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Por ahora, todos somos palestinos.

Barak Obama, como Nobel de la Paz, debió ir en misión humanitaria en el barco de bandera turca, Mavi Mármara”, como activista a favor de la paz, integrando la flotilla de la libertad, atacada el lunes 31 de mayo por las fuerzas militares de Israel cuando se disponía a romper el cerco israelí sobre Gaza. En cambio, como presidente de EU, Obama afirma que es “prematuro” condenar a Israel por el ataque militar que asesinó a nueve e hirió a treinta de los setecientos activistas pacifistas, que en seis barcos llevaban ayuda humanitaria a Gaza.

¿A qué sirve un Nobel de la paz, si el laureado no hace nada para asistir, por lo menos, compasivamente, a un pueblo sometido al bloqueo delictivo de una fuerza invasora? Es un extraño caso psicológico en el que el realismo del poder hace fracasar el intento de transformar al presidente de un imperio en un laureado Nobel de la Paz, no por un brebaje, sino, por obra del parlamento de Noruega. De modo que la metamorfosis de Obama no llega a encarnarse físicamente en actos humanitarios, sino que resta en la esfera superficial de una simple ceremonia cortesana.

En el mundo entero han surgido de inmediato manifestaciones de rechazo al ataque de Israel contra la flotilla de la libertad (calificado por el derecho internacional como crimen de guerra), y se intensifica el reclamo urgente para que cese el bloqueo ilegal e inhumano contra el pueblo palestino en Gaza.

A lo largo de los últimos años se ha gestado en Israel un movimiento de objetores de conciencia, llamados refuseniks, que están a favor de la coexistencia y de la cooperación entre los dos pueblos. Durante la invasión al Líbano, en 1982, un jefe de la brigada de tanques israelíes rehusó atacar las ciudades árabes luego de observar niños por los prismáticos. 27 pilotos de Israel se negaron a realizar misiones donde pudiera haber víctimas civiles. Durante el juicio a que fueron sometidos, explicaron: “Esta no es nuestra guerra. Nosotros rechazamos tomar parte en ataques contra centros de población civil”. Y demandaron al ejército por la forma que enfrenta la revuelta palestina por su independencia.

En ese mismo orden, las organizaciones feministas de Israel han formado una coalición de organismos que propician la convivencia con el pueblo palestino. El movimiento de las “Mujeres de negro”, creado en 1987, por activistas como Hagar Roubless, alzan una mano negra en las rotondas de Jerusalén (en señal de duelo), con el lema “alto a la ocupación”. Bath Shalon (hija de la paz) es otra organización que se pronuncia por la paz. El profesor Jeff Harper, dirige el Comité contra las demoliciones y contra la destrucción de campos de cultivo, y pide que cesen las expropiaciones de territorio a los palestinos bajo el pretexto de crear franjas de seguridad.

¿Qué cabría investigar, de parte de Obama, ante la estupidez de este asesinato cobarde por parte del ejército israelí, si el bloqueo mismo que practica Israel, por aire, mar y tierra contra la franja de Gaza, violenta la conciencia internacional y contraviene las disposiciones de condena de las Naciones Unidas?
Según el testamento del propio Nobel, este premio de la paz se otorga “a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz”.

El Nobel no hace más que perder prestigio con la actitud de Obama, quien parece haber recibido la medalla por la paz y la hermandad humana como si se tratara de una lisonja insulsa al poder del presidente de los EU.

Hoy es necesario enaltecer el símbolo de figuras combativas, bajo cuyo nombre nadie pueda ignorar que el compromiso personal con el sentido humanitario debe ir unido a un inmenso coraje y dignidad consecuente, como es el caso de Rachel Corrie, con cuyo nombre se ha bautizado al séptimo buque de la flotilla de la libertad rumbo a Gaza (que en la mañana del sábado, a las 09:40 GMT, ha sido abordado abusivamente en aguas internacionales por el ejército israelí y conducido a la fuerza al puerto militar de Ashdod, en el sur de Israel, donde ilegalmente se requisa su carga).

Rachel Corrie es hoy un símbolo del rechazo mundial al bloqueo inhumano que hace Israel al pueblo palestino. Ella era una activista norteamericana del International Solidarity Movement (ISM), que había estudiado los métodos de no-violencia activa de Mahatma Gandhi. Así, en marzo de 2003, armada de un megáfono y endosando una chaqueta fluorescente color naranja, con franjas reflectivas, para evitar el riesgo de no ser percibida como activista por el ejército israelí (de acuerdo al entrenamiento recibido), se puso como escudo humano frente a un buldócer blindado del ejército israelí, a fin de impedir que derribaran las casas de los palestinos.

El buldócer, un Caterpillar D9R, de la IDF, descargó sobre Rachel una palada de escombros mientras ella caía de la pila de cascajos en la que estaba de rodillas agitando sus brazos. Luego, el buldócer la volteó con la pala y continuó su marcha por diez metros encima del cuerpo de la joven activista de 23 años, hasta dejarla debajo de la sección central de la excavadora. Después, el buldócer retrocedió y en menos de seis segundos en total terminó de aplastar a Rachel con la hoja de la pala mecánica. La autopsia revela que Rachel murió por hemorragia interna del pulmón y por asfixia, con el tórax partido por presión mecánica, las vertebras de la columna despedazadas y las escápulas rotas.

La actual acción criminal del ejército israelí en contra del convoy humanitario de ayuda al pueblo palestino - confinado por el gobierno de Israel en la franja de Gaza -, no puede ser analizada fuera del contexto de invasión colonial a Palestina que supone la formación del Estado hebreo.

La constitución de un Estado en Israel ha sido concebida como excluyente a la integración multicultural. Tiene, por lo tanto, una connotación racista y religiosa, más que nacionalista. Por lo que en el envés de la ideología sionista se produce, necesariamente, la diáspora del pueblo palestino, y diez millones de personas se ven dispersas fuera de su territorio (en el cual, según los estudios genéticos, los palestinos han permanecido desde el período prehistórico).

En un sentido más amplio, debemos constatar que mientras la estrategia política de dominación mundial de los EU asigne a Israel la misión de convertirse, en la zona de Medio Oriente, en la cuarta potencia militar del mundo, no se podrá lograr que en Palestina se integren estos dos pueblos, con distinta cultura, en un mismo Estado, en una relación de convivencia y cooperación recíproca (como lo desean los sectores progresistas de ambas comunidades).

La alianza de EU con Israel se basa en la política imperial. Entonces, la lucha de la humanidad y del pueblo palestino en contra del bloqueo y de la segregación racial, deberá tomar como consigna el lema progresista de unidad de las primeras trece provincias de EU, “e pluribus, unum” (entre varios, uno), para derrotar la política opresiva de los halcones de Washington y Jerusalén, a fin de formar en Palestina un solo Estado, donde dos pueblos convivan en paz en una nación multicultural.


*Ingeniero Eléctrico