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“EL NUEVO DIARIO0” es una marca de la oferta de un servicio de información. El cliente puede verse atraído por la foto de portada (aunque las fotos de los políticos no son particularmente llamativas, tal vez lo serían si se los mostrara con una mano por delante y otra por detrás, cuando reciben el cargo, y con las manos en alto cuando lo dejan) o por los avisos clasificados de ofertas, empleos y citas. O también se compra un periódico, como decía Tolstoi en “¿Qué es el arte?”, porque la mayor parte de sus páginas es “arte” del entretenimiento (espectáculos, ceremonias, competencias deportivas, teatro, etc.).

El lector aficionado puede adquirir el END porque trae algo de información; del mismo modo que el fumador compra una marca de cigarrillos, porque su producto tiene algo de tabaco, y él es adicto a esa marca por la calidad de sus aditivos. Después de todo, las marcas garantizan un porcentaje de determinado contenido, como la marca de un chocolate que puede tener un ingrediente llamado cacao hasta en un 5%, lo demás son sucedáneos.

Un diario no es sólo información, también puede contener distracción ideológica o lo que se llama propaganda. Lo que identifica al lector con una marca de un medio de información, más que la información son los ingredientes, los aditivos y sucedáneos de la información, la propaganda ideológica. Y es lo que interesa al grupo económico o grupo de presión representado por esa marca periodística. De ahí viene que sea fundamental para un diario comercial tener un proyecto no sólo político-ideológico sino político-económico.

Pero entonces, para trabajar en la distracción ideológica de la información y la propaganda política, un periódico debe formar opinión pública. Y aquí viene una contradicción aparente: para formar opinión pública, el medio no debe identificarse abiertamente con un partido (digamos que no debe de ser confesional, porque un periódico doctrinario sólo tiene sentido para unos fieles o lectores cautivos, los que no necesitan ser persuadidos); debe dejar espacios de debate y cultivar la discusión ideológica con la aparente imparcialidad y pluralidad de la información.

De esta manera, los objetivos explícitos de un medio periodístico no pueden ser los mismos de la propaganda militante de un partido político; porque el lector no alineado con ese partido retira su aceptación, el primer valor de cambio de un medio de prensa, dar y recibir confianza. Ya el grupo económico o grupo de presión se cuida de asignar distintas funciones al partido político y a su medio de prensa y propaganda (la mujer del César sabe guardar las apariencias), la formación de opinión pública. Es lo que se observa en los grandes diarios.

El problema que tengo como lector con END es que no encuentro reflejado en sus páginas un interés de grupo económico o grupo de presión representado en su línea editorial. Sólo veo el “maquillaje” de una ideología del “hombre nuevo”, más bien de un socialcristianismo (algo he escrito en estas páginas sobre este populismo); y quizá por ese arcaísmo, que tiene cabida en un sector de la generación de políticos y periodistas de los ochenta, los enunciados de los objetivos de la redacción de END parecen los de un partido político. Como si la redacción pusiera por delante una ideología corporativa antes que los intereses político-económicos de un grupo de presión. De hecho, sus redactores manifiestan por activa y pasiva su militancia.

END se fundó en el momento en que La Prensa (en adelante LP) se salió del proyecto de sociedad agraria estamental del Gobierno de Reconstrucción. A continuación, END cayó en la confrontación con Barricada (órgano partidario del directorio del Estado), y pasó a representar un bando de la Asamblea Sandinista y de los ministerios que entraban en lucha con las movilizaciones de las organizaciones de masas y los comités de base de la DN. Fue paradigmático el conflicto y derrota del Ministerio de Cultura con la ASTC, y el papel que desempeñaron los suplementos Nuevo Amanecer y Ventana, de ambos diarios. Y así lo reconocen en la publicación de 30 aniversario: “una revolución que se nos iba de entre las manos”. Para mí que el fundador Xavier Chamorro Cardenal y quienes lo siguieron fueron hijos de su tiempo y, por sus condicionamientos socio-políticos, difícilmente podrían no someterse a las tensiones y tendencias del momento.

Esos tiempos han pasado. Sin embargo, desde hace treinta años, END continúa siendo un diario de oposición victimista sin representar una alternativa política viable de un grupo económico, de un grupo de presión o de una intelectualidad moderna. Pero hay una generación que en estos momentos va sobre los cuarenta años, a la que la generación de los políticos de los ochenta está haciendo de tapón. Esta generación del 2000 que tiene unas características nuevas, desconocidas en la generación de los ochenta, podría ser atendidas por END dando vocería a ese grupo de presión.

La generación de políticos y periodistas de los 80, que crecieron bajo el alero de La Prensa Literaria del conservador Pablo Antonio Cuadra y del socialcristianismo de LP de Pedro Joaquín Chamorro, muchos de ellos no tuvieron formación académica superior. Y otro porcentaje importante, aquellos que no son poetas o narradores, son abogados sin ejercer o sólo con alguna experiencia administrativa en Educación. En cambio, la generación de directivos profesionales y empresarios ejecutivos del 2000, ya entrados en su madurez, cuentan con formación académica superior en prácticamente todas las especialidades universitarias, y tienen una mentalidad moderna alejada de los tradicionalismos. Para esta generación del 2000 urge la renovación de los partidos políticos, y que los medios de formación de opinión pública no caigan en el populismo socialcristiano.

Aunque los medios de prensa de opinión en todo el mundo son de minorías, en Nicaragua hay suficientes lectores que sostienen a END, y gran parte de ellos son de la nueva intelectualidad nicaragüense. La marca END bien puede ofrecerles un servicio pluriclasista, pero siempre para un lector instruido de mentalidad moderna (no un fiel creyente minorizado en su inteligencia); y en un país multiétnico, también cabe un servicio de información pluricultural (así superaríamos mucha ignorancia, como la demostrada recientemente sobre la cultura de la mayoría de la población de Managua para dar sus direcciones, algo que todo extranjero tiene que aprender en cualquier ciudad o contratar un taxi).

Un servicio de información plural significa no escribir solamente por y para la generación de los ochenta, que nada más saben expresarse reduciendo el presente a claves de somocismo y sandinismo, y las “paralelas históricas”. Al fin de cuentas, a un ciudadano de cuarenta años le parece que todo eso forma un solo sancocho, que el chamorrismo y el somocismo fueron dos caras de la misma moneda; que vistas las personalidades políticas de esa generación, probablemente la forma “aventurera” cómo se luchó contra la dictadura no fue la más inteligente; y que la situación presente poco tiene que ver con la leyenda heroica, sabiendo que toda heroicidad es relativa puestas sus coordenadas y circunstancias bajo diferentes perspectivas. El presente necesita de otras mentes.

Lo mejor que se puede decir de END es reconocer el pluralismo de su página de opinión, pero la sección de opinión contrasta con una redacción unilateral de abierta confrontación y deslegitimación de los adversarios. Seamos optimistas, confiemos en que la apertura ideológica en END ayude a superar los fundamentalismos, la intolerancia y la negación destructiva de los oponentes ideológicos. Una empresa periodística no es un partido de objetivos políticos, y los lectores de END necesitan que el trabajo de sus periodistas sirva a la formación de una opinión pública ilustrada, plural. Y la generación joven, ajena a los fantasmas y las categorías políticas del pasado, necesita el debate de nuevas ideas para analizar el presente con la mirada puesta en el futuro.


Quiero pensar que Xavier Chamorro Cardenal habría comprendido estas razones.

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