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Estados Unidos (EU) y la Unión Europea (UE), sus bancos y corporaciones empresariales, mantienen una disputa permanente por el control de los mercados. Esa competencia tuvo un particular punto de inflexión con la crisis fiscal de la eurozona y el avance del dólar sobre el euro en los últimos días. El proyecto de creación de un fondo monetario europeo responde a ese forcejeo. Como consecuencia de la debilidad de su recuperación económica y del efecto contagio de la crisis fiscal que atraviesan algunos de sus integrantes, la UE transita por el peor momento histórico desde su creación y los peligros de desmembramiento y de ruptura de su moneda, ya ocupan el centro del debate entre los principales centros académicos del mundo.

El FMI cree que Grecia tardará 10 años en superar su crisis financiera, según la revista alemana “Der Spiegel”. “Der Spiegel” también informó que el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Timothy Geithner, presionó al Gobierno alemán para que aceptara unirse a los esfuerzos internacionales por rescatar a Grecia. Según la información, Geithner advirtió a Alemania que era importante resolver el tema de Grecia antes de que la crisis se propagara a otros países y señaló que la tarea de Berlín era clave en el proceso debido a su posición como la economía líder de Europa.

Según el FMI, la caída de Grecia podría transformarse en una crisis de deuda soberana a nivel de la zona euro. La crisis en las economías de la eurozona, lejos de atenuarse, se ha agravado peligrosamente. Una posible caída del euro lo que sacará a la luz es una verdad innegable: la eurozona nunca ha logrado ser un bloque homogéneo y difícilmente pueda serlo en el futuro. La divisa de la eurozona alcanzó nuevos mínimos anuales y se mantuvo con perspectiva bajista. La estabilidad del sistema financiero de la zona euro sigue siendo muy frágil y existe un significativo riesgo de “efecto contagio”.

El gobierno griego alcanzó un acuerdo con la UE y el FMI para desbloquear el plan de rescate financiero. El paquete estipula, como contrapartida a la ayuda, nuevas medidas de ajuste, lo que amenaza con tensar aún más la situación social griega. Existe el temor de que el ajuste traiga una explosión social, la recesión y un estancamiento de la economía. Entre las medidas para hacer frente a la grave crisis que atraviesa Grecia, se prevé la reducción de los sueldos de los funcionarios, la congelación de las contrataciones públicas y una subida de los impuestos. Estas medidas de austeridad son calificadas de “injustas” y “amargas” por los sindicatos.

La situación por la que atraviesa Europa es comparable con los peores momentos de Latinoamérica en donde las crisis se expandían a través de las fronteras, llevando a las economías a una recesión destructiva del aparato productivo. Según las estimaciones realizadas por Standard & Poor’s, en caso de una quiebra en la economía griega, los tenedores de bonos tan sólo recuperarán entre el 30% y el 50% del valor nominal de los bonos, por lo que la pérdida estimada rondaría los 200.000 millones de euros. Cualquier similitud con la Argentina de 2002 es pura coincidencia.

“Si Grecia da miedo, prepárense para España”, dicen los analistas internacionales. Porque una caída de España (representa el 17% del total de la economía de la zona euro) puede significar una nueva crisis internacional de gran magnitud, que determinaría el final del euro y graves problemas para la economía mundial. Las principales debilidades de la economía española son: los problemas fiscales, la economía está estancada y no hay grandes expectativas de recuperación. Para el FMI, la economía española se contraería en 2010 en un 0,4%. Es una economía con un desempleo mayor de 20% que hace recordar los peores momentos de la Argentina. La caída de España podría provocar el contagio hacia economías como la de Italia, cuyo desplome podría ser inminente, lo cual derivaría en la pérdida de confianza en la UE.

España no tuvo una crisis financiera. Sin embargo, tiene una terrible burbuja inmobiliaria. A causa de ella, el sector de la construcción pasó de representar menos de 8% del PIB a fines de los años 90, a alcanzar un 12.3% en 2007. Para tener un punto de comparación: en los EU, en los años sin burbuja, ese sector representa menos del 6% del PIB. Ese acelerado crecimiento de la construcción llevó a una sobre proliferación de la edificación. De acuerdo con el FMI, la nueva construcción ha caído en España cerca de un 80% en relación con el momento culminante del auge.

Lo preocupante de la economía española más allá de su elevada deuda, estancamiento, caída de su índice de crecimiento potencial y elevado desempleo, problemas que no son menores, son la falta de competitividad, su gran endeudamiento y déficit fiscal, hacen que además, España pueda sufrir este año 2010 un déficit de cuenta corriente del 5.3% en términos del PIB. La situación financiera tanto del sector público como del sector privado español es como un gran castillo de naipes. España tiene uno de los mayores niveles de deuda del planeta que en conjunto supera el 350% en términos del PIB.

Una economía estancada está dificultando las cuentas fiscales del gobierno ya que los ingresos fiscales se encuentran deprimidos. En el caso de las familias españolas, la recesión y los problemas de empleo les está dificultando el poder honrar sus deudas. Y para colmo, los temores a perder el empleo o que la situación económica del país se agrave, hace que las familias decidan limitar sus gastos, decisión que si bien es buena desde el punto de vista familiar, no lo es del todo pensando en términos de recuperación económica. España tiene en estos momentos que enfrentar una situación contradictoria: debe desendeudarse con rapidez, pero necesita endeudarse para implementar políticas de estímulo económico. En este escenario, el ánimo de los especuladores internacionales pasó del pesimismo frente al dólar al pesimismo sobre el euro.