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1. Monseñor Jorge Solórzano, Obispo de Granada, ha comenzado su labor pastoral en su nueva Diócesis, lanzando una parábola sobre un temible dragón al que venció San Jorge y que podría cernirse sobre nuestro pueblo y al que debe enfrentársele unidos. Su mensaje creo que es digno de escucha y de reconocimiento, pues quien suscribe este artículo-postal, cree que el llamado lo es también para esa iglesia de cristiandad o del sistema, tanto su clero como la jerarquía católica que no es neutral como madre iglesia, ya que no escapa a la fragilidad humana, actualmente tropieza con dificultades, en torno a lo sagrado, al generarse en su seno miles de casos dolorosos y lamentables que devalúan y desvirtúan la confianza y la credibilidad religiosa por su trágica crisis pastoral.

Según el Evangelio, los niños son sacramentos vivos, pues Jesús dijo: “quien recibe un niño, a mí me recibe”, además, les confirió “de ellos es el Reino de los Cielos”. Si Monseñor Solórzano, con su mensaje está haciendo una valiente autocrítica internacional como jerarquía católica ¡bienvenida!, es todavía tiempo de pedir perdón, de reparación de las decenas de miles de víctimas infantiles, y de realizar correctivos. El año pasado, “Año Internacional de la Reconciliación”, esta misma jerarquía guardó un silencio extraño y pecaminoso, de soberbia ante su historial de complicidad desde la Conquista y la Colonia de cientos de años, santas inquisiciones y de verdaderos genocidios, con acciones represivas, persecutorias y una obsesión por suprimir al adversario.

2. Pero Monseñor Solórzano, como si pudiera escapar a la responsabilidad de la Institución que representa en la historia, se ofrece como jerarquía católica sin confesar, admitir ni reconocer los pecados propios, a mediar en un diálogo político nacional ¿Con qué moral la jerarquía católica podría ahorita mediar en medio del escándalo mundial en que vive, que, incluso, por su silencio, parece que le costará una rápida canonización a Juan Pablo II?

Para mediar en un diálogo, se necesita tener autoridad moral, imparcialidad, conocimiento, flexibilidad, pero sobre todo gozar del respeto y reconocimiento de las partes y éste se gana, no con parábolas tendenciosas o unidimensionales, menos viniendo de una iglesia que vive a nivel mundial una condición de pecado, que ya ni Roma puede soportar.

3. Pero si la jerarquía católica nicaragüense quiere tener una verdadera autoridad moral para realizar las afirmaciones políticas que actualmente proclama y además, sugerirse como mediadora, deberá tener la genuina calidad de imparcial. Pero, ¿cómo podría hacerlo si se ha negado sistemáticamente a apoyar, aunque fuera aquellos modestos programas gubernamentales que impulsa la Comisión Nacional de Reconciliación, presidida por el Cardenal Obando, orientados a mitigar la pobreza y avanzar en la reconciliación, desde lo poco hasta el milagro de lo mucho, pues esos programas no suponen un compromiso partidario, sino que se desarrollan en la base de nuestra sociedad, empoderando a las madres solteras del campo o avanzando hacia niveles mínimos de equidad y de acciones de reconciliación en un país como el nuestro, marcado por la desigualdad, talvez como ningún otro país en América Latina.

La jerarquía católica se manifiesta preocupada por la democracia en el país, pero no ve que todos los gobiernos católicos de América Latina y Nicaragua reprodujeron el modelo piramidal y jerárquico de la iglesia en los estados nacionales, y por ello, estos países de contra reforma no han podido ser democráticos como en las sociedades protestantizadas; hablan de justicia y opción preferencial por los pobres en sus cónclaves, pero en la realidad sus lealtades son con los representantes del gran capital; publican pastorales, supuestamente apartidarias, pero algunos destinatarios se funden en esfuerzos orgánicos con las formaciones políticas de la derecha, intentando conformar un solo frente en contra del gobierno y sus programas y lo paradójico es que establecen alianza con un liberalismo que en los últimos cien años ha confiscado a la iglesia sus bienes y hasta sus templos, como víctimas se alían con sus victimarios para agredir un gobierno de izquierda que jamás victimizó, como en El Salvador, ni asesinó a 12 sacerdotes, 6 jesuitas, un Arzobispo y cientos de celebradores de la Palabra.

La jerarquía católica está invitada desde hoy por el Instituto “Martin Luther King”, de la Upoli, a sumarse a su esfuerzo para que la comunidad internacional declare el decenio 2010-2020 “Decenio Internacional del Perdón, la Reconciliación y la Solidaridad”, estimulando al gobierno a que introduzca esta propuesta en la Asamblea General de las Naciones Unidas; de igual manera la invita a respaldar una resolución del organismo mundial que declare a “Centroamérica Zona de Paz, Cooperación y Seguridad Ciudadana” y finalmente, a realizar una verdadera opción por los pobres.

* Director Instituto “Martin Luther King”- Upoli.