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La dignidad de la persona es base fundamental de los derechos humanos. Tiene que ver con el pleno desarrollo del ser humano, de su personalidad y de sus potencialidades. La dignidad pasa porque cada uno de nosotros tengamos, efectivamente, Libertad, pero no la de un eslogan que adjudica a Nicaragua como “libre”. Siempre me he preguntado ¿libre de qué?, pues en los últimos tres años, la esperanza que muchos teníamos de ejercer con más libertad nuestros derechos, hemos visto cómo poco a poco, en algunos casos, y de manera directa en otros, se nos ha limitado esa libertad. Por ejemplo, el derecho a opinar ideológicamente diferente a las autoridades de un centro público hospitalario, hoy, más que en otros gobiernos, es un delito perseguido, que causa zozobra en el personal de salud.

Veo cómo varios/as de mis colegas con mucha “prudencia” se refieren a la forma en que el ministerio de salud sanciona a los/as médicos/as, no están de acuerdo con la manera parcial de esas auditorías, que solo inculpan al médico; pero son extremadamente prudentes, pues una opinión pública contraria podría terminar en despido o en alguna forma de persecución y hostigamiento laboral con el objetivo de que el médico renuncie; pero se impone muchas veces la necesidad, vista como la carencia de las cosas que son menester para la conservación de la vida. Todos necesitamos un trabajo para mantener a nuestras familias, en estos momentos no podemos darnos el lujo de perder un trabajo, hay deudas que pagar, hijos que mantener, pagos de luz, agua, teléfono…, y tantas responsabilidades que hay que cubrir. Y esa arma de la necesidad es utilizada por los que tiene el poder en los hospitales y centros de salud, visto con enfoque de género, en la relación de poder de las autoridades y los trabajadores de salud, las autoridades que tienen el poder ejercen violencia, mencionada como violencia laboral; esta violencia es tal, que muchos de los trabajadores de salud, médicos, enfermeras, si les preguntáramos qué derechos se les violentan, es posible que digan que ninguno, porque no se dan cuenta de los derechos que tienen.

Me gusta el ejemplo del General Augusto C. Sandino, según canciones de cantautores nicaragüenses, prefirió que lo llamaran “Bandolero por mirar al sol de frente”, “quería tanto a su pueblo no quería ser presidente”, prefirió que le dijeran “bandido en los banquetes y Sandino no tenía propiedades”, percibo que Sandino eligió la dignidad a la necesidad, no es fácil, y al ponernos cada quien en los zapatos del otro, nos daríamos cuenta de que la elección dignidad vs. necesidad no es fácil,.......yo me apunto por la dignidad.


*Ginecólogo Obstetra Máster en Salud Pública