Jorge Eduardo Arellano
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Con esto del Consejo Militar del ALBA se me han venido ciertas ideas y relaciones y recuerdos a lo particular. Nadie quiere guerra, a como a nadie le gustaría pelear en riñas callejeras por diversión. En León hace un par de años, en un campo de béisbol, se armaba la discusión entre futbolistas y peloteros por el derecho al campo; nunca pasó de ahí, se arregló un horario. Empecé a participar en esas “perreras” de fútbol, donde como desconocido y de aspecto inofensivo me colaba siempre entre cualquiera de los dos equipos de balompié. Los primeros cuatro meses fueron duros, los juegos eran diario, los moretones, los pies se pusieron agrestes, incluso, e irónicamente, subí un poco de peso.

Con el paso del tiempo, los jugadores rudos y de carácter explosivo, que incluso jugaban en tercera división, botaban la gorra, porque aquella violencia que me habían aplicado no surtía efecto en mi persona. Y cuando me tocó aplicarles la misma medicina se pusieron muy enojados. Pero yo había aprendido de ellos y de nadie más. Por lo que de agresiones físicas me tuve que defender un par de veces, aún cuando algunos eran menores que yo, pero mayores de edad igual.

Mientras los amigos beisbolistas y viejos observaban la situación al otro lado del campo. Con tiempo, los futbolistas se cansaron de mi terca perseverancia, entonces dejaron de convocarme a los partidos, por lo que opté a la banca. Los beisbolistas, que observaban todo, y que son digamos “los más volátiles y reyes del campo”, armaron otro equipo de fútbol, al que sí fui convocado y empecé a jugar de nuevo, y la cosa se hizo divertida.

Con tiempo teníamos dos equipos de fútbol en el campo. Luego los beisbolistas retaban a los futbolistas a jugar el famoso balompié. Y ahí la cosa se puso pareja. “Tévez, corré”, me decían los beisbolistas. Y los niños descalzos y mal alimentados vociferaban a cualquiera: “Dale entenado, dale duro”. Muchísimas e incontables veces jugamos descalzos. Mientras mi familia preocupada por tanta juerga, y cambio de hábitat; porque la pasaba más en esa barriada que en la computadora.

Unas veces perdimos, otras ganamos. Luego, como para no pelear mucho, empecé a jugar béisbol, ahí no me discriminaron y lo irónico es que aquellos jóvenes futbolistas que me miraban como una espina en el pie; bajaron su cabeza, para poder jugar béisbol con los viejos peloteros. Sorpresivamente resultaron buenísimos jugando béisbol. Luego tuve que partir, y deje de jugar todos los días por falta de tiempo.

En Nicaragua desafortunadamente las cosas no funcionan a la velocidad que uno quisiera. No es así no más que se va dar un ejército Latinoamericano; es decir la idea es legítima, pero con la derecha lloriqueando por todo la cosa es difícil. Los intereses económicos de la derecha no le permiten apoyar este tipo de iniciativa. La derecha no está a favor de la unidad latinoamericana. No es que vamos a entrar en una guerra con Colombia, pero derecho que no se defiende, es derecho que se pierde; sin hablar del sabor amargo que quedaría entre la soberanía de los nicaragüenses. Ahí quiero ver al MRS, a la Coordinadora Civil y a los demás, defendamos nuestro derecho; pero lo único que hacen es comportarse como dinosaurios. Mañana será el río San Juan, y pasado mañana Granada.

No hay que desechar cualquier tipo de ayuda que nos permita mantener nuestra soberanía a flote. Siempre existen canales diplomáticos para resolver los conflictos, siempre está el dialogo, siempre está la actitud de cristiano. Pero lo que es nuestro por derecho, nadie lo puede quitar. Dios quiera nunca se dispare un fusil por parte de nuestros soldados; pero igual Dios quiera que ese fusil en cualquier circunstancia de justicia esté bien aceitadito y presto al combate. Sino de plano vendamos todo el ejército y volvámoslos boyscouts.


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