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Mientras unos celebran los 62 años de la existencia del Estado de Israel, como se elogió en este periódico el día 13 de mayo, otros recuerdan el precio que la creación de este Estado costó: miles de muertos, miles de heridos, millones de refugiados de un país, en el cual otros decidieron fundar el suyo.

Nakbah quiere decir catástrofe, y eso es que pasó en esa esquina de Asia del Oeste hace 62 años, también antes de esa fecha, después y hasta hoy.

El autor Edwin Sánchez ocupó la Biblia y viejas leyendas para justificar la ocupación de un país por otros, pero en verdad lo religioso confunde esa discusión, también cuando estamos en Nicaragua, donde hasta las más simples cosas, por la sorpresa de uno, tienen la tendencia inesperada de tener un trasfondo bíblico.

La verdad es una cosa muy mundana: Israel como Estado fue un proyecto de cierto sector nacionalista dentro de la comunidad judía mundial en el siglo XIX, y después en el XX. Fue creado a base del terrorismo contra palestinos y después contra los ingleses. Israel llegó a ser un país con mayoría judía solamente por la “limpieza étnica” contra las y los palestinos.

Esa “Nakbah” fue una guerra genocida contra el pueblo palestino, con mucha violencia, muchos asesinatos contra niños, mujeres y hombres, aplastando la mayoría de los pueblos y comarcas palestinas en el territorio con bulldozers, en un intento de extinguir cualquier memoria y una conciencia histórica sobre el lugar. El mismo Estado después saboteó casi todos los esfuerzos de paz y especialmente ignoró repetidas veces todas las resoluciones de la ONU para crear dos estados independientes en ese territorio. Quebraron todos los acuerdos (por ejemplo el de no hacer nuevas colonias judías en territorio palestino o en zonas de conflicto), no pierden ni una oportunidad de sabotear negociaciones de paz, no reconocen el montón de resoluciones de la ONU (a otros estados ya se castiga después de una o dos desobediencias) sobre los derechos del pueblo palestino (por ejemplo el derecho internacional para refugiados de regresar a sus lugares de origen). Hay un sinnúmero de declaraciones de los y las líderes de Israel sobre los palestinos y la situación extrema causada por el movimiento judío.

Ben Gurion, Golda Meïr (“Ni sé de la existencia de un pueblo con nombre palestino”), Menachim Beguin (un asesino y terrorista buscado por la policía británica, más tarde primer ministro de Israel), Mosche Dayan, Benjamin Nethanahu (amigo decidido de lo ajeno: continuó hasta hoy forzando la construcción de colonias judías en territorio palestino, General Shamir (un mundialmente conocido criminal de guerra, después primer ministro de Israel), todos ellos son conocidos por sus expresiones racistas contra los árabes los unos, crímenes de guerra los otros, terroristas activas los unos, mentirosos los otros, habiendo rechazado la paz todos y todas juntos.

No se puede negar que al lado de la resistencia árabe también hubo una serie de figuras desagradables, nadie niega eso, pero así es un conflictos de este carácter que del lado agredido también hay injusticia y falta de moralidad, unos por desesperación, otros porque quieren aprovechar la situación para sus propios fines oscuros. Eso no minimiza los continuos sufrimientos del pueblo palestino ni la inmensa culpa del pueblo judío, que siempre ha estado libre de elegir sus autoridades, por esos sufrimientos de más de 62 años.

La verdad sobre eso es difícil de decir, hablar y a publicar, entre otro porque lamentablemente siempre se ha mostrado necesario decir: lo que yo digo aquí en este periódico es una opinión política basada en hechos históricamente comprobados, y no es anti-semitismo, como Israel lamenta cada vez cuando alguien les critica. Cualquier crítica, hasta departe de judíos conscientes, son rechazados con el garrote del “antisemitismo”.

En verdad yo, de origen alemán, estuve especialmente entusiasmado, igual que el autor de EL NUEVO DIARIO, cuando se reconoció al Estado de Israel, y sólo fue mucho más tarde que me di cuenta el alto precio pagado por el pueblo palestino para eso, y cual ha sido la verdadera historia detrás de lo superficial. Nota adicionalmente necesaria hoy en día: no soy orteguista ni ahmadinejadista. Tal vez soy avnerista... seguidor del periodista israelita Juri Avneri.

A los y las participantes en este debate sobre Israel vs. Palestina hay que decir que lo primero es informarse de muchas fuentes diferentes, leer algunos libros antes de escribir tan alegremente sobre esos 62 años de persecución del pueblo palestino, de opresión, explotación, de rechazo a los intentos de la comunidad mundial a pacificar el conflicto, de robo de recursos naturales y ocupación de tierras robadas con violencia.

Recomiendo “The Ethnic Cleansing of Palestine”, de Ilan Pappé (no crean por favor en la campaña que Israel ha lanzado contra este historiador judío; ¡primero leer el libro!) y Tom Segev, “One Palestine, Complete: Jews and Arabs under the British Mandate”. Salaam alaikum, don Edwin, y que Dios te ilumine.

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