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No recuerdo la fecha, pero fue poco después de 1990 cuando el Centro Nicaragüense de Defensa de los Derechos Humanos (Cenidh) recibió una denuncia de alguien de la derecha. El Cenidh comprobó que se habían violentado algunos de los derechos humanos de esa persona, y lo defendió. Viniendo de un organismo presidido por la Dra. Vilma Núñez de Escorcia, aquello me impresionó notablemente, acostumbrado como estaba a la unilateralidad, a transitar por una vía de un sólo carril.

El Cenidh me dio una lección, aunque a algunos les parezca una inocentada: los derechos humanos son para todas las personas, de izquierda, derecha, centro o cualquiera de los extremos. Entonces la imagen de este organismo se agigantó ante mí, y, sobre todo, me infundió la placentera certeza de que todos los nicaragüenses podríamos ser defendidos por él. Me transmitió confianza y seguridad.

En cambio, lo que me ha trasladado el actual gobierno del Frente, es inversamente proporcional a esa sensación que me produjo el Cenidh en ese entonces, es decir, me parece que, por ejemplo, el sistema judicial no está para defender a todos los nicaragüenses independientemente de su peso económico, color o creencia, sino que está exclusivamente al servicio del partido en el poder.

De ahí que no sorprenda cómo se han ido agudizando las contradicciones entre el Cenidh y el gobierno, pues éste, en su afán autoritario, pasa encima de las leyes, e incluso de la Constitución Política de la República, y atropella derechos humanos de las personas; y aquel, firmemente anclado en la defensa de estos derechos, debe multiplicar su quehacer ante las cada vez más frecuentes violaciones que le reportan los ciudadanos.

Recuerdo como hoy la campaña denigratoria del noticiero Multinoticias (Canal 4 de la familia Ortega-Murillo) en contra de la Dra. Vilma Núñez de Escorcia. La presentaron como una somocista. El periodista, un joven colega mío, seguramente ignoraba quién era la mujer a la que estaba atacando con tanta soltura y encono, cumpliendo una orden partidaria. Si hubiera sabido quién era ella, quizás no lo hubiera hecho, o por lo menos se habría sentido avergonzado.

El propagandista oficialista le llamó somocista una y otra vez a la Dra. Núñez, tratando de desacreditarla ante la opinión pública, sin saber que durante la dictadura de la familia Somoza, esa mujer fue defensora de reos militantes del FSLN, lo cual significaba un gran peligro en aquel entonces. El Dr. Aquiles Centeno Pérez, padre de la actual magistrada, Yadira Centeno, fue otro de los caracterizados abogados defensores de prisioneros sandinistas.

No sabía el propagandista de Multinoticias que la Dra. Núñez, además, expuso su hogar al aceptar que fuese casa de seguridad donde se alojaron y se reunieron varios de los dirigentes históricos del FSLN. Tampoco sabía el colega que esta mujer y su esposo fueron capturados por la dictadura y sometidos a crueles torturas en sus terribles ergástulas. A esta valiente mujer, ese muchacho le dijo bascosidades, en una exhibición descarnada de lo malsano que es estar al servicio de gente que no respeta a quienes no piensan como ella, que no es tolerante, que desprecia la crítica y que considera enemigo a quienes no se le subordinen.

Ante la amenaza permanente que un régimen autoritario representa, el Cenidh se yergue como un verdadero defensor de los nicaragüenses, independientemente de sus convicciones. Aunque nadie quisiera verse en situaciones apremiantes (golpeado, intimidado, amenazado o encarcelado) es tranquilizador saber que en momentos extremos se puede contar con alguien, con una organización que ha logrado desarrollar una experticia en esta área y que garantiza un acompañamiento adecuado para que ningún ciudadano quede en el desamparo.

Recuerdo que cuando violentos estudiantes progubernamentales le sabotearon a Sergio Ramírez Mercado la presentación de uno de sus libros en la UNAN de León, y el Centro Nicaragüense de Escritores (CNE) emitió de inmediato un comunicado de protesta y de solidaridad con el escritor, me pregunté si los periodistas contamos verdaderamente con organizaciones gremiales que nos defiendan y protejan.

Por ejemplo, la Unión de Periodistas de Nicaragua (UPN) ha caído en un vergonzoso estado de sumisión ante la pareja presidencial, olvidando por completo que su rol debe ser defender los derechos de sus agremiados. El fanatismo partidario de sus directivos convirtió a la UPN en una vocería de la familia gobernante. No se podría esperar de ésta, nuestra organización gremial histórica, una defensa ante un atropello que suframos los periodistas.

Pero este tipo de comportamiento partidario de algunas organizaciones gremiales, agiganta la necesidad de genuinos defensores de los derechos humanos como el Cenidh, cuya presencia y actuar reconforta y hace sentir protegido a tanto nicaragüense que ha acudido a ella.

La rica experiencia que ha logrado acumular abona a que su actuar sea más eficiente y satisfactorio a favor de quienes son vulnerados, ya sea por el gobierno o por cualquier institución pública o privada, grupo de poder, empresa, ONG, etcétera. Por las razones anteriores, el veinte aniversario del CENIDH debe ser considerado por todos los nicaragüenses como un hecho histórico, importante y estratégico para nuestras vidas, y el futuro de este desventurado país.


*Editor de la Revista Medios y Mensajes
gocd56@hotmail.com

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