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Alcancé a ver las últimas manifestaciones de la gente enfurecida en Argentina contra los bancos y la clase política en 2001-2002. No olvidaré nunca dos imágenes, una señora anciana con un martillo diminuto, el único que podía sostener, golpeando la inmensa puerta blindada de un banco que ni la policía se dignaba ya custodiar. Sobre las planchas blindadas se podía leer toda suerte de mensaje que expresaban cólera y frustración social. Uno decía “asesino por encargo: llamar al siguiente número”.

Argentina no podía pagar la deuda, el déficit público cero decretado por el “genio económico” del gobierno De la Rua, para generar ahorro y capacidad de pago, junto con el corralito financiero y la fuga masiva de fondos organizada por varios bancos de renombre internacional precipitaron el colapso. La cadena de pagos se cortó, los presupuestos provinciales dejaron de existir y al poco tiempo había 16 tipos de monedas informales en circulación y todas formas de trueque para procurarse lo necesario.

La crisis de Grecia es una crisis del mismo tipo, una crisis en que el país no puede pagar la deuda y sin el aporte externo se producirá el colapso de las finanzas públicas con todas las consecuencias imaginables. Los propietarios de los degradados bonos de deuda griegos son bancos europeos y especuladores de productos financieros, el riesgo de transmisión de la crisis al interior de Europa es bien real.

De allí que el plan de salvamento organizado por la UE y el FMI, a regañadientes, se dobla de un severo plan de austeridad que dejará Grecia de aquí a 2014 con condiciones macrofinancieras saneadas, según las estimaciones optimistas. Pero no se sabe si el enfermo soportará la cura. Las manifestaciones en Grecia me recuerdan Argentina, la sociedad griega teme lo peor y expresa su ira contra la corrupción, los ricos que no pagan impuestos y una clase política irresponsable.

Varios pilares de la UE se tambalean o cuando menos están cuestionados. Uno es la realidad de la información transmitida por los países. Los sistemas de gestión supuestamente más avanzados, en zona OCDE y la UE, aparecieron súbitamente tan fiables como los de un paraíso financiero, es decir, cero. Ni siquiera hay acuerdo sobre el monto de la deuda griega.

El segundo es el pacto de estabilidad de la UE que se suponía también era la base de la convergencia económica, de las finanzas públicas y la base moneda única. De allí que los PIGS (en inglés los cerdos) es la sigla con que se designan Portugal, Italia, Grecia y España, países sobre los que se especula que están falsamente inflados y solventes, que podrían explotar.

La zona euro, pese a todas las declaraciones tranquilizadoras, aparece con fuertes zonas de sombra. Se hace evidente que la moneda única para todos los países no era completamente viable, todos sabemos que fue forzada por las principales economías, pero la UE tiene ahora 27 países con economías muy diversas y la convergencia económica se hace muy difícil.

En la realidad el euro penaliza a los países más débiles, en términos monetarios. Todo es más caro, los salarios no pueden aumentar en todos los países por diferencias de competitividad y la moneda sobre evaluada penaliza las exportaciones sin posibilidad de devaluación competitiva y por lo demás, deja poco margen de maniobra para la gestión de la deuda. Ahora se debate si la zona euro resistirá y si todos los países podrán quedarse.

La situación griega explota además en un contexto crisis internacional aún no resuelta y en la que se prometió regular la especulación, los riesgos financieros y los mercados. Pero las reformas aún no avanzan y las maniobras especulativas atacan los países sin que éstos puedan apelar a formas de protección.

El plan de ajuste griego se parece en casi todo a los planes impuestos a América Latina en los años 80 y 90, las consecuencias son conocidas, una década perdida y un extraordinario aumento de la pobreza. La pertenencia europea de Grecia le deja la esperanza de ser tratada más benévolamente, pero ello no evitará todas las consecuencias del choque del ajuste.

Grecia se ha convertido en un frente social y económico en Europa, de la crisis del capitalismo globalizado, iniciada en Estados Unidos. Muchas voces en Europa subrayan que la crisis griega es un revelador, sí, pero ¿de qué? El debate apenas comienza, mientras tanto, los griegos pagarán la cuenta no se sabe a qué precio.

Los países latinoamericanos deberían discutir abiertamente de esta crisis a la luz de los nuevos preparativos regionales, como el banco sur, por ejemplo, y el contenido de la integración regional.