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Inmersa en las contradicciones políticas, económicas y sociales que vive Nicaragua, los estudiantes de la UCA deciden recuperar la iniciativa. El pretexto lo ofrece la decapitación del Ceuuca. Una de las primeras demandas al nuevo rector, Arturo Dibar S. J., quien había tomado posesión el viernes 7 de mayo de 1971, fue la restitución y legalización del organismo estudiantil. Un año después en un documento titulado “Es con usted señor Rector”, solicitan la democratización de la universidad, respeto al derecho de asociarse y participación en los órganos de gobierno de la UCA. Los jóvenes de la Juventud Revolucionaria Social Cristiana imprimen en mimeógrafo su propia revista de debate ideológico. La publicación aparece bajo la responsabilidad de Mauricio Díaz y Luis Humberto Guzmán, cuyo preceptor es Manolo Morales.

Los enfrentamientos político-ideológicos de los jóvenes socialcristianos fundamentalmente son con los miembros del Frente Estudiantil Liberal (FEL) bajo el liderazgo de Pedro Barquero Quezada. El somocismo se resiste a perder sus espacios dentro de la UCA. El cataclismo que devastó Managua el 23 de diciembre de 1972, lejos de ser aprovechado por Somoza Debayle para recomponer su posición, lo precipita en una vorágine de acaparamiento absoluto del poder, invadiendo esferas económicas tradicionales copadas por el sector empresarial. Nadie mejor develó la voracidad de la camarilla somocista que Francisco Laínez. Terremoto 72: elite y pueblo, (Editorial Unión. Managua, 1977), vino a ser una diáfana radiografía de la manera despiadada y precipitada con que actuó el somocismo, en su afán por apropiarse del centro de la capital devastada.

La ruptura del pacto tácito con los empresarios propició sus primeros cuestionamientos sobre la forma en que procedía Somoza Debayle. No le bastó asumir la jefatura del Comité Nacional de Emergencia, decisión con la que propinó el golpe definitivo a la Junta de Gobierno. El simulacro se vino abajo. Los triunviros no eran más que marionetas dentro de la estrategia somocista de fabricarse una nueva Constitución Política, que le habilitara reasumir la presidencia de la república. Decidió fundar su propio banco y financiera. Con la finalidad de asegurar la sucesión dinástica nombró a su hijo Anastasio Somoza Portocarrero, como miembro de la Guardia Nacional, confiriéndole el grado de Capitán. Tal vez sin quererlo el propio Somoza Debayle se convirtió en un formidable agente catalizador de las contradicciones que generaban sus propias decisiones.

En 1973, el sandinismo recibió un duro revés con la captura y asesinato de dos de sus dirigentes más importantes: Óscar Turcios y Ricardo Morales Avilés. Capturados en las proximidades de su casa de seguridad en Nandaime, la noche del 17 de septiembre, fueron asesinados al día siguiente. También fueron asesinados Juan José Quezada y Jonathan González. Esa tarde un carro de la Oficina de Seguridad Nacional pasó no menos de seis veces dándole vuelta a la manzana donde quedaba el Cuartel de la Guardia Nacional de Masaya. Junto con mi hermano Jorge Eliécer vivíamos en esa misma cuadra. Tal vez creyeron que éramos miembros de alguna célula sandinista. Dieciocho años después, cuando la derrota electoral del sandinismo en 1990, provocó una diáspora en sus filas; un año después al tomar posesión como decano fundador de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, decidí establecer el 17 de septiembre como día oficial conmemorativo de los estudiantes de comunicación de la UCA. Con la intención de que conocieran en toda su dimensión quién era Ricardo Morales Avilés, invité a Ervin Izabá Gómez para que hiciera una semblanza en el Auditorio Juan XXIII, sobre uno de los intelectuales más lúcidos del sandinismo, comprometido hasta la muerte con la liberación de Nicaragua.

La Prensa se había convertido en un enorme mural donde la ciudadanía nicaragüense denunciaba, conocía y demandaba la erradicación del somocismo. En la Epopeya de la Insurrección (2010), Humberto Ortega Saavedra reconoce que La Prensa “fue un factor decisivo en el enfrentamiento contra la dinastía somocista”. La Prensa era Pedro y Pedro era La Prensa. Ningún latrocinio quedó sin ser expuesto al escrutinio de la opinión pública. El 27 de mayo de 1974, la Conferencia Episcopal cuestionó abiertamente el ejercicio del poder que hacía Somoza Debayle. En su Pastoral asume una posición crítica. Condena los abusos y muertes provocadas por el aparato represivo somocista en las montañas del norte de Nicaragua. El momento escogido no pudo ser mejor. Aun con su lenguaje elíptico quedó clara su reprobación a Somoza Debayle, en pleno desarrollo de la campaña electoral.

