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Comandos de marina israelíes lanzaron el día lunes 31 de mayo un asalto sangriento contra una flotilla humanitaria internacional que se dirigía a Gaza, lo cual es calificado como terrorismo de Estado. Al actuar de esa forma es repetir los mismos errores de siempre, es caer en el sistema de represalias sangrientas aplicado por Israel en Palestina, es jugar con fuego cerca de un polvorín con consecuencias desconocidas para la paz.

El asalto israelí fue contra una flotilla de seis barcos que querían forzar el bloqueo impuesto por Israel desde junio de 2007 en la franja de Gaza, donde viven millón y medio de palestinos. Esta agresión ha causado una conmoción internacional y sumió a Israel en una profunda crisis diplomática.

Los tripulantes acusaron a los comandos israelíes de haber disparado sin justificación. Turquía, que tiene muchos ciudadanos entre las víctimas, acusó a Israel de haber cometido un acto de “terrorismo de Estado” y llamó a su embajador en Tel Aviv.

El canciller turco Ahmet Davutoglu, dijo en la ONU, que Israel “perdió toda legitimidad internacional”. “Esto es homicidio cometido por un Estado”, agregó Davutoglu durante la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU convocada de emergencia para examinar la situación tras el ataque israelí.

Fue una violencia sin precedentes, la que aplicaron las autoridades israelíes, no les importó la vida de los rehenes. Este terrorismo de Estado, significa una ruptura entre quienes lo ejercen y quienes sufren sus consecuencias. Desatar una guerra sin cuartel contra los palestinos es responder al terrorismo contestario con terrorismo de Estado; es continuar la escalada de la violencia y poner en marcha un genocidio, es tratar de solucionar un problema por medio del exterminio de un pueblo, es repetir sin cesar la historia, es volver al pasado.

Los palestinos que viven en Gaza sufren de los peores atropellos imaginables, a diario para trabajar tienen que pasar por odiosos puestos de control militar en donde son registrados, insultados, tratados a patadas, requisados, rechazados. El agua es racionada al antojo de los israelíes, las casas demolidas sin previo aviso y los ocupantes lanzados a la calle para construir nuevos asentamientos judíos, la comida racionada, los hospitales carecen de medicinas, los habitantes palestinos son vigilados, reprimidos y asesinados a la hora que se le da la gana a los israelíes.

El atacar y matar a gente que lleva ayuda humanitaria es propio de salvajes, lo que ha provocado la reacción internacional de muchos países que la consideraron “desproporcionada” o “inaceptable” y convocaron a los embajadores del Estado hebreo. El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, dijo en Chile que Turquía “no se quedará en silencio y con los brazos cruzados ante este inhumano terrorismo de Estado”.

También Erdogan declaró que este ataque prueba “el terror de un Estado inadecuado al derecho internacional” y muestra que Israel “no quiere la paz en la región”. “Estas posturas amenazan la paz en la región”, recalcó el primer ministro de Turquía.

Por su parte, el gobierno de Nicaragua condena el criminal asalto llevado a cabo por el gobierno de Israel contra la “Flotilla de la Libertad”, compuesta por activistas humanitarios desarmados que iban en camino a Gaza con una misión humanitaria, para llevar asistencia a los pobladores palestinos y árabes que viven bajo el bloqueo de su territorio”.

El abordaje sangriento israelí está complicando los esfuerzos de paz en Medio Oriente, profundizando el aislamiento internacional de Israel y amenazando con destruir los vínculos del estado judío con su crucial aliado (Turquía). Israel esperaba defender su intenso bloqueo a Gaza con su ataque del lunes 31 de mayo en alta mar, pero en lugar de ello parece estar acelerando la defunción del embargo, a juzgar por la condena internacional.

Scott Atran, un analista de la Universidad de Michigan, expresó: “El ataque contra una misión humanitaria sólo distanciará más a la comunidad internacional y aislará a Israel”. Asaltar una embarcación consciente de los donativos de contenido humanitario en aguas internacionales, no es un acto de defensa, es un asalto terrorista y desafiante de la opinión de la comunidad internacional.

El baño de sangre en el Mediterráneo dio otro golpe a los esfuerzos del gobierno del presidente estadounidense Barack Obama para reanudar las negociaciones de paz, y plantear nuevos cuestionamientos sobre uno de los pilares de la política de Estados Unidos. El ataque puso a prueba las relaciones israelí-estadounidenses, las cuales aún no se han recuperado del todo de su peor disputa en décadas, provocada por los planes de construcción de Israel en el disputado Jerusalén oriental.

En una declaración leída por su presidente durante este mes, el embajador mexicano Claude Heller pidió la inmediata liberación de las embarcaciones y de las personas detenidas por Israel. Lo instó, además, a facilitar la entrega en Gaza de la ayuda humanitaria que transporta la flotilla. “El Consejo de Seguridad… llama a una investigación rápida, imparcial, creíble y transparente conforme a los estándares internacionales”. La declaración agrega que la situación en Gaza es insostenible, y reitera la necesidad de que exista un flujo regular de bienes y personas a la Franja, así como la provisión y distribución de asistencia.

La única defensa sólida y duradera es un esfuerzo serio para encontrar soluciones políticas a los conflictos ideológicos, religiosos, económicos y sociales, que tienen mucho tiempo de existir al interior de los países del medio oriente.


*Diplomático, jurista y politólogo.