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Si es cierto que la educación es factor clave y decisivo para el desarrollo, no es menos cierto que la Educación Técnica es para el país un eje sustantivo para mejorar la empleabilidad, el desempeño laboral, la productividad y la competitividad en la región y el mundo.

Desde las Cumbres Mundiales de Educación de Jomtien y Dakar, la de Educación Técnica de Seúl, hasta las Cumbres de Educación de Adultos y otros eventos internacionales relacionados con el mundo del trabajo y la educación técnica, han reiterado múltiples conceptos, propuestas y acuerdos en relación con el tema, que han sido firmados también por los gobiernos del país. Los países cada día presentan mayor movilidad de la mano de obra y del capital.

En ese marco, la educación técnica se concibe como una función determinante en esta nueva era, como instrumento efectivo para alcanzar los objetivos de una Cultura de Paz, un desarrollo sostenible y mayor cohesión social. Se afirma, incluso, que la educación técnica posee especial relevancia para el desarrollo de las dimensiones personal y social de los educandos. La enseñanza técnica y profesional abarca diversidad de formatos que han evolucionado históricamente, sin existir un formato único en la actualidad en los países.

Para que el país logre implantar la educación técnica es imprescindible la definición concertada de políticas específicas por parte del Estado. La educación técnica debe presentar en el país estructuras y métodos abiertos y flexibles, siempre atentos a las necesidades del educando y de sus comunidades. Ha de responder con programas de aprendizaje abiertos, por igual, a los hombres y a mujeres, tanto en su contenido como en sus técnicas de enseñanza. Es imprescindible la iniciación de todos los jóvenes en la tecnología y educación para el trabajo, por lo que se insiste en que estos dispongan de orientación y asesoramiento vocacional. El aprendizaje y la educación de adultos desempeñan un papel fundamental en la respuesta a los problemas culturales, económicos, políticos y sociales del país y la región. La educación técnica se presenta como el mejor medio para incrementar la capacidad y creatividad de jóvenes y adultos.

En esencia, la educación técnica debe aspirar a renovar los vínculos entre la educación y el mundo del trabajo. Es por ello que exige colaboración efectiva entre la escuela, la empresa y otros sectores económicos y sociales.

Frente a este planteamiento, la respuesta histórica del país ha sido notablemente insuficiente, poco consistente y asistémica. Al estudiar el comportamiento de la educación técnica en el país, a partir de la década de los años 60, se extraen lecciones de gran importancia que deben servirnos para recuperar las experiencias más exitosas, y aprender de los aciertos y errores. En las épocas más remotas analizadas sobresalen experiencias educativas de aprendizajes de oficios, muy bien recordadas por quienes las vivieron, por el impacto que tuvieron en sus vidas. Tales experiencias, no obstante, se difuminaron en el tiempo por el poco interés de los gobiernos en sistematizarlas e invertir en su generalización.

El Mined ha promulgado en la Estrategia Educativa, como uno de sus cinco ejes, la prioridad de la Educación Técnica. La misma, para hacerse efectiva, requerirá que se pongan en acción varios componentes, sin los cuales quedaría reducida a una simple expresión de buena voluntad. Además de los recursos financieros que ello implicará, se requiere de una concertación efectiva entre el Gobierno con todas sus instituciones, la Iniciativa Privada y la Sociedad Civil.

Adoptar una perspectiva sistémica interna y externa en la educación técnica supone articular ésta con el Plan de Desarrollo Humano, rescatar los elementos que orientan al desarrollo de gobiernos precedentes que son meritorios. En tanto, la visión sistémica de la educación técnica incorpore todos los componentes que la sustenten, ésta será exitosa. Ello también exigirá que el carácter de sistema se concrete con la incorporación de la educación técnica, no como un anexo al sistema educativo, sino como uno de sus subsistemas fundamentales que interactúa y se comunica con los demás. La visión sistémica externa se ha de complementar con el diálogo sistemático y fecundo entre los currículos de educación técnica y el mundo laboral, con las nuevas y viejas demandas que plantea a la educación.

A la par, es necesario que el Mined eleve su nivel de actualización sobre las exigencias y características que debe tener la educación técnica y cómo evolucionan las competencias laborales en el mundo y el país. Ello dinamizará su capacidad creativa y de innovación en relación con la puesta en escena de la educación técnica. El diseño curricular pertinente, la disposición de locales y equipamiento adecuados, junto a la requerida preparación actualizada del personal docente, darán sustento concreto a la concreción auténtica de la educación técnica. La difusión que el Mined haga a toda la sociedad de estas ofertas de educación técnica, contribuirá a modificar la cultura social existente de minusvalorización de la educación técnica, a la vez que se hará eco de las demandas que surgen de las comunidades organizadas en las que confluyen armónicamente los líderes locales, educadores, padres-madres de familia y actores sociales.