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Hoy, en Sudamérica, releo otra nota periodística aterradora y superficial sobre crueles matanzas en México y pienso en Guadalajara, Ayutla de los Libres, San Luis Potosí y Oaxaca, al ritmo de la guelaguetza oaxaqueña, que desde el zapoteca nos invita a participar cooperando.

Ocurre, pero no es posible reducir el país de José Emilio Pacheco, autor de “Las Batallas en el Desierto” o a la tierra materna de Lila Downs, la cantante de “Border” a una problemática propiciada más al norte. México es el último país de paso de la droga y es otra víctima de ese negocio, gracias a que USA no sólo no controla su propio consumo, sino que ha propiciado su expansión lucrativa al bloquear la posibilidad de legalización del consumo en los países del Sur, al proteger en su territorio la venta legal de armas que llegan fácilmente a los narcotraficantes , y al trazar políticas excluyentes y discriminadoras hacia los pobladores latinoamericanos, como la ley SB1070 de Arizona y el proyecto de “solo inglés por razones de seguridad y eficiencia” en las empresas de Tennessee.

Todo eso, adornado a la par con discursos oficiales de moralidad hacia el resto del mundo que esconden su parte de responsabilidades en el recrudecimiento de las guerras contra países a partir de argumentos falsos, el mantenimiento de las guerras no oficiales dentro de países para sostener a sus aliados, la legitimación de la degradación ambiental en beneficio de las trasnacionales y su cuota importante en el empobrecimiento del Sur.

No hablo en el vacío ni desde fuentes secundarias. Éste fue mi cuarto viaje a ese país y una bella oportunidad la que disfruté –y sí que lo hice- al vivir desde adentro un poco del inmenso México. El trato en la vida cotidiana te habla de un país. Yo, acostumbrado a quejarme cuando es del caso, en esta ocasión no puedo dejar de reconocer con agrado lo que sí funciona. La buena respuesta en el consulado cuando tramité por primera vez una visa, la amabilidad del personal en el aeropuerto y las estaciones de buses, la atención tan especial en Aero-México y Mexicana…con personal latinoamericano y sin sonrisas falsas de revista, la apertura del ciudadano común en las calles, el calor humano que encontré en ese país de los abrazos. Todo fue muy diferente a la cara única que dejan ver las grandes cadenas de noticias, con escasos brillos de excepción.

Por todas partes sentí los deseos de compartir de los mexicanos… de dejarnos conocer sus culturas, sus alojamientos, sus pensamientos, sus sueños, sus proyectos… y el fútbol, acompañados o no de tequila, pulque, mezcal, claro con chapulines, el mole, un taco de memela y montón de comidas con chile, claro está. En un momento dado participé de un ritual sagrado: un temazcal que nos hizo reconocer que la honda espiritualidad ancestral sanadora, ligada íntimamente a la madre tierra, no se deja arrinconar tan fácilmente por las no-pro-puestas sino impuestas neoliberales.

Me rocé con comunidades eclesiales comprometidas con la vida y asediadas por algunos sectores de la jerarquía, Me encontré con colectivos de mujeres que luchan por el derecho a la salud y a la alimentación, conversé con organizaciones que atienden barrios periféricos, leí cuentos a grupos de niños y niñas y ellos me contaron otros, conocí tareas de colectivos que apoyan la labor de educadoras/es de primaria desde la palabra generadora (Paulo Freire), estuve con colectivos que se mueven desde lo lúdico con niños y niñas y de hecho también jugué. Caminamos alguna noche entre una teatrera y un cuentacuentos que llevan su maleta lista y otra conocí de la terapia teta (letra griega) basada en el amor incondicional. Discutimos sobre formas de protagonismo y espacios de acción desde una visión de comunidad entendida como conjunto de dinámicas comunitarias y sus articulaciones, marcada sí por lo territorial, pero limitada menos por las fronteras políticas de Estado, de país. Estando allá, recibí la triste noticia de la muerte en Nicaragua de mi amigo Eduardo Báez, y no faltó el abrazo solidario, el hombro, el apapache necesario.

México es un país vivo, que siembra proyectos en el alma y la conciencia de los visitantes que están alertas. Hoy, estoy mucho más enamorado de nuestra frontera norte, y más orgulloso de ser latinoamericano. Me fui para el norte… y quiero volver… ¡a México!

*Docente universitario