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Los titulares mundiales exhiben una pésima parodia del magnífico western de Sergio Leone. La Buena: Cuba con la tiranía más vieja del mundo, La Mala: Arizona y su ley SB 1070 y La Fea: Honduras con los comicios más altos de su historia. De Washington a la Patagonia se rasgan vestiduras, el clamor de la demagogia recorre el mundo saturado de encendidos discursos sobre derechos humanos, libertades democráticas y condenas al racismo.

Sin autocríticas, la gritería ha puesto en marcha un boicot contra Arizona, represalia que no abarca a países como México donde los inmigrantes son víctimas impunes del crimen organizado y la corrupción gubernamental. Varios documentales, Amnistía Internacional y Derechos Humanos, denuncian las innumerables violaciones, secuestros y asesinatos que son objeto miles de inmigrantes centroamericanos en territorio mexicano, sin que el mundo exprese sus “enérgicas condenas”.

En América Latina no hay escasez de recursos naturales sino de oportunidades. La democracia en la región con algunas excepciones es solamente una fachada. La torpeza y corrupción política de las burocracias que ahora protestan cínicamente, son las responsables de la pobreza, el atraso y el desahucio que obliga a millones de latinoamericanos a expatriarse en Estados Unidos y Europa.

La Ley de Arizona penaliza justos por pecadores, un castigo que los aborígenes de Norteamérica no impusieron a los inmigrantes europeos en el siglo XVII. Sin embargo, las protestas omiten que Jan Brewer la firmó con el respaldo del 60% de los arizonios. Esto refleja lo caduco de las leyes migratorias y el doble estándar con que una parte de los norteamericanos tratan a los indocumentados. Nunca llaman a la policía cuando entran a limpiar sus casas, ni “la migra” los captura mientras hacen fila para pagar impuestos. Son ilegales únicamente cuando se enferman o pasean por la calle.

Obama hasta ahora no ha puesto empeño en su prometida reforma migratoria, por el contrario, sus redadas han incrementado en un 61% las deportaciones. Según datos del Movimiento por una Reforma Migratoria Justa (FIRM), Bush en su último año deportó 240,000 indocumentados, Obama en el primero 387,790. Estas cifras representan mucho dolor para miles de familias rotas mayoritariamente de origen hispano.

Las redadas del sheriff Joe Arpaio consiguen en Arizona la misma eficiencia. En Maricopa (nombre indígena de condado) las personas “aindiadas” si no son ciudadanos estadounidenses o residentes legales, van presas y luego deportadas sin apelaciones. La cárcel de Arpaio es de toldos con alambradas eléctricas, bajo sombra el termómetro alcanza los 50℃. Sus presos trabajan con grilletes en las calles y usan uniforme rayado con ropa interior color rosa. Arpaio hijo de emigrantes italianos, se jacta que bajo su régimen es más barato alimentar a un inmigrante que a un perro. Con una investigación federal encima y una lluvia de demandas, este alguacil ha sido elegido cinco veces por la mayoría de los 4 millones de su condado.

Sin embargo, Arizona no es un estado sometido al caudillismo Socialista del Siglo XXI, donde la democracia languidece bajo emergentes regímenes totalitarios clonados de la tiranía cubana. En Estados Unidos la justicia y las libertades democráticas permiten una batalla cívica justa, donde la población decidirá no sólo con respecto a la controversial ley, sino además sobre el status de los doce millones de indocumentados que forman parte de la economía nacional.

En cambio, en Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador, la represión brutal o sofisticada, imposibilita la lucha democrática alejando peligrosamente a sus sociedades de las salidas cívicas. Estados Unidos y Europa rebajan el alto estándar democrático que pregonan por sus intereses de mercado. No se puede promover la democracia siendo indulgentes con un dictador escogido por su hermano y severos con un presidente elegido por el 60% de los electores. Honduras con todo y defectos, tiene igual o mayor vigencia democrática que cualquiera de los países del ALBA, pero no tiene petróleo.

Mientras enriquecen, se arman y consolidan su adhesión inquebrantable al terrorismo, los caudillos Socialistas del Siglo XXI acusan al “imperio norteamericano y al neocolonialismo europeo” de todos los males. La emigración por ejemplo, no es el resultado de su propia descomposición e incompetencia, es por “el injusto modelo económico impuesto que sufren los países del Sur”. O sea Chile, Brasil, Argentina, Uruguay, Panamá y Costa Rica, con cifras económicas altas y tasas migratorias bajas, han estado haciendo negocios con Plutón.

La opinión mundial manipulada por la hipocresía del poder, a menudo confirma la sospecha de que cuando una verdad es aceptada por la mayoría generalmente es un error, porque la mayoría no tiene acceso a la educación y a la cultura. Así por ejemplo, los culpables de la crisis económica y ambiental, no son los arpías financieros y las elites derrochadoras, son los pobres que no se mueren con suficientemente rapidez. Quizás por eso la frase de Daniel Finkelstein sobre la adolescente más recordada del holocausto: “La opinión mundial no salvó la vida de Anna Frank, aunque hoy el mundo entero llore por ella”.