Con el juicio de injurias y calumnias promovido por el Sargento G. N. Soto contra Pedro Joaquín Chamorro, por haber acogido en La Prensa la valiente denuncia de Amada Pineda de Aráuz, violada por una patrulla de la Guardia Nacional, la Iglesia Católica rompió el silencio. Somoza Debayle aspira quedarse en el poder. El grito de Somoza for ever ha calado en su conciencia. La sentencia de su hermano de “que subirlo era fácil, lo difícil va ser bajarlo”, queda en evidencia. Desde 1969, Ramiro Sacasa Guerrero, fundador del Movimiento Liberal Constitucionalista (MLC), había denunciado que Somoza deseaba reelegirse para no abandonar el poder para nunca jamás. El juicio contra Chamorro Cardenal fue interpuesto ante la judicatura de Guillermo Vargas Sandino, primer graduado de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UCA, quien cinco años atrás había sumido la cátedra de Derecho Penal en esa universidad.

Contra toda adversidad, el 1 de septiembre Anastasio Somoza Debayle, era nuevamente electo como Presidente de Nicaragua. Con la política de tierra arrasada en las montañas, creyó que únicamente tendría que lidiar con la oposición política. Unos meses después de su elección quedó de manifiesto, que contrario a lo que pensaba, el camino no estaba despejado. La iniciativa privada, sabedora de que Somoza Debayle no conocía fronteras, decidió cuestionar su ilimitada sed de poder. Para no quedarse atrás Somoza Debayle les llamó “procesadores de aforo”, estableciendo que ellos también se habían enriquecido a la sombra del poder. En su Diario Político (Editorial Nueva Nicaragua. Managua, 1990), Pedro Joaquín reconoce que miembros de su familia involucrados en política, más que para oponerse a Somoza Debayle, lo hacían con la finalidad de obtener réditos económicos. (P.106). Confiesa descorazonado que en realidad no quieren salir del círculo de privilegios que les dispensa el somocismo.

En el mes de diciembre quedó constituida la Unión Democrática de Liberación (UDEL), bajo el liderazgo de Pedro Joaquín Chamorro, quien ve cristalizado los esfuerzos que venía haciendo para articular un frente amplio opositor, donde tuvieran cabida todas las corrientes políticas e ideológicas opuestas al somocismo, incluyendo a los sectores de izquierda. La Secretaría Política del nuevo bloque opositor recayó en Manolo Morales Peralta, dirigente social cristiano quien “en el pasado estuvo vinculado con el Frente Sandinista”, según reconoce Humberto Ortega Saavedra (La Epopeya de la Insurrección, Lea Grupo Editorial, Managua, 2010, p. 212). La llegada de Dibar a la rectoría de la UCA, permitió a Manolo recuperar su liderazgo ante las autoridades universitarias. En junio de 1973 había canalizado mis inquietudes ante el rector para ejercer la docencia universitaria. Al año siguiente Dibar me nombró Director de Relaciones Públicas. Previa consulta con Pedro Joaquín acepté el nombramiento. Tres años atrás Pedro me había incorporado como miembro de La Prensa.

El somocismo fue estremecido con el asalto guerrillero a la casa de José María Castillo, el 27 de diciembre de 1974. Los sandinistas reaparecen dando un golpe contundente de alcance internacional. Lejos de haber desaparecido resurgían con un operativo exitoso que los colocaba de nuevo en la vanguardia de la lucha político-militar contra el somocismo. En la acción del comando Juan José Quezada participa un alumno de la UCA: Joaquín Cuadra Lacayo, como uno de los jefes de las dos escuadras guerrilleras. La imposición de la lectura de dos comunicados en cadena nacional de radio catapulta al FSLN, al denunciar las atrocidades cometidas en las montañas de Nicaragua. Somoza libera a los prisioneros sandinistas, entrega medio millón de dólares y para revertir el golpe, impone la Ley Marcial y el Estado de Sitio; se lanza en una batalla sin tregua contra el sandinismo. La Prensa es censurada, pero el ánimo de su dirigencia no declina.

En un gesto enaltecedor, contrario a lo esperado por los somocistas, Guillermo Vargas Sandino, había sobreseído a Pedro Joaquín, pese a la solicitud expresa de su verdugo, Cornelio Hüeck, de enviarlo a la cárcel. Mi posición con Dibar, mi verdadero mentor en la Compañía de Jesús, me permitió sugerirle nombrara como profesor de tiempo completo a Vargas Sandino. La lección de dignidad e independencia brindada frente a un Poder Judicial que acataba únicamente los mandatos de Somoza Debayle, acrecentó su estatura. En un país con una burocracia anémica y sometida, el gesto de Vargas Sandino era un mensaje de decoro para todo el país. Al contratarlo Dibar también envió un mensaje especial al estudiantado y de manera general a los nicaragüenses: la UCA había dejado de ser un reducto borrego y vergonzante que acataba los dictados somocistas.

Los graduados en derecho de ese año (1974) vivíamos nuestro propio drama. Tampoco escapábamos a las contradicciones que vivía el país. ¡Nos partimos en dos! ¡Una buena parte de mis compañeros decidió otorgar la promoción al Excelentísimo General de División Anastasio Somoza Debayle! La otra mitad decidimos otorgarla a Edgard Sotomayor Valdivia. Un académico insobornable, ajeno por completo a las veleidades politiqueras.