempre-- a los comunistas. Primero eran 4,500 víctimas, después 10, 000 y ahora veinte mil. Se nota la tendencia de lavar poco a poco la cara al fascismo y reescribir la historia a la anticomunista –especialmente en Polonia.

Cuando los alemanes hicieron su denuncia, sólo lo recogió, con suma disposición anticomunista y clerical-fascista, el gobierno en el exilio Polaco en Londres - y sólo ellos. Polonia estaba en manos --a la hora del asalto nazi-- de los fascistas de Pilsudski. Estos hubieran sido con mucho gusto aliados de Hitler, si a éste no se le hubiera ocurrido ver en ellos a una raza inferior. Esta casta reaccionaria formó el gobierno en el exilio, sus herederos directos actualmente gobiernan Polonia.

La resistencia de izquierda y democrática polaca aguantó el ácido en Polonia. Aún así la URSS de Stalin recogió a todos y les dio todo su apoyo a pesar del anticomunismo recalcitrante y antisemita (sic), y un chauvinismo nacionalista anti-ruso de siglos de la parte derechista, la cual se comportó bastante mal y desagradecida. Se formaron regimientos militares polacos. 83,000 combatientes polacos, quienes lucharon al lado de los aliados occidentales, fueron evacuados de la URSS (vía Persia). No habría sentido que les hubieran estado fusilando al otro lado. ¿Por qué éstos han sobrevivido a Katyn? Sólo hay una razón: no cayeron en las manos de los fascistas alemanes y se refugiaron en la URSS.

El gobierno de la URSS había estrictamente perseguido una política antifascista amplia, que tenía que incluir tantas ideologías y partidos como fuera posible, y formado sus cuadros políticos en un duro entrenamiento en este sentido. Donde pasó el Ejército Rojo libertador dejó sembrado provisionales gobiernos locales y comités de este tipo. Esto es historia indiscutible. Fusilar oficiales polacos hubiera sido más que contraproducente.

Los alemanes ocuparon la región de Smolensk a partir de julio de 1941. Presentaron junto a su denuncia en Katyn --entre abril y junio del año 1943-- 4243 cadáveres exhumados. En realidad habían sacado estos cadáveres ya en el año 1942 y no podían explicar porqué dilataron tanto en presentar la denuncia. 2815 fueron reconocidos, en la mayoría de los casos por documentos encontrados en los cuerpos. Generalmente, eran certificados de oficialía militar u otros documentos militares, (placas de identidad, certificados fiscales o condecoraciones.) Sólo estos hechos deberían ser suficientes para dudar de la versión oficialista, porque en los campos de prisioneros del NKWD soviético no se permitía nunca que alguien portara documentos u otras pertenencias.

El reglamento del NKWD de estos campamentos en sus artículos 10 y 23 prohibía esto expresamente y ordenaba registros de control con un intervalo no más largo de un mes. No cabe ninguna duda de que esto se cumplía a cabalidad y está testimoniado de sobra por ex-prisioneros polacos de estos campamentos. Los alemanes, sin embargo, en el caso de los prisioneros polacos, permitían estas pertenencias. En los campos soviéticos no era permitido tener más de 100 rublos. El resto tenía que ser entregado a la comandancia del campamento para registro y resguardo. Sin embargo, sobran los testimonios del hecho de que se encontró paquetes enteros de zlotys nuevos en los cuerpos.

Winston Churchill, primer Ministro de Inglaterra, descalificaba vehemente una investigación de la Cruz Roja bajo la protección de la Wehrmacht, como un fraude bajo terror.

Otra contradicción con la versión oficial es que de los 2815 cadáveres, 543 no eran parte del campamento de Koselsk, del NKWD. De éstos, 432 eran militares (2 coroneles, 8 tenientes coroneles, 19 mayores, 41 capitanes, 219 tenientes mayores, 18 sólo se reconocían como oficiales y 124 como militares.) Los otros 111 vestían y tenían documentos de civiles. Sin embargo, según la versión oficial original se fusiló en el campamento de Koselsk, exclusivamente, oficiales militares polacos. ¿Cómo llegaron allí Polacos civiles y 543 otras personas ajenas al campamento de Koselsk?, nadie ha podido ni querido contestar esa pregunta.

Este bosque --antes del asalto fascista nazi--, era una región vacacional popular de excursionistas. Hubiera sido difícil masacrar allí algunos miles de personas sin que nadie se hubiera dado cuenta. Los pocos “testigos” que presentaron los nazis, desaparecieron casi todos como por arte de magia cuando el Ejército Rojo arribó. Un testigo afirmó que los testimonios presentados por los alemanes habían sido bajo cachiporrazo limpio y bajo amenaza de muerte. Algunos resistieron este trato --otros no. Los nazis, sí, cerraron el acceso a este bosque y sólo con un pase se podía entrar.

Pero hay testigos elegantemente ignorados por el oficialismo, los que evidencian fusilamientos por los nazis en este bosque. Incluso se ha encontrado documentos en los cadáveres del verano 1941. ¡Tiempo de ocupación nazi! Los alemanes ocuparon unos 500 prisioneros de guerra soviéticos para preparar las tumbas. Los fusilaron casi a todos después. (Por lo menos uno escapó)
Es interesante saber que los nazis adujeron la participación nefasta de no sé cuántos “comisarios judíos” como responsables del “terror bolchevique”. Presentaron documentos con sus supuestos nombres muy judíos --falsificaciones obvias--, los cuales nunca habían existido en la planilla ni de la OGPU ni del NKWD. (Un intento fraudulento parecido en la ciudad de Lwow, anteriormente, había sido un solemne fracaso).

Inmediatamente, con la liberación de Smolensk en el agosto 1943 el gobierno soviético ordenó una investigación bajo observancia internacional, donde se incluyó a la Iglesia Ortodoxa y a la Cruz Roja. Es significativo que la existencia de esta comisión especial se ningunea en las versiones occidentales obstinadamente, como si nunca hubiera existido. Era nadie menos, como, por ejemplo, la hija del embajador norteamericano (Kathie Harriman) y otro empleado de esta embajada, con nombre John Melby, quienes visitaron el lugar y llegaron a la conclusión de que la argumentación soviética era convincente, incluso aunque ellos no estaban del todo satisfechos con la forma de la presentación soviética. Todo era público. Se exhumó 925 cadáveres. Era presente a toda la prensa occidental --30 corresponsales. Todos llegaron a la misma conclusión: Los alemanes lo hicieron. Únicamente el gobierno derechista polaco exiliado en Londres mantenía la versión nazi. ¡Nadie más!
Se ha encontrado cascos de municiones alemanas en estas tumbas. (Calibre 7.65 y 6.35, con sello de la empresa “GECO”, de Durlach, en Alemania.)
La autopsia determinó el deceso de los masacrados entre septiembre y diciembre de 1941, cuando Alemania tenía ocupado este territorio.

Se encontró testigos, quienes habían visto a los prisioneros polacos vivos todavía, cuando los alemanes se tomaron la región.

Antes, prisioneros norteamericanos de los nazis, habían sido llevados por los mismos durante su ocupación a las exhumaciones y trataban de convencer a estos con todos los medios de que ahí había habido una matanza de los soviéticos. Incluso, después de la guerra estos testigos mantenían la postura de que era imposible de determinar, quien haya hecho esa masacre.

¿Cuál hubiera sido el provecho de la URSS de hacer esto? ¡Ninguno!. La URSS dio refugio contra las persecuciones fascistas a quien sea, más que cualquier otro país. De esto no cabe duda.

Queda claro que fueron los alemanes quienes mataron a las víctimas de Katyn.

Documentos, sacados a la postre --falsificaciones evidentes-- sobre la supuesta orden de Stalin, Berija y Molotow para la matanza en Katyn deben hasta el día de hoy la verificación prometida por los originales. Simplemente no los hay. Aparte de la mentira misma, hace pensar no solamente por quién la tiene en la boca, sino por la credulidad oportunista tan oficial.