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Australia, llamada Nueva Holanda por los holandeses en el siglo XVIII, fue explorada por el capitán James Coock en 1770 y colonizada por navegantes neerlandeses e ingleses en 1788. Sus primeros pobladores se denominaron australoides y sus huellas datan unos cuarenta mil años. Es un continente-nación que se distingue por su aislamiento geográfico y por su flora y su fauna únicas, gracias precisamente a ese aislamiento, como el canguro, marsupial herbívoro de la familia macropodidae.

La palabra canguro

Cuando los exploradores llegaron a Australia y preguntaron asombrados a los pacíficos indígenas del estado de Queensland por el nombre de aquel animal que daba saltos enormes, uno de los nativos respondió en su lengua: kan ghu ru, con lo que quiso decir “no le entiendo lo que me está preguntando”. Los extranjeros, creyendo entonces que ese era el nombre del marsupial, adoptaron el término inglés kangaroo. Rosenblat afirma que este idioma lo tomó primero en sus formas kanguru y kangooroo (ya registradas en 1770) y posteriormente en inglés moderno kangaroo. En nuestro idioma se adaptó gráficamente como lo empleamos en la actualidad: canguro.

Orígenes curiosos de las palabras

Como el marsupial australiano, muchas palabras de nuestro idioma tienen un origen apasionante, sorprendente o curioso. Algunas de ellas tienen como progenitor a un físico (voltio), un botánico (magnolia), un funcionario gubernamental (silueta), un ingeniero (macadán), la estatua de un gladiador romano (pasquín), un seudónimo (esperanto), un comediante (chovinismo), una divinidad (ojalá), una constelación (pléyade), el dios del amor (erótico), un personaje mitológico (anfitrión), un gnomo (cobalto), una hija del dios de la Medicina (panacea), un millonario descendiente de reyes (mecenas), un embajador francés (nicotina), un juez (linchamiento), un inventor (saxofón), un animal fabuloso (quimera), un personaje de una obra (mefistofélico), un autor (dantesco), una ciudad (burgués). Veámoslo con más detenimiento.

Figuras mitológicas y legendarias

El animal fabuloso de la mitología grecorromana, mezcla de cabra y león, muerto por Belerofonte con la ayuda del caballo alado Pegaso, se llama quimera, término que se introdujo como tal en nuestra lengua en 1438 como “aquello que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo”.

De Eros, dios del amor para los griegos (Cupido para los romanos), deriva el adjetivo erótico, que se refiere al amor sensual. Amatorio o amoroso, cuando se refiere a obras literarias, como la poesía. La Academia incluye una acepción poco conocida: “Atracción muy intensa, semejante a la sexual, que siente hacia el dinero, el poder o la fama”.

Anfitrión fue un personaje de la mitología griega. La leyenda refiere que mientras nuestro personaje luchaba contra sus enemigos en la isla de Tafos, Zeus (Júpiter para los romanos) —transformado en la figura de Anfitrión— engañó a Alcmena, su esposa, de cuya relación nació Hércules. En nuestro idioma, anfitrión se incorporó con el significado de la persona que atiende a sus invitados a su casa, aunque no como fue recibido Zeus en la casa de nuestro personaje.

Muchas personas, al automedicarse, llegan a emplear un mismo remedio (la aspirina, por ejemplo) como cura para cualquier mal del que adolecen, una práctica heredada de los antiguos alquimistas, quienes buscaban un fármaco para sanar todos los padecimientos corporales. En este caso se dice que utilizan la aspirina como panacea, término utilizado para referirse al medicamento eficaz para curar diversas enfermedades.

El vocablo se emplea, también para designar aquello que soluciona todas las dificultades, como cuando un político presenta su plan de gobierno como panacea para resolver todos los problemas y desgracias que aquejan a un país. Esta “mágica” palabra procede de la hermana de Higia, Panacea (del gr. pan todo y akos remedio), hija de Asclepio (Esculapio para los romanos), dios de la Medicina y nieta de Apolo, médico. En el antiguo juramento hipocrático, que data del siglo V antes de Cristo, figuran estos cuatro personajes: “Juro por Apolo médico y por Asclepio y por Higía y por Panacea y todos los dioses y diosas, poniéndoles por testigos, que cumpliré, según mi capacidad y mi criterio, este juramento (...)”.

Continentes, ciudades y pueblos

Una de las versiones del origen del nombre de Europa es de índole mitológica: Zeus, transformado en toro, raptó a Europa, una hermosa ninfa, y la llevó al lugar donde actualmente es el continente del mismo nombre. De América se dice, por una parte y con mucha fuerza, que su nombre proviene del marino y cosmógrafo florentino Américo Vespucio (1454-1512), y por otra, aunque menos, de Amerrisque, la cordillera chontaleña.

Algunas ciudades como Roma, por ejemplo, llevan el nombre de su fundador legendario, Rómulo. Pero otras, deben su nombre a personajes de la historia como Alejandría (Alejandro Magno, su fundador en 331 a. C.); Pompeya (Pompeyo Magno, general romano, derrotado en Farsalia en el 48 a. C.); Colombia (Cristóbal Colón: 1451-1506); San Petersburgo (Pedro I El Grande, zar de Rusia: 1672- 1725); Bolivia (Simón Bolívar: 1783-1830), etc.

Por otra parte, hay palabras, como burgués, que tienen su origen en el nombre de un sitio geográfico determinado, una ciudad o un pueblo. Burgués era el “habitante de los burgos” o ciudades pequeñas y amuralladas de la Edad Media. Varios países europeos incorporaron burgo a sus nombres, como el Ducado de Luxemburgo, y en Alemania las ciudades Mecklenburgo Hamburgo, Magdeburgo y Brandeburgo. (En mi reciente visita a Berlín, pude apreciar la famosa puerta de Brandeburgo, construida en 1791 siguiendo el modelo de la puerta de acceso a la Acrópolis de Atenas; tras la caída del Muro de Berlín en 1989, la Puerta de Brandeburgo se constituyó en el símbolo de la reunificación de Alemania). Pero hay otras ciudades europeas como Gotemburgo en Suecia, Salzburgo en Austria, Edimburgo en Escocia, Estrasburgo en Francia y San Petersburgo en Rusia. En África está Johannesburgo, la ciudad más grande y poblada de Sudáfrica y el principal centro económico y financiero. Actualmente, es la sede de los Juegos de la Copa Mundial del Fútbol 2010.

Un burgués era, en sus inicios, un ciudadano pobre, habitante de un barrio o arrabal (“burgo”). Posteriormente, los burgueses se dedicaron al comercio, acumularon riquezas y el término evolucionó semánticamente hacia un nuevo significado, según concepto acuñado por Marx en el siglo XIX: individuo perteneciente a la clase dominante del modo de producción capitalista. En la actualidad se habla de burgués para referirse al ciudadano de la clase media, es decir de las personas acomodadas. En sentido despectivo se dice de un individuo vulgar o mediocre. El Diccionario académico incluye también otra acepción: “Ciudadano de la clase media y dirigente acomodado que se caracteriza por un cierto conformismo social”.

